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Buenos Aires

La Santa Casa de Ejercicios Espirituales: tranquilidad colonial en medio del vértigo de Constitución

Florencia Gagliardi
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11 de enero de 2019  • 11:43

A pocos metros de la avenida 9 de Julio, en la manzana que rodean la avenida Independencia y las calles Estados Unidos, Lima y Salta, se levanta una de las construcciones más antiguas que sobreviven en la Ciudad: la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, fundada hace 223 años por la beata María Antonia de Paz y Figueroa.

Detrás de las paredes austeras de color blanco con ventanas, rejas y faroles coloniales, el edificio es un misterio para quienes transitan a diario por la zona. Aunque a su alrededor el bullicio es constante, en el interior de la casa no se oye demasiado. Quizás son los viejos muros de ladrillo cocido los que contienen el ruido del exterior. Atrás queda el trajín de los autos que se detienen a cargar combustible en la estación de servicio que da a la calle Lima, o el paso apurado de los usuarios de la línea de subte E. Puertas para adentro el ambiente es apacible.

El aljibe de la casa
El aljibe de la casa Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

La casa fue declarada Monumento Histórico Nacional el 21 de mayo de 1942 y aún conserva en sus salones, claustros y patios la memoria de una época. La construcción comenzó, gracias a la donación de terrenos de familias que cedieron las escrituras de la manzana, a fines del siglo XVIII por obra del arquitecto Juan Campos y quedó inaugurada el 7 de abril de 1795.

El edificio se divide en el Beaterio, la Casa de Ejercicios y la Casa del Capellán y fue realizado con ladrillo cocido y cal traída de las Barrancas de Belgrano, lo que permitió que sus paredes de un metro de espesor permanezcan intactas. Se trata de la construcción más colonial que se mantiene en pie en la Ciudad y que por su carácter histórico no puede ser modificada, salvo que se trate de restauraciones que mantengan los planos originales.

Un espacio de tranquilidad
Un espacio de tranquilidad Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

Hasta hace algunos años las fachadas se veían vandalizadas con pintadas y no se podía caminar por la vereda de Independencia debido a que eran muy angosta. Solo podía pasar una persona a la vez, e incluso la vereda tenía un guardarail que la separaba de la calle. Tras una restauración a fines de 2016, se pintaron y arreglaron todos los muros y se ensancharon las veredas de Independencia y Salta. Incluso se colocaron luces en el piso para resaltar el edificio de noche.

Camila Piris Machado, la arquitecta especialista en Conservación y Preservación del Patrimonio que dirigió la obra de puesta en valor explicó a LA NACION: "Una de las intervenciones fue el ensanche de la vereda, que estaba desvinculada del tejido urbano. Así se incorporó al peatón a la circulación de la manzana". Además de restaurar las paredes también se colocaron baldosas y se dejaron los bordes originales de las veredas de la época colonial. También se incorporaron luminarias y se renovaron los solados.

Una estatua de la fundadora de la casa
Una estatua de la fundadora de la casa Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

LA ESTRUCTURA COLONIAL

Con una estructura que se parece a las construcciones medievales de España, los muros son amplios, hay pocas ventanas al exterior, las puertas son de algarrobo, los techos de tirante y los herrajes, originales. Al recorrer los pasillos o claustros aparecen a la vista faroles coloniales de tres caras, los mismos que Juan José de Vértiz colocó sobre la calle Florida, una de las obras por la cual lo llamaron "el Virrey de las Luminarias".

"La parte histórica es tan rica que sobrepasa cualquier relato anecdótico", sostuvo durante una recorrida la historiadora Graciela Ojeda de Río, encargada desde hace años de las visitas guiadas que se realizan el primer domingo de cada mes y quien fue además nombrada por el Papa Francisco -en aquel entonces arzobispo de la ciudad de Buenos Aires- como parte de la comisión de peritos históricos en la causa de beatificación de su fundadora, el 27 de agosto de 2016 en Santiago del Estero.

Imágenes en el interior de la casa
Imágenes en el interior de la casa Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

El Salón de las Américas es el lugar donde solían reunirse grupos de mujeres que consideraban a la fundadora "Patrona de las Mujeres Empresarias Argentinas". A un costado de la sala todavía se encuentra un viejo piano con candelabros que perteneció a Manuelita, la hija de Juan Manuel de Rosas. Hoy el lugar es utilizado como sala de conferencias y espacio de reuniones para retiros abiertos.

Al ingresar a otra de las salas hay más objetos de época: un piano que perteneció a la familia Sáenz Valiente, similar al que usó Mariquita Sánchez de Thompson para cantar el Himno Nacional y que se encuentra en la quinta Los Ombúes, un costurero antiguo, cuadros donados por familias y un reloj a cuerda de 1703 obsequiado por los británicos en la época de las invasiones inglesas.

