
Rincones porteños que reviven su pasado
Pocas ochavas se conservan como antaño; el progreso y la globalización muchas veces desfiguran el carácter de los barrios
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"Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó, pesadumbre de barrios que han cambiado y amargura del sueño que murió", dice Homero Manzi en la última estrofa del tango "Sur". Quizás esa nostalgia sea la que poseen varios de los porteños al buscar y no encontrar, entre los adoquines de la ciudad, esas esquinas de su infancia que ya no están. Aquellos refugios de juventud que en un torbellino de progreso desaparecieron casi sin dejar rastros.
Lo cierto es que en la memoria de algunos privilegiados permanecen casi intactas las imágenes de alguna ochava, que si bien no llegó a ser trascendente a nivel nacional, sí tuvo un espacio en los corazones de los parroquianos.
Algunas esquinas pudieron saltear los avatares de la modernidad y conservar su cara original. Una de ellas es Balcarce e Independencia. Pintada a la cal con ventanas bajas, permanece casi intacto El Viejo Almacén. Al igual que en los primeros años del 1900, allí funciona una tanguería, pero con una única diferencia: el ex Concejo Deliberante la declaró sitio de interés cultural por haber pertenecido a la familia de Edmundo Rivero.
Hace menos de una década, la tradicional joyería El Trust Joyero-Relojero cerró sus puertas en pleno centro, en Carlos Pellegrini y Corrientes, y dejó su lugar al mundo globalizado con un local de comidas rápidas (en la actualidad cerrado).
En San Juan y Boedo reabrió el viejo bar Canadian, pero esta vez con el nombre de Homero Manzi, en homenaje al poeta y para continuar siendo un punto de encuentro entre amigos o el semillero de la polémica entre intelectuales.
Para el presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, Carlos Lebrero, "si un barrio pierde algún edificio significativo, el valor de la totalidad del barrio disminuye. La única forma de conservar esa identidad es que los vecinos participen activamente y protejan aquellas áreas que tienen un valor patrimonial".
A principios del siglo XX, Corrientes y Esmeralda fue el lugar que enfrentó a dos sectores sociales: los guapos y los cajetillas. Mientras que en Cabildo Bar se reunían los malevos en disputa de alguna de las mujeres que coqueteaban por ahí, en el café Guaraní había todas las noches una mesa reservada para Carlos Gardel y José Razzano, que actuaban en el teatro Esmeralda, hoy conocido como Maipo.
Enfrente, el teatro Odeón tampoco estuvo ajeno a los cambios, pero hoy es una gran playa de estacionamiento.
Conservar la historia de la ciudad es uno de los objetivos del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Su directora, Lidia González, asegura que "la importancia de la historia de cada barrio tiene que surgir de los que viven allí".
La esquina de Vicente López y Junín jamás pensó cuál iba a ser su destino. El terreno era el lugar ocupado por dos inquilinatos y la vereda -actualmente cubierta por bancos del complejo- era la plazoleta Vicente López. Lo recuerda el presidente de la Asociación Vecinal de Recoleta, Miguel Lantermino. Y agrega: "El barrio perdió mucho de lo que era con los restaurantes en las veredas y la acumulación de lugares de diversión. Le quitó tranquilidad y lo convirtió en una pasarela de las más variadas especies".
Homenajes
Con el correr de los años, la ciudad ha ido rindiendo homenaje a sus ciudadanos más ilustres. Así, por ejemplo, el nombre de Domingo Faustino Sarmiento quedó impreso en la intersección de la avenida Juramento y Cuba, en el barrio porteño de Belgrano.
El caserón de estilo italiano, construido en 1873, fue sede del gobierno nacional, en el momento en que el pueblo de Belgrano fue capital de la República. Separada sólo por una cuadra, al lado de la iglesia de la Inmaculada Concepción, en Juramento y Vuelta de Obligado, se conservan cuatro arcos de lo que fue el Watson´s Hotel.
Según el presidente del Museo Saavedra, Alberto Piñeiro, "Saavedra es un lugar muy rico, lleno de historia, y lamentablemente toda la vida se le ha dado poco interés al patrimonio cultural que tiene el barrio. Siempre le han dedicado mucho espacio a San Telmo o Montserrat, omitiendo el interesante pasado de lugares como Belgrano, Saavedra o Núñez".





