Pruebas de la Unesco: mucha indignación y acusaciones cruzadas, pero pocas propuestas
Siempre se puede caer más bajo cuando el primer problema que se tiene es evitar enfrentarlo y optar por recurrir a rodeos y eufemismos o a dilaciones y discursos. Es sabido que, en las campañas electorales, los candidatos de casi todos los signos políticos afirman que la educación es muy importante para el desarrollo del país, pero una vez que obtienen el puesto deseado las promesas quedan suspendidas en el aire hasta la siguiente tanda de comicios.
Los resultados del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) de la Unesco conocidos hoy no dejan espacio para sorpresas ingenuas por las malas calificaciones obtenidas por los chicos argentinos en estas últimas pruebas. No logran aprender lo que necesitan para enfrentar el futuro y entre la evaluación de 2013 y la de 2019, pasaron de estar por encima del promedio de la región en lectura y matemática a estar por debajo. Y hay algo más grave: esos chicos reprobados en matemática y lengua por la Unesco que, en 2019 estaban en tercer y sexto grado del nivel primario, hoy están en quinto grado de ese mismo ciclo y en primero o segundo año del secundario, según el distrito, si es que muchos no desertaron en 2020 por la pandemia. Y, si no alcanza para comprender la situación, estos mismos chicos estuvieron casi un año y medio sin clases presenciales, muchos de ellos con severos problemas para comunicarse con sus docentes y cumplir con las tareas y aprendizajes de un tiempo pandémico que se caracterizó por la anormalidad. Y la única solución a las deficiencias de aprendizaje que se acordó entre los ministros de Educación de todo el país, en 2020, fue que pasaran de grado sin calificación numérica y, durante el año actual, trataran de obtener los saberes faltantes.
Volviendo a las pruebas ERCE, cada 6 años, desde 2006, en que se las hizo por primera vez, los resultados fueron barranca abajo y poco o nada se ensayó para salir de esa anomia. Las currículas no se ajustan a las necesidades, los docentes son formados con muchas fallas y los políticos siguen con sus discursos de futuros cambios. Y ya sabemos que el futuro en la Argentina tarda mucho en llegar.
Nadie puede quitarle contundencia a ser “bochado”, menos si el desaprobado es el país entero y sus deficiencias en la educación marcarán un futuro más que incierto, donde las mejores oportunidades serán para unos pocos. De seguir así, indignados, pero no dedicados a superar las falencias educativas, los jóvenes no podrán entender siquiera el manual de uso de una pala para jardinería.
Mañana, será el turno de la evaluación nacional Aprender que nació con carácter anual y se convirtió en bienal. Ese cambio, en el que un año se analiza la situación del primario y al siguiente del secundario, también es una muestra de la escasa preocupación política por mejorar el aprendizaje. Se medirán los saberes en matemática y lengua en los alumnos de sexto grado del primario, es decir de los chicos que están un año más adelantados que los ya fueron desaprobados por las ERCE conocidas hoy. ¿Habrán podido aprender algo mejor estos chicos que sus compañeros de escuela? La respuesta, de la que serán responsables todos los actores involucrados con la educación, se conocerá a mitad del año próximo, pero ya tristemente se intuye. Las próximas ERCE serán dentro de seis años. ¿Volveremos a sorprendernos “ingenuamente” o en 2025 se podrá mostrar que se desarrollaron políticas de Estado para mejorar el aprendizaje de los jóvenes argentinos?







