
"No tolero tener mensajes no leídos": manejar la obsesión en tiempos de WhatsApp
En otra entrega del consultorio digital es momento de abordar cómo tener la casilla en cero sin pasar horas respondiendo mensajes innecesario
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¿Qué hacer con el jefe que manda pedidos de WhatsApp a las tres de la mañana? ¿Y con ese cementerio de amores que tenemos en Facebook? ¿Y con el tío pesado que se pelea con tus amigos en todas tus fotos? Navegar las relaciones en el mundo virtual requiere de tacto, elegancia y sí, tal vez algunas reglas de etiqueta como las que sabían nuestras abuelas.
La angustia del visto, del "ella está conectada" y del "no me aceptó en Linkedin" no son para ningunear: son problemas reales, pero tienen solución. Para eso traemos a Consuelo, nuestra condesa de Chikoff del siglo XXI, que se toma en serio tus problemas, te ofrece una oreja imparcial y un consejo de amiga. Porque sabemos que los buenos modales no se pierden, solo se transforman.
Consuelo:
No tolero que me aparezca en el WhatsApp el número de mensajes no leídos. Necesito que esté en cero. Tengo miedo de perderme algo importante y como cada vez tengo más grupos y sub-grupos, es una tarea imposible. La trampa es que para que esté en cero hay que leer todos y después uno está obligado contestar para no parecer un amargo. Estoy haciendo cualquier cosa que requiere atención y de reojo miro que no haya ningún mensaje sin leer, es enfermizo.
Por favor, ¡ayuda!
El fóbico de los no leídos, 32
Querido Fóbico:
A los obsesivos WhatsApp nos ha arruinado la vida. A mí personalmente me gustaría que además de la función “silenciar” hubiera una que se llamara “irse del grupo sin que nadie se entere”: sería fabuloso y bajaría el nivel de conflictividad y de hastío de varias de mis relaciones cotidianas (imagino que de las tuyas también). Pero bueno: mientras esperamos que WhatsApp abra un buzón de sugerencias, te paso un par de tips que yo trato de incorporar.
Primero, el trabajo subjetivo, subjetivo de sujeto, o sea, VOS: conócete a ti mismo, ama tu destino, cuidate, querete y terminá con la obsesión. No pasa nada si tenés dos mensajes sin leer: de verdad no pasa nada, te lo dice una de tu misma especie. Te propongo un poquito de hippismo bien administrado, que nunca viene mal para la salud mental: hacé el ejercicio de dejar que se acumulen los mensajes si sabés que no son urgentes ni importantes. Después de un par de días si querés abrís todos los chats y dejás tu casilla en un cero reluciente, pero andá espaciando esos chequeos. Quién te dice que Whatsapp no te termina sirviendo de ejercicio para dominar la neurosis.
Segundo, es hora de discriminar: no estás obligado a contestar todo. No es necesario que metas un “Jajajaja” o un “Genial loco” si no tenés nada que decir o no te interesa lo que están charlando. De los grupos que no sean laborales (ya hablaremos en alguna ocasión del flagelo “WhatsApp laboral”) y te quemen la cabeza, te podés bajar con un mensaje (muy) amoroso. De este estilo: “Amigos, me bajo un poco de Whatsapp porque me desconcentra y tengo que estudiar/trabajar/lo que sea (verdad o mentira, da igual, es una mentira más blanca que la nieve de Nueva York), si arman una salida o algo así me avisan y re voy, ¿sí? ¡Los quiero!”. Así bien meloso para que nadie se ofenda.
Consuelo estará disponible para resolver todos los conflictos digitales que lleguen a la casilla modalesdebolsillo@lanacion.com.ar, como comentario a esta nota o a la cuenta de Facebook de LA NACION. Si la consulta es comprometedora, cuidará el anonimato del remitente.
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