Nico Artusi, el elocuente
Con dos programas de radio, otros tantos de tele, columnas en las revistas Brando y LA NACION y un libro en camino, este sommelier de café, ávido lector y runner entusiasta no para un minuto
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Con la cantidad de trabajos que tiene, sería fácil asumir que Nico Artusi no conoce de ocio. Fácil y errado: es justamente su disciplina y organización lo que le permite ser productivo al punto de tener contemplados momentos de ocio en la agenda. “A veces son horas de libertad total y otras es algo programado: salir a correr o entrenar, leer, tomar café o incluso dormir una siesta”, explica. Al vivir en banda negativa, evita perder tiempo en horas pico, colas en el banco y tráficos dilatadores; los beneficios de hacer radio por las noches y los domingos al mediodía, cuando el común de la gente disfruta de su tiempo libre.
“Desconfío de la lógica productivista del capitalismo, eso de que hay que trabajar ocho horas por día, dormir otras ocho y tener ocho de ocio”, sentencia. Y es precisamente al desafiar este esquema que elige en su tiempo libre hacer cosas que lo relajan, pero que a la vez se convierten en parte fundamental del ocio productivo: “Todo lo que mire o lea en ese momento, muy probablemente se convierta en material de una columna o un comentario de la radio”. Es que este ociólogo comenzó como crítico de cine y se las rebuscó para seguir haciendo de sus pasiones el eje de su trabajo. Si no, pregúntenle qué haría si no condujera Brunch los domingos al mediodía: “Muy probablemente estaría con un amigo leyendo los diarios, hablando de café, tecnología y gastronomía entre las 11 y las 13”. Touché.
Si bien se declara nulo para la cocina, es un buen anfitrión en materia etílica y su casa es sede de encuentros con amigos, pero salir a comer o tomar algo también es un programa predilecto. Y su veta viajera es igualmente compartida: en el cronograma anual están pautados un viaje familiar y otro con sus amigos. Insiste en que el viaje es fundamental para generar nuevas experiencias y en que no necesariamente debe implicar una inversión demasiado grande. “A veces es más voluntad e ingenio que otra cosa: visitar el cementerio de Azul, comer un asado en Luján o ver las payadas en San Antonio de Areco”, remata.
Ping Pong
¿Libro preferido?Lolita, de Nabokov. Para mí, no es sobre la fijación de un tipo mayor por una chica adolescente sino sobre el capitalismo, la persecución del imposible y la sociedad de consumo que todo el tiempo te propone algo nuevo. Además lo podés leer en muchos niveles: como novela romántica, como novela de suspenso, como fresco sociológico de EE. UU. en el siglo XX.
¿Algo que te gustaría aprender a hacer? ¡Cocinar! Me gustaría mucho porque se vincula con el tiempo libre, la confección artesanal, no se involucra demasiado lo intelectual, tiene un componente lúdico, es creativo, hedonista, accesible. Creo que es un know how que, por lo menos en la última generación, no se transmitió de padres a hijos. Porque nosotros ya teníamos padres que trabajaban. En casa la que cocinaba era mi abuela, no mi madre.
¿Algo que te sale bien? Diría que soy bueno manejando y mejor aún estacionando, lo hago en una maniobra.
¿... Y algo que no? Siempre fui muy malo jugando al fútbol. Tengo una desconexión entre el tren superior y el inferior del cuerpo. Hay un detalle no menor que es que aprendí a andar en bicicleta el año pasado. Ya había tenido un par de intentos y estaba convencido de que andar en bicicleta no era para mí. Un día pensé: “No voy a vivir resignado”, le pedí a mi profe de gimnasia que me enseñara y ahora soy un ciclista audaz.
¿El mejor consejo que recibiste? En lo laboral, un consejo que me dio Víctor Hugo cuando empecé a trabajar con él en TN: “Siempre procurá que se luzcan los demás”. Me pareció muy valioso para el laburo del conductor, que tiene que articular entre distintas personas en un medio donde el narcisismo es atroz.
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