Por la calle
Por Juan Carlos Insiarte
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Requerimiento
Vecinos de Villa Urquiza efectuaron un requerimiento al Gobierno de la Ciudad para dar mayor fluidez al tránsito. Se trata de la colocación de un semáforo en Monroe y Pacheco.
José Lobato explicó que para lograr mayor seguridad para el barrio se hace necesaria esa instalación debido a que en las horas pico converge en Monroe el transito procedente de Pacheco, de manera especial varias líneas de ómnibus.
Los vehículos de todo porte giran hacia Monroe y es habitual observar cómo se forma un nudo vehicular que altera y dificulta el libre desplazamiento por ambas arterias. Los mayores riesgos lo corren los peatones, dijo Lobato, cuando intentan cruzar en ambas direcciones. En la propuesta, Lobato dijo que el semáforo que se solicita podría estar coordinado con los inmediatos siguientes en funcionamiento sobre Monroe en las intersecciones con Colodrero y con la avenida Triunvirato.
Plaza en destrucción
Los vecinos de la plaza del Congreso sostuvieron que tienen la impresión de que el paseo va en vías de la destrucción. Reiteraron que es el único espacio verde con el que cuentan en la zona, “ pero cada vez está peor”.
Marina Calabrese relató que “en la esquina de Luis Sáenz Peña y Avenida de Mayo vive una mujer indigente que cobra peaje por pasar y cuelga la ropa sobre la estatua allí emplazada.
Viven, además, otros indigentes que realizan sus necesidades fisiológicas a la vista de los transeúntes. Calabrese se quejó porque en los fines de semana funciona una feria y los martes una olla popular, allí donde había una hermosa fuente con plantas acuáticas que ya no existe, dejando un tremendo basural.
“Con los bancos de madera hacen el fuego y con los recipientes para residuos los aplastan y hacen la parrilla, además, para instalar una calesita se arrancó una hermosa palmera”, resumió esta vecina. Hubo expresiones coincidentes en cuanto a que “como contribuyentes estamos en todo nuestro derecho de reclamar y luchar para restituir la plaza”.
Burocracia cruel
Deseoso de cumplir con sus obligaciones, el ciudadano se presentó en el Centro de Pago de Servicios del Banco de la Ciudad, Esmeralda 660. El Gobierno de la Ciudad había publicado avisos anunciando que regía una prórroga hasta el 26 de marzo para el pago de tributos vencidos en enero y febrero. Allí fue cuando la burocracia lanzó sus iras. La cajera le informó a Alberto que la extensión del plazo “no estaba en el sistema” y no podía cobrar las boletas.
El sufrido contribuyente pidió hablar con el supervisor. Llegó Francisco Carreras, quien descubrió una segunda dificultad. Como en las boletas de ABL no estaba puesto el nombre y sólo decía, como es habitual, “ señor propietario” y la dirección de inmueble, sostuvo que no podía aceptar el pago por cheque, excepto que el contribuyente llevara un certificado de un escribano confirmando que el titular del cheque vivía en la casa que figuraba en la boleta o presentar un cheque bancario certificado. Alberto, impactado por el cimbronazo de la burocracia, decidió no pagar nada.
Al final de la jornada reflexionó: “De esta forma no habrá “porteños” (bonos) que se emitan en forma suficiente como para cubrir el déficit fiscal de una deficiente administración comunal”.
Para comunicarse con esta columna, los lectores que deseen hacer llegar sus inquietudes pueden hacerlo al siguiente correo electrónico: jcinsiarte@lanacion.com.ar
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