
La vieja oferta también se ve en el interior, pero sin escándalos
Formas: en ciudades como Bariloche, Posadas o Córdoba, la actividad de travestis y prostitutas rara vez llega a alterar a la fisonomía de un barrio
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Mujeres que la ejercen por opción, por necesidad o por ignorancia, hombres que descubrieron la atracción de otros bajo una fachada de escote y minifalda, la prostitución en sus formas tradicionales y remozadas no es invento de la modernidad ni descubrimiento de la prensa.
El debate sobre un código de convivencia porteño entre vecinos simplemente catapultó a la vista de la opinión pública lo siempre existente. Ya fuese en el puerto de Buenos Aires como en la periferia del gigantesco ombligo argentino.
Echemos un vistazo a las ciudades del interior, donde también cuando se trata de prostis y travestis, que los hay, los hay, aunque no concentrados en los barrios populosos ni de moda. Ni convivencia ni selección natural.
Misiones bilaterales
Como Posadas está frente a la ciudad paraguaya de Encarnación, comunicada mediante el puente que cruza el río Paraná, el movimiento es fluido en ambas direcciones. Pero cuando de prostituirse se trata, son las muchachas del país vecino las que lo atraviesan para captar clientes adinerados.
En la capital misionera no hay conflictos serios entre los vecinos y las mujeres de la vida. Y los travestis, no tan numerosos como antes, se instalaron en una de las avenidas de acceso, por lo que la convivencia con los parroquianos se remite sólo a la transacción pactada entre las partes.
Los hombres que negocian su sexo vestidos de mujer fueron haciendo su aparición de a poco. Al principio asomaban alrededor de la céntrica plaza San Martín, poblada de árboles y colmada de rincones oscuros aptos para el amor de apuro.
También en la avenida Uruguay se puede encontrar a algunos de estos renegados de su género, al menos en lo que hace a las apariencias, ya en grupos que se acrecientan al paso de la moda.
Pionera en la provincia, en este tipo de oferta sexual, es Puerto Iguazú, donde la actividad lucrativa es intensa, debido a su vecindad con Foz de Iguazú, de donde es oriunda la mayoría. Hay boliches para gays a los que concurren y abundaron en sus empinadas calles en épocas de la construcción de la represa Itaipú, en virtud de los 15.000 operarios a los que miraban como potenciales clientes.
Más de un famoso argentino, de aquellos que suelen cruzar las fronteras de las convenciones y no sólo las geográficas, se llevó al hotel cinco estrellas del lado misionero a algún desenfadado travesti de vestuario multicolor. Pero sabiendo que lo era, y no engañado.
En Mendoza, el circuito de los travestidos está muy claro y sólo se atraviesan en la vida de la comunidad si alguien de ésta así lo decide de motu proprio: hay una zona fija a lo largo del carril Rodríguez Peña, una amplia avenida en el área industrial de los suburbios, entre los departamentos de Guaymallén, Godoy Cruz y Maipú.
Los demandantes de sexo bipolar provienen de ambos extremos de la escala socioeconómica:son, curiosamente, o camioneros o conductores de autos japoneses último modelo. El gusto por lo no conocido los iguala.
Cuando salen de su zona roja, los caballeros que visten tacos aguja levantan protestas de los escasos vecinos en el área suburbana.
Más integrada a la vida ciudadana está la prostitución, ejercida por chicas de 14 a 19 años, y cada vez más jóvenes para su iniciación, en el parque O´Higgins, el paseo de la Alameda y las calles Salta, Monte Caseros y Alberdi, del barrio de la cuarta sección.
Como en casi todo el país, el tratamiento que les da la policía mendocina no difiere del panorama general: esporádicamente las patrullas hacen razzias callejeras en las que levantan (literalmente) tanto a prostitutas como a travestis y los llevan a la seccional. Tras pasar por los juzgados de faltas, al otro día son devueltos a las calles y la historia vuelve a empezar.
Como subtes o palmeras
Travestis, en Bariloche, parece que por la calle no hay. Sergio Suez, productor de la televisión del dicha ciudad dice: "Había tres muy conocidos, pero Bianca, uno de ellos, se está haciendo tratamiento para operarse en Chile y los otros dos se mudaron a Tierra del Fuego".
Sandy (o Sandro) tira las cartas como tarotista y se ofrece a veces a los remiseros. Sus vecinas no se quejan por su conducta, pero sí porque se le va la mano con los sahumerios encendidos.
Las fuentes policiales no tienen memoria de denuncias de vecinos y tampoco el Concejo Deliberante.
Las prostitutas se ofrecen bajo techo, en Pedro B., en Women, o en sus propias casas. Taxi-boys , dicen los que entienden, están por llegar importados de Buenos Aires.
Discreta y no por ello invisible, y mucho menos inexistente, la prostitución camina por senderos alternativos en la docta capital mediterránea. El rubro 72 del matutino principal cuenta, igual que Buenos Aires, con agencias de escoltas y acompañantes femeninas o masculinos, casas de masajes y saunas. Una investigación de Juan Carlos Carranza, de La Voz del Interior, saca a luz una estadística. Por fin un número entre tanta confusión e incertidumbre: el 1,25 por ciento de las 141.000 cordobesas de entre 20 y 34 años comercia con su sexo y son 1766 las mujeres con ficha sanitaria en la Dirección de Medicina Preventiva. O sea, las que reconocen de qué viven y se someten voluntariamente a análisis para prevención de enfermedades venéreas que incluyen la determinar la presencia del HIV, causante del SIDA.
En esos guarismos no entran, por supuesto, otras categorías de prostitución no reconocida, como departamentos privados, parejas que se intercambian ( swingers ) ni travestis.
Hay esquinas por todos identificadas como rojas (Marcelo T. de Alvear entre el 500 y el 900), una terminal de ómnibus y una estación de ferrocarril, que, como todas las centrales de transporte en todas partes del universo, agrupan a las chichis (chicas en lunfardo cordobés) de vida ligera y dinero ganado rápido.
Los precios del servicio varían según la oferta y la demanda, ley que se cumple inexorablemente aun desde antes de la creación del primer plan económico. Las hay de diez y veinte pesos para la apurada, de cien a 250 si se es más ambicioso y sobrepasa los seiscientos si la elegida se ha expuesto previamente a cámaras o trajinado pasarelas. Igual que en Buenos Aires.
Entre las de la variante más económica, las ruteras y las de whiskerías resultan infaltables en sus locales precarios de esquinas suburbanas. El interior de la provincia mediterránea reconoce picos de placer en los circuitos calientes de Villa María, Corral de Bustos, Río Cuarto y San Francisco, sin listar todas las ciudades por obvia imposibilidad.



