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San Isidro

Romina Sosa, la historia de una agitadora comunitaria de villa La Cava

Lucía Cullen
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15 de enero de 2019  • 15:48

Romina Sosa fue víctima de abuso sexual durante su infancia y adolescencia. Cuando iba al jardín, su madre le había prohibido decir que vivía en La Cava. En los pasillos le gritaban gorda. Pero por medio de las danzas urbanas, logró atravesar los muros de su barrio y hacer de su pasión por el baile una herramienta de lucha social.

"Vengan a mover el bote", dice acallando al dolor una vez más e invitando a los jóvenes a emular su serpenteo de caderas en la plaza 12 de octubre, entre Gral Alvarado y Tomkinson.

A pocas cuadras, un paredón de seis metros divide las casas con jardín de San Isidro de las viviendas -en su mayoría con techos de chapa y paredes de ladrillo sin revocar y sin servicios formales- de La Cava. Sin embargo, nadie puede impedirle a Romina Sosa que desoiga las injusticias su barrio. Junto a los vecinos, al Organismo Provincial de Integración Social y Urbana (Opisu), dependiente de la Provincia y al Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, organizó una jornada de verano para chicos en el marco de la urbanización de La Cava. Entre chicos haciendo fila para recibir la merienda y fuerzas de seguridad controlando la entrada al barrio, los vecinos desde sus reposeras posan sus miradas fijas en la figura de Sosa enmarcada entre banderines.

Lleva el look de un hip hopero del Bronx: la remera holgada con la estampa de "Fuera de Foco" (su banda de música), las bermudas de básquet hasta las rodillas y los brazos cubiertos de tatuajes. Despega sus pies del asfalto, sacude su melena y el baile se vuelve la sola realidad de la tarde.

Romina baila con los chicos de La Cava
Romina baila con los chicos de La Cava Crédito: Ignacio Sánchez

"Si no hubiese sido por la danza estaría presa, drogada o muerta. Esas son las opciones que tenés en la villa", dice Sosa, de 31 años, quien fundó en 2014 el grupo de baile urbano Fuera de Foco, un colectivo de "agitadores comunitarios", integrado por artistas provenientes de barrios del conurbano bonaerense La Cava, El Sauce y San Cayetano que ponen la danza y la música al servicio de causas sociales, políticas y culturales.

"Así nos hacemos llamar porque convertimos nuestras problemáticas en movimiento y poesía. Somos cuerpos que se expresan por los jóvenes que ya no están, por los que mataron, por lo que están presos", agrega con la mirada encendida y con la potencia que despertó a muchos.

Sosa conoció el baile cuando tenía 9 años: "Me acuerdo como si fuese hoy de aquel día. Yo salía de mi clase de canto en la Fundación Crear Vale La Pena. Y empecé a escuchar pisoteos en un salón. Me acerqué. Había algo en el movimiento de esa gente que me dejó hipnotizada durante dos horas. Llegué a casa y le dije a mi mamá que quería bailar", recuerda. Con su metro treinta, Sosa fue la primera en llegar a la clase al día siguiente y desde entonces continuó su formación en este espacio.

Romina baila con los chicos de La Cava
Romina baila con los chicos de La Cava Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

La Fundación Crear Vale la Pena (Cvlp), ubicada en Beccar , desarrolla un programa de inclusión social para jóvenes integrando las artes, la educación y la acción comunitaria. Desde que Romina se vinculó con esta institución, se le abrieron las puertas como artista: A los 13 años recibió una beca para estudiar en la Fundación Julio Bocca . "Vivía en dos mundos paralelos. Por un lado la academia, que me dio mucha disciplina, y por otro las clases de Crear y mi vida en La Cava, donde no teníamos cloacas, ni vivienda digna, donde la droga se comía a los pibes y la inseguridad era muy fuerte. Eso me inquietaba y no quería quedarme de brazos cruzados como una víctima más", relata.

Después de formar parte de diferentes proyectos, creó el suyo propio: "Hubo cosas que marcaron mi vida como la violencia, la exclusión y el abuso sexual. Bailar era lo único que me hacía sentir en paz. Fue el motor que me impulsó a luchar para que eso no le pase más a nadie. Ni a la mujer de La Horqueta ni a la de mi barrio", explica Sosa, coreógrafa, bailarina y coordinadora del grupo.

Fuera de Foco está integrado por 12 artistas, especializados en distintas disciplinas, que fusionan el hip hop, dance hall, breaking, beat box, rap, jazz, entre otros géneros. Se trata de un proyecto itinerante y autogestivo que llevan adelante actividades y talleres comunitarios requeridos por escuelas, centros terapéuticos, municipios, organizaciones, etc. Gracias a su trabajo y a la visibilidad que les otorgó Crear Vale La Pena, en 2018, fueron invitados por la organización internacional Kinder Kultur Karawane a participar de un festival junto a otros jóvenes, integrantes de proyectos artísticos de distintos países. Durante un mes, ofrecieron 30 shows de su obra "Quien levanta la mano" y 16 talleres en escuelas, centros culturales y espacios públicos alrededor de Alemania. A través de Cvlp Sosa ya había realizado otras giras, pero la mayoría de los chicos nunca se había subido a un avión. Fue un antes y después para todos. Ninguno entendía el idioma pero no hizo falta. Por medio del cuerpo, lograron contarle a Europa las duras realidades de muchos argentinos.

Romina baila con los chicos de La Cava
Romina baila con los chicos de La Cava Crédito: Ignacio Sánchez

"Fuera de Foco logró conformar un proyecto de denuncia social en el cruce de líneas estéticas tan diversas como el hip hop y la danza contemporánea. Eso es fruto del persistente trabajo de Romina y de los chicos", dice Ines Sanguinetti, directora de Cvlp, la fundación que le dio el primer empuje al grupo y en la que se formaron más de 20.000 chicos, en su mayoría provenientes de barios vulnerables.

Cuando Cristian Arevalo (34) uno de los bailarines del grupo, habla de Sosa, se le quiebra la voz: "Romi me ayudó a ganar confianza en mí mismo. Sufrí bullying durante toda mi vida en el barrio por mi elección sexual y ella me enseño a que cuando uno tiene un sueno, tiene que confiar en eso. Ella hizo del dolor una fuerza imparable".

Además de ser agitadora comunitaria, Romina es madre: "Tener un hijo me cambió la vida. Gran parte de lo que hago y digo es porque el vino a este mundo a enseñarme a ser mejor persona. Quiero demostrarle que no tiene que tener techos para lucha por lo que quiere. Si yo con todos mis problemas me pude defender, lo puede hacer cualquiera", concluye Sosa que aspira a que Fuera de Foco tenga un espacio propio para empoderar a más personas y que estas también encuentren un proyecto de vida a través del arte.

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