Mariela Belski: "Amnistía es como un club de fútbol, se financia por el aporte de sus miembros. Ser independiente y apartidario mantiene la credibilidad"
Mariela Belski habla como en torrente; ese estilo de palabra precisa tan de los que trabajan en el terreno de la ley, junto con la intensidad de quien defiende, convencido y entusiasta, una idea. "Me apasiona el litigio", dice esta abogada de 43 años que obtuvo una maestría en Derechos Humanos en la Universidad de Essex, trabajó en organizaciones de litigio internacional en derechos humanos y defensa de la libertad de expresión en Inglaterra y, en la Argentina, integró la respetada Asociación por los Derechos Civiles (ADC). "Me apasiona el litigio" vuelve a decir, visiblemente cómoda en el sillón de directora ejecutiva de la sede local de Amnistía Internacional, cargo al que aplicó -y, desde luego, obtuvo- hace cuatro años.
Sí, le atrae ese andamiaje de presentaciones en Tribunales, la observación de lo que responde el oponente, la lectura atenta de los vericuetos de la ley, porque le encanta la estrategia. Lo cual es muy parecido a decir que le fascina la política. ¿Si le gusta House of cards? ¡Claro!
Sonrisa amplia, cercana. Inmediatamente, el torrente: Belski habla como si un motor se encendiera y pusiera en acción palabras amables, rápidas, continuas. Tiene mucho que decir. Sobre todo -con la camiseta de la organización que preside claramente puesta- por realizar. "Me gusta hacer política en Tribunales -sigue-. Tener una causa colectiva interesante, que desafía una política, y ponerme a pensar cómo llevarla? Me interesa el litigio estratégico, que tiene que ver con modificar una política pública en Tribunales. Esta idea de que cuando los poderes son deficientes, el Poder Legislativo no legisla, el Poder Ejecutivo no implementa? bueno, ir al Poder Judicial, y lograr que un juez dicte estándares de cómo se implementa una política." Sin el gesto del activista ni la solemnidad del militante, pero combatiente al fin. Y consciente de serlo. "Amnistía es una organización que no litigaba. Yo soy una gran luchadora, y estoy logrando que Amnistía litigue", resume, triunfal.
Fruto de su actual gestión es, por ejemplo, la campaña en vía pública de Amnistía: esos afiches de letras negras sobre fondo amarillo con frases como: "En la Edad Media si eras detenido te torturaban. Hoy, también". Y el lanzamiento de una plataforma online (www.compromisopublico.com.ar) que invita a los ciudadanos a interpelar a los candidatos presidenciales. "La idea es que la ciudadanía se involucre con las deudas en derechos humanos. Y que les pida a los candidatos que ellos también lo hagan", explica.
-¿Cómo surge tu pasión por todo esto?
-Me motiva mucho lo público. Me gusta la política. Leo todos los diarios, los de acá, los de afuera. Me los como [risas]. Soy una jugadora en pelear por que en Amnistía haya ciertos temas que se trabajen con una mirada política.
-¿Cómo te adaptaste al estilo de la ONG?
-Tuve la oportunidad de armar un equipo de trabajo de cero, trayendo mi experiencia anterior en derechos humanos. Hay dos desafíos que me impone Amnistía Internacional: posicionarla en la Argentina y concientizar sobre la violación de derechos humanos a nivel local y regional. La cuestión es que? Estuve en movilizaciones en Inglaterra por el No a la guerra de Irak. En Europa es muy común que la gente se movilice por causas globales. Pero acá es distinto.
-¿De qué modo financian campañas como la que actualmente se ve en la vía pública?
-Amnistía se financia sólo por membresías; es como un club de fútbol [sonríe]: te financiás por el aporte de tus miembros. Las organizaciones tenemos que ser independientes y apartidarias, porque eso mantiene la credibilidad. Porque si a vos te financia un gobierno o una fundación, tu imparcialidad puede ser cuestionada. Amnistía en eso es muy seria; nadie pone en cuestionamiento su imparcialidad. Nos critican porque somos pro Estados Unidos, pero también porque somos pro Cuba [vuelve a reír]. ¿Y sabés que? Eso quiere decir que estamos haciendo las cosas bien.
-Llama la atención la idea del ciudadano como sostén, en una época quizá cínica.
-Amnistía tiene 7 millones de miembros y activistas en todo el mundo: son 7 millones de personas que trabajan para Amnistía de diferentes maneras. Es lo que te da credibilidad cuando en países como Venezuela o Cuba dicen: "Yo no voy a responder a una organización que está financiada por los Estados Unidos". O por Inglaterra. O por [George] Soros. Ahora bien, el sur global se financia por el Norte. Amnistía en la Argentina tiene solamente 650 miembros, mientras que España tiene 80.000. Nos financiamos por los individuos del Norte.
-A cuento de la imparcialidad, ¿cómo fue ese día de febrero en que una testigo del caso Nisman dijo estar asesorada por ustedes?
-La testigo Natalia? [mueve la cabeza] Desde el programa de Jorge Lanata nos mandaron un tuit preguntando algo así como: "¿Amnistía ofreció servicios legales a la testigo Natalia?" Así me enteré. No lo podíamos creer. ¡Amnistía no ofrece servicios legales! Somos una organización de campañas, de advocacy, pero no ofrecemos servicios legales a nadie.