Un lugar de recogimiento
Un lugar de recogimiento Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

El edificio tiene seis patios coloniales, dos capillas y dos comedores. Uno de ellos es el "Patio de la Entrada o Jazmines", que mantiene sus columnas y ladrillos originales. En el claustro del Beaterio aparece colocada sobre la pared una cruz de 47 kilos que llevaban los ejercitantes sobre los hombros como práctica de piedad.

EL ROL DE SU FUNDADORA

En la casa hay cuadros y esculturas que rinden homenaje a Paz y Figueroa. Afuera, antes de llegar a la calle Lima, se destaca sobre la fachada el retrato de una mujer que sostiene una cruz. A su lado aparece la Virgen de los Dolores y a un costado las siglas "IHS", el logo de los jesuitas. Más arriba se lee entre cerámicos lo siguiente: "Mama Antula", el nombre en quichua de su fundadora.

El altar de la casa
El altar de la casa Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

Al hablar de su protagonismo, la historiadora Ríos subraya el liderazgo que tuvo la beata, casi tres siglos atrás, cuando la mujer debía estar acompañada siempre por un hombre. "Logró realizar ejercicios con mujeres de la nobleza y esclavas. Tenía un espíritu muy superior", señala. Primero consiguió el permiso del obispo de Jujuy y después de su llegada a Buenos Aires, en 1789, la autorización del Virrey Nicolás Arredondo para edificar la casa y brindar ejercicios espirituales ignacianos.

LAS DOS CAPILLAS

En la Capilla Chica o del Beaterio, utilizada por lo general para retiros, hay maderas del siglo XVIII y una serie de cuadros que representan las estaciones del viacrucis, con inscripciones en francés, donados en la época de Napoleón III. En otro sector está la Capilla de los Ejercitantes, que da a la calle Salta y donde los todos domingos se realizan misas abiertas al público.

Un remanso en medio del caos
Un remanso en medio del caos Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

La capilla está dentro de la Casa de Ejercicios y entre sus imágenes aparece San Cayetano y San Ignacio de Loyola, creador de la Compañía de Jesús y de los ejercicios espirituales. "Él crea esta forma de meditación, que se caracteriza por estar unos días retirados de la vida habitual para reflexionar", dice la historiadora y explica que se trata de un trabajo de introspección con ejercicios tanto para laicos como para religiosos.

Al ingresar a la cocina, remodelada con el transcurso de los años, se observan mayólicas con bordes azules originales de Francia. En ese lugar hace 200 años las beatas cocinaban las empanadas que le enviaban a Rosas. Allí llegaban los proveedores de alimentos y los aguateros. Al salir aparece un patio con soleras en el que hay un naranjo, una palmera y una magnolia de la época colonial. Cuenta la historia que allí Mariquita Sánchez, recluida en la casa como "depositada", se encontraba con un pretendiente que se acercaba a visitarla con la complicidad del aguatero y con quien finalmente se terminó casando años después.

Una imagen de Jesús en la cruz
Una imagen de Jesús en la cruz Fuente: LA NACION - Crédito: Emiliano Lasalvia

A un costado del patio está la despensa, las habitaciones que eran de los esclavos y una segunda cocina utilizada para amasar. Al ingresar se observa un torno que se comunicaba directo a la Casa de Ejercicios y arriba de él, sobre la pared, un retrato del Padre Carlos Mugica. Al cruzar la puerta se llega al viejo comedor que se utilizaba en la época colonial, donde hay cuadros y faroles de la época. Al frente del salón hay una escultura de la fundadora, quien modificó su apellido por el de San José y murió el 7 de marzo de 1799 en la celda 8 de la Casa de Ejercicios.

También se puede recorrer el Patio de las Ánimas, donde cobra protagonismo otra joya colonial: un banco enviado desde el Cabildo cuando fue achicado. En los alrededores hay habitaciones o "celdas", que tienen salida al exterior y son en total más de 90 en toda la casa, y pegado a la Capilla de los Ejercitantes está el Patio de la Cruz. Allí en la antigüedad se realizaba la reflexión final de los ejercicios. Todavía está colocada una cruz colonial, un aljibe y tres campanas con un reloj de sol.

Así estaba la fachada antes
Así estaba la fachada antes Fuente: LA NACION

VISITAS Y ACTIVIDADES

Aunque no hay documentación precisa, debido a que los archivos fueron quemados cuando se incendió la Curia Metropolitana en 1955, pasaron por la casa los grandes próceres de la historia argentina, virreyes, gobernadores y todos los presidentes, hasta Fernando de la Rúa. También fundadores de otras misiones como el Cura Brochero.

En el edificio viven las hermanas de la Congregación Hijas del Divino Salvador y además de retiros, ejercicios abiertos y visitas guiadas, todos los años la casa participa de la "Noche de los Museos". En uno de sus últimos deseos "Mama Antula" dejó en su testamento un pedido especial: que la conducción del lugar esté siempre a cargo de una mujer, que en la actualidad desempeña la superiora Julia Zurraco.

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