
Nada pareció cambiar en la actividad de los locales bailables
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Adolescentes en estado de ebriedad, personal de seguridad que reacciona con rudeza y ausencia de detectores de metales componen un clima ideal para la sucesión de hechos violentos dentro de las discotecas, según pudo comprobar La Nación durante una recorrida por la noche porteña.
Cuando se cumplen siete días del asesinato de un custodio de New York City por parte de un menor que participaba allí de una fiesta de egresados, en nada han cambiado las condiciones en que se desarrolla la actividad dentro de los locales bailables.
Los relatos de propietarios de locales y de organizadores de fiestas coinciden: un ambiente de descontrol y desenfreno, difícil de controlar, constituye el escenario en casi todos los boliches de la Costanera, de los Arcos del Sol y en el situado en Alvarez Thomas al 1300, donde Carlos Pizzio fue baleado en la madrugada del lunes último por un cliente.
Ni las actitudes de los empleados de seguridad ni el comportamiento de los jóvenes varían entre los bailes clásicos, en los que convergen adolescentes que no se conocen, y los festejos de fin de curso exclusivos para compañeros de colegio o universidad, dijeron habitués de las discotecas.
"Los jóvenes beben alcohol en exceso antes de llegar a la discoteca y eso no tenemos cómo evitarlo. Nosotros sólo podemos impedirles el ingreso si aparecen en estado muy avanzado de ebriedad", describió Francisco Inchausti, dueño de Pérez Disco.
Los responsables de evitar el acceso de jóvenes borrachos en ese local bailable, situado en Castañeda y La Pampa, son los empleados especialmente contratados a una empresa de seguridad privada.
Según explicó Inchausti a La Nación , la tarea de los llamados patovicas es respaldada por un circuito cerrado de diez cámaras ubicadas en lugares estratégicos dentro y fuera del boliche.
Ningún detector de metales
En cambio, no se han instalado en Pérez Disco detectores de metales, por lo que adolescentes armados podrían entrar sin ser advertidos.
Inchausti afirmó que, en los próximos meses, se colocarán dichas máquinas. Respecto del trato que se da a los jóvenes, indicó que "se los respeta, aunque no se les permite ingresar cuando se presentan ebrios".
Las medidas de seguridad son diferentes en los locales de la Costanera, como Pachá y Caix, donde los custodios se comunican entre ellos mediante pequeños micrófonos.
Este sistema se utiliza principalmente en las discotecas de gran dimensión.
En las dos últimas mencionadas, los encargados se negaron a efectuar declaraciones acerca de otras previsiones para asegurar el control del recinto porque querían mantener "un bajo perfil". Pero no se vieron tampoco allí detectores de metales.
En todos los locales bailables visitados por La Nación era común el secuestro de petacas con bebidas alcohólicas cuando los patovicas palpaban a los chicos en el acceso a la disco. En New York City, por ejemplo, dos adolescentes beodos intentaron ingresar y debieron ser repelidos, no sin cierto rigor.
Tal como lo relató Inchausti, los propietarios dispusieron elevar los precios de los tragos en el interior de las disco para intentar revertir el consumo desmedido de alcohol, que genera conductas agresivas en los jóvenes.
Canilla libre de alcohol
No obstante, en una fiesta de egresados de un colegio secundario realizada en Pachá, el último jueves, La Nación observó que se ofrecía sidra gratis para todos los presentes, incluidos los jóvenes, que generalmente son acompañados por sus padres durante estas celebraciones.
En algunos bailes se promueven además las llamadas happy hour. Se trata de 60 minutos durante los que se regalan tragos preparados con bebidas alcohólicas.
Y mientras los adultos intentan percibir las peligrosas situaciones en el funcionamiento de las discotecas, los adolescentes sólo piensan en su rato de diversión.
"Hace cuatro meses que estoy esperando este día", fue lo único que atinó a decir Lucía, de 17 años, cuando ingresaba en Pérez Disco para disfrutar su fiesta de fin de curso.