-¿Y la posición frente al Gobierno?
-Personalmente, estoy muy preocupada por el uso que este gobierno le dio al discurso de los derechos humanos. Hoy, cuando se pone en agenda el tema de los derechos humanos, mucha gente no quiere escuchar. Y los candidatos no hablan ni presentan agenda en esta área.
-¿Como si el tema se hubiera convertido en tabú?
-Totalmente. Soy muy crítica de este gobierno, porque creo que muchos derechos no se abordaron. Pero también festejo respecto de otros: todo lo que es verdad, memoria y justicia, la apertura de los juicios, la prosecución de los juicios. Eso es invalorable, y me preocupa que los candidatos no digan que lo van a sostener. Como las políticas ligadas al matrimonio entre personas de igual sexo: me encantaría ver cuál es la propuesta de los candidatos a presidente en términos de implementación de esa agenda. Y cuál respecto a derechos sobre los que este gobierno no ha hecho nada. Sobre todo la agenda de mujeres.
-¿Especialmente después de la marcha #Niunamenos?
-Esa marcha te muestra lo que en inglés se llama constituancy: gente movilizada detrás de una causa. Hay un grupo enorme de mujeres que está pidiendo que se implemente una política pública en materia de género. Porque existe una ley, la 26485, que no se implementa. Esa es otra cuestión que ocurre en la Argentina: hay un montón de leyes, sumamente progresistas, que no se implementan. En términos políticos, es interesante preguntarse por qué un gobierno decide sacar leyes realmente impecables, de vanguardia, progresistas, que son modelos para otros países de la región, pero hace todo para que no se implementen. Y están, además, algunas máximas de los políticos, que son falaces. Te dicen: "Debatir el aborto es piantavotos". Nosotros acabamos de sacar un encuesta, que la hicimos con Ipsos y Cedes [el Centro de Estudios de Estado y Sociedad], donde queríamos mostrar qué piensa la población en términos de quién tiene que debatir el aborto, quién es el encargado de implementar el aborto no punible, o sea el aborto permitido, que ya existe? y nos da que un alto porcentaje. Al menos un 38% de la ciudadanía cree que el aborto merece un debate en el Congreso. El debate, en una sociedad democrática, debe darse.
-¿Qué decir de nuestra relación con la legalidad?
-Estamos acostumbrados a violar la ley. Eso de que "si los representantes no cumplen las leyes, ¿por qué las voy a cumplir yo?..." Y la cuestión de la solidaridad: una marcha como #Niunamenos genera solidaridad y pertenencia a un grupo, pero me parece que es espasmódico. Es el grupo de mujeres; no hay una empatía, no sale toda la sociedad a reclamar por esos derechos.
-Habrá que ver, luego del hito que significó esa marcha.
-Sí, habrá que ver. AMIA, matrimonio del mismo sexo, #Niunamenos, generan movilizaciones importantes. Pero no las generan las comunidades indígenas. Y ese tema, en este país, es muy serio. Es un sector absolutamente abandonado por este gobierno al que le preocupan muchísimo los derechos de las minorías y los grupos vulnerables.
-Como si bastara con desplazar la estatua de Colón?
-Exacto, sacás a Colón, ¿pero que hacemos en casa? Para nosotros, que trabajamos en derechos humanos, este gobierno no fue fácil. Porque ha hecho muchas cosas que otros no hicieron y que en Amnistía valoramos muchísimo. Pero creemos que quedó pendiente una agenda muy importante. No sólo a nivel nacional; quiero dejar bien en claro que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires tampoco ha hecho nada por los derechos humanos. Lo mismo en la provincia de Buenos Aires: hay un serio problema en lo carcelario, en todo sentido. En la Argentina se tortura a los presos. Tenemos acá, en esta oficina, muchas denuncias. Se tortura.
-En eso no seríamos el país progresista que marca tendencia regional.
-Bueno, pasa en Medio Oriente y en el norte de África. Y en América Central. El punto es dónde quiere estar la Argentina, con quién. Nuestro país firmó todos los tratados de derechos humanos que se te ocurran a nivel internacional. ¿Quién mira cómo los implementamos? El relator de Naciones Unidas para las comunidades indígenas ha venido y ha hecho un informe crudísimo. Han venido de la OEA a observar cárceles en Mendoza. ¿Dónde está el informe de la Argentina respondiendo a eso? Del mismo modo que no implementamos la ley contra la violencia de género, no implementamos los compromisos asumidos a nivel internacional.
-Saliendo de nuestro país, ¿qué deudas con los derechos humanos diferencian al siglo XXI de los anteriores?
Después de la Segunda Guerra Mundial no hubo una movilización de personas como la que hay en este momento en el mundo, sobre todo en Siria, el norte de África y Medio Oriente. Las cifras de refugiados y desplazados son un hito en la historia; hay que repensar los derechos humanos en esa clave.
Bio
Profesión: abogada
Edad: 43 años
Tiene una maestría en Derechos Humanos en la Universidad de Essex, Reino Unido. En la Argentina fue asesora legal de distintas secretarías del gobierno nacional y del gobierno porteño; también trabajó en la Asociación por los Derechos Civiles (ADC). En Inglaterra participó en organizaciones de litigio internacional y defensa de la libertad de expresión. Desde septiembre de 2011 es directora ejecutiva de Amnistía Internacional Argentina
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