Raúl, el pochoclero que recorre Mar del Plata hace 30 años
Lo visitan varias generaciones y es parte de los recuerdos de todos los vecinos
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Sus pochoclos son tan famosos que hasta los probó Jorge Porcel durante sus temporadas en La Feliz. Supo conquistar el corazón de varias generaciones de niños, quienes todas las tardes esperaban el sonido distintivo de la campanita, que anunciaba la llegada del pochoclero al barrio. Hoy con sus 75 años, Raúl Martín Rodríguez Bottozo, mejor conocido por los vecinos de Mar del Plata como "El pocholero Raúl", aún conserva el oficio en la sangre y se prepara con entusiasmo para recibir a los turistas este verano.
No hay marplatense que no conozca al pochoclero Raúl. Desde hace más de treinta años, todas las tardes prepara su uniforme blanco, distintivo gorrito y agarra su camioneta modelo 80 (convertida en carrito de pochoclos) para recorrer los barrios. Él siempre supo que su pasión eran los niños y fue en Rosario, su ciudad natal, donde comenzó a dar sus primeros pasos como pochoclero. "Siempre fui fanático del fútbol y un tiempo jugué en las inferiores de mi club Rosario Central como wing derecho, debo reconocer que era bueno, pero tenía el presentimiento de que tenía que hacer algo por los más chicos. Fue en el año 1982, cuando paré la pelota y decidí jugármela con los pochoclos. Al principio empecé a venderlo en mi barrio con una motofurgón Frambretta y los pochoclos tuvieron tanta aceptación que al poco tiempo tuve que comprarme una camionetita", recuerda Raúl. El pochoclo se hizo conocido en Rosario y fueron los mismos vecinos quienes lo incentivaron a probar suerte en La Feliz. Para él era todo un desafío y también una aventura dejar atrás su ciudad, iba a ser solo por la temporada, pero fue tal el éxito que decidió instalarse definitivamente con su familia en Mar del Plata.
A Raúl nunca lo van a encontrar en el mismo lugar, realmente es un pochoclero ambulante. Su carrito va rotando por los barrios de Mar del Plata: Parque Luro, Villa Primera, Los Pinares, Constitución, Caisamar y por las noches en La Perla. Otro clásico lugar de trabajo son las plazas, su favorita es la emblemática José Hernández, donde hace dos años festejó sus 30 años en el oficio con una convocatoria multitudinaria. Hace años que ser pochoclero se convirtió en su estilo de vida y tanto su mujer María Magdalena y su hijo, Julián, lo acompañan en todo momento. "En este trabajo ya pasé varias generaciones. Una de las cosas que más me emociona es cuando vienen los padres con sus hijos y les dicen: cuándo yo era como vos Raúl también me vendía pochoclos. Me encanta trabajar con los más pequeños porque ellos son transparentes y hacerlos reír no tiene precio", expresó.

El secreto para mantenerse en el tiempo es su pasión. Para Raúl la clave está en "hacer lo que a uno le gusta e intentar perfeccionarse a diario". Él es muy detallista y no se le escapa nunca una fecha de cumpleaños de sus clientes fieles. Aún conserva una carpeta con la dirección y la fecha de sus cumpleaños y es un clásico que les lleve pochoclos de regalo a sus casas. "Es una tradición y siempre fue algo que me diferencio en el barrio", reconoce. Su carisma siempre lo acompaña al igual que su campanita de bronce. Él admite que sin ella no puede salir a trabajar, es su cábala. "La campana es la gran estrella, está conmigo desde mis inicios. Soy el único vendedor de Mar del Plata que la usa y cuándo los chicos la escuchan vienen corriendo porque saben que llegó el ansiado pochoclo", dice.
Los fanáticos de sus pochoclos saben que siempre llegan crocantes y calentitos. Es que los prepara en el momento y a la vista de los chicos. El carrito tiene seis variedades de sabores: el tradicional con miel, con chocolate, frutilla, banana, menta y pistacho. El tradicional y el de chocolate son los que más salen. Se venden en dos tamaños diferentes: las bolsas chicas salen $20 y la más grande $40. Si algún niño quiere probar todos los sabores, Raúl les arma una bolsita con un mix de cada uno al mismo precio. También ofrece garrapiñadas caseras de maní $20 o de almendras $35 la bolsita y manzanas caramelizadas $25.

El pochoclero ambulante quiere seguir trabajando por muchos años más. "Vender pochoclo me trajo muchas satisfacciones y salir a la calle a encontrarse con los chicos es algo que me distrae y disfruto. Nunca lo consideré un trabajo sino una pasión. Voy a seguir preparando pochoclo hasta que el cuerpo me diga basta", admite. La camioneta con la máquina para hacer pochoclo ya está lista y Raúl está preparado para sacarle una sonrisa a los chicos con su pochoclo calentito este verano.
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