Liniers: "New York te destraba la cabeza"

El dibujante de la tira de La Nación "Macanudo" contó todos los detalles de su experiencia con el New Yorker: su relación con Art Spiegelman; Editorial Común; Latinoamérica y el cómic en el mundo
Mariana Romina Marcaletti
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13 de marzo de 2014  • 17:39

Liniers, en la portada
Liniers, en la portada Fuente: LA NACION

Liniers vivió en la Gran Manzana hace catorce años atrás, cuando vendía sus dibujos en la calle y se quedaba de prestado en las casas de conocidos.

Hoy, después de haber vendido miles de copias de "Macanudo" en Argentina, Brasil, España, Italia, Francia y Canadá, llegó a la tapa de la mítica publicación intelectual neoyorquina, el New Yorker, y se abre camino en el mercado editorial estadounidense de la mano de su último trabajo (el primero en inglés): "The Big Wet Balloon", una historieta para niños con un personaje principal llamado Matilda.

Este libro fue publicado por Toon Books, la editorial de Françoise Mouly, directora artística del New Yorker y esposa del ganador del premio Pulitzer Art Spiegelman, el autor de Maus, una novela gráfica autobiográfica sobre el nazismo. Mouly fue quién convocó a Liniers para que envíe ilustraciones para su revista, luego de conocer la edición francesa de "Macanudo" y de quedarse entusiasmada con el estilo de Liniers.

"Es como que después de esto no necesito nada más," contó Liniers a La Nación.com. "Cuando me ofreció que mande bocetos, mi parte consciente se mostraba racional, pero por dentro me estaba muriendo. Yo pensaba ‘¿esta loca quiere que dibuje para la tapa del New Yorker ?’’"

Este mismo desdoblamiento le sucedió cuando Art Spiegelman lo invitó a su casa a cenar. "Cuando estoy delante de él me concentro, trato de no decir pavadas. Es muy loco que en la pared de su casa tenga tiras originales de la década del 10. Todos mis héroes están ahí, en esa pared: Chris Wade, Daniel Clowes, Sempé, es increíble."

Liniers recuerda que cuando presentó su libro en el barrio neoyorquino de Brooklyn, mientras pintó en vivo un mural delante de artistas que el admira, Spiegelman se acercó, le dio una palmada en el hombro y le dijo: "bien hecho."

El primer borrador que envió al New Yorker era igual al que apareció en la tapa, pero con las siluetas de las personas de color negro. Mouly le aconsejó que, además de hablar de cómo se viaja en el transporte público en New York, él cuente un poco más de cómo son los personajes que habitan la ciudad: el ruso, el turista, el judío, el negro, el musulmán, etc. "Eso demuestra que es una buena editora, porque no solo agarró mi trabajo sino que lo mejoró, lo llevó a un lugar más lindo," dijo Liniers.

La relación de Liniers con Nueva York es mágica. "Siempre que voy allá vuelvo con miles de ideas. Lo que tiene de genial es que - te dediques a lo que sea, seas titiritero, percusionista, dibujante - siempre vas a encontrar a la gente que sea lo mejor en lo suyo. Nueva York te destraba, te abre la cabeza, te saca de la rutina."

De sus viajes descubrió historias para sus trabajos y también la necesidad de promover artistas argentinos en su propio país. "Me di cuenta, por ejemplo, que encontraba trabajos de colegas argentinos en Francia, en Canadá, pero que estos libros no se podían conseguir en Argentina, porque nadie los edita, como el mercado todavía no está maduro."

Así surgió su idea de fundar Editorial Común con su mujer Angie Erhard del Campo, para publicar en el país a autores nuevos. "Varios motivos me llevaron a crear la editorial. En primer lugar, yo siempre recibí ayuda: de Maitena, de Guillermo Pintos, de Daniel Divinsky, ellos me ayudaron a empezar. La editorial para mí es una forma de devolver a otros lo que hicieron por mi."

Por eso financia con las ventas de sus propios libros otros títulos que no generan ingresos tan rápido. Más que un modelo de negocios, lo que busca Liniers es la promoción de obras de alta calidad en el mercado interno, con el objetivo de generar una demanda. "Leer novelas gráficas no tendría que ser algo que de vergüenza, es una práctica bien vista y generalizada en otros lugares del mundo. Yo soy optimista, tengo mucha ilusión, estoy contento que circulen estos libros que dan mucho prestigio."

Liniers le da visibilidad a estos autores en otros países también, porque lleva estos materiales a ferias internacionales y se los propone a editores extranjeros para su publicación. Él piensa que afuera se ve de forma diferente a lo producido en Argentina, en particular, y en Latinoamérica, en general, y que por esa diferencia es que se lo valora más.

"Es que somos un bicho raro," dice Liniers. "Cuando en los 60 se hablaba de Gabriel García Márquez y de Mario Vargas Llosa como los precursores del realismo mágico, para nosotros no tiene nada de mágico, es pura realidad. Si para el primer mundo los dealers de los que habla la historietista colombiana/ecuatoriana Power Paola en ‘Virus Tropical’ son extraños, para nosotros son moneda diaria. Es esta ‘cosa latinoamericana’ la que nos vuelve tan interesantes para las editoriales."

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