“No quiero ser tu amante”
Él tiene 24 años, una pareja a la que dice no amar y una hija; ella tiene 20 y está convencida que él es el amor de su vida: promesas de separación y una nueva vida de a dos
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“Basta, yo así no puedo más. No nos podemos seguir viendo”, dijo Belén entre lágrimas mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Nicolás. Su llanto era tan fuerte como la lluvia que caía en el exterior del auto. Estaba devastada y esas lágrimas eran sinónimo de despedida.
Esa noche, desde que se subieron al auto para ir a un hotel, hasta que la dejó en su casa, el celular de Nicolás no paró de sonar. En un momento, abrumada de ver en el visor del teléfono el nombre de su novia, Belén le imploró que por favor atendiera. Del otro lado, una voz desesperada empezó a gritar: “Basura. Sos una basura. No te vas a deshacer de mi tan fácilmente. Te voy a hacer la vida imposible. No te la vas a llevar de arriba”.
Ese día Belén entendió que su relación no tenía futuro, que Nicolás nunca sería su compañero y que ella siempre iba a ser la segunda, la amante.
Unos meses atrás
El 24 de diciembre de 2015 Belén recibió un mensaje privado en Facebook: “¿Vos sos la chica linda que vi esta mañana en la panadería?”. Belén sonrió. Ese día había ido a hacer unas compras al centro de su ciudad, pero no había registrado ningún hombre ni había percibido que alguien la estuviera mirando. Pero el piropo le gustó y decidió agregarlo como amigo. Durante el resto de la tarde siguieron hablando. La conversación fluyó tanto que pasadas las doce los dos agarraron el teléfono para desearse feliz Navidad.
Él le preguntó si tenía planes y ella le contó que había quedado ir a lo de una amiga a brindar pero no estaba consiguiendo remís. “Tengo una idea –escribió entusiasmado Nicolás–. Yo te llevo y de paso nos conocemos”.
Belén lo vio llegar y se le iluminaron los ojos. Su corazón galopó para anunciarle que estaba ante el hombre de su vida y aunque solo tenía 20 años ella sintió que nunca más iba a poder sacárselo de la cabeza.
La mayor decepción
Esa misma noche, después de besarla apasionadamente, Nicolás se sinceró y le dijo lo que Belén nunca hubiera querido escuchar: tenía familia, una pareja y una hija.
Ella se enojó e intentó olvidarlo pero no pudo.
Los encuentros cada vez se hicieron más frecuentes y antes de que se pudieran dar cuenta estaban enamorados. Él le juraba en cada cita que iba a dejar a su mujer, que ya no la amaba, que solo seguían juntos por la beba, que le diera tiempo. Y ella, claro, quería creerle.
Belén vivió su amor en secreto. Sólo se lo contó a una amiga que sabía que no la iba a juzgar. La abrumaba lo que pudiera pensar la gente, que la acusen de ser la tercera en discordia cuando Nicolás sólo seguía en pareja por una promesa que le había hecho a su madre –cuidar y educar a su hija en el marco de una familia–. Cada vez que lo veía ella se replanteaba qué estaba haciendo, pero cuando se besaban no tenía dudas de que quería estar con él, aunque tuviera que pagar el costo de ser la segunda.
“Éramos fuego. Había días que podíamos estar horas haciendo el amor, una y otra vez. También había días en los que nos abrazábamos fuerte, nos contábamos nuestras cosas y no pasaba nada más”, cuenta Belén. Él era su amor y ella su refugio.
Nicolás podía contarle que se sentía asfixiado por su novia, que quería escaparse de la relación, que fantaseaba con huir con ella a donde nadie los encontrara y ella lo escuchaba sin juzgarlo. Confiaba que algún día la iba a dejar y que iban a poder vivir su historia sin ocultarse.
No puedo ser tu amante
Le creía, de verdad le creía que iba a dejar a su mujer, pero ese día -hace dos meses- en el auto volviendo del hotel con el teléfono sonando cada dos minutos se dio cuenta que no iba a poder. Que la espera, el mientras tanto y el papel de amante era más de lo que ella podía aguantar.
Belén se sentía tan culpable de todo lo que estaba pasando que no pudo evitar romper en llanto. Él la acercó a su lado, le acarició el pelo, le secó las lágrimas y le pidió perdón, perdón por todo lo que estaba pasando.
Fue la última vez que se vieron. Hace unas semanas Belén se hizo un test de embarazo y dio positivo. Todavía no logra juntar fuerzas para llamarlo.
*Los nombres de esta historia fueron cambiados para cuidar la identidad de los protagonistas.
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