Sobrevivientes: ¿cómo seguir después del trauma? Los fantasmas que siempre vuelven

Víctimas de Once y Cromagnon cargan sobre sus hombros con el peso de un duelo íntimo, marcado por símbolos que aún hoy los acompañan en su camino hacia alguna recuperación posible
Ignacio Colo
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7 de octubre de 2014  

Ésta es una serie de retratos de sobrevivientes de dos de las tragedias más importantes que atravesaron como un rayo a la sociedad argentina en los últimos 10 años. Desde el incendio de Cromagnon que el 30 de diciembre de 2004 provocó la muerte de 194 personas hasta el choque fatal del tren chapa 16 contra el andén de la estación de Once donde fallecieron 51 pasajeros el 22 febrero de 2012. Para los sobrevivientes, una parte de sus vidas quedó atrapada ahí, en esas pocas cuadras del barrio de Once que separan a estas dos tragedias.

Más allá de las diferentes circunstancias, hay un hilo conductor invisible que enhebra las vidas de todos los sobrevivientes. Después de la tragedia, nada volvió a ser igual para ellos: noches sin dormir, tratamientos psicológicos y miedos antes impensados. Un trauma íntimo que para muchos se volvió interminable y que siempre regresa con la forma de distintos símbolos y recuerdos de ese instante que les cambió la vida para siempre. Algunos sobrevivientes también perdieron familiares, amigos y novios, con lo cual el campo de dolor de la tragedia se expande aún más allá de ellos.

Suele ocurrir que después de este tipo de tragedias se habla de las causas, responsables y de los familiares de la víctimas fatales, pero muy poco se sabe acerca de los que siguieron adelante y buscan retomar sus vidas normales, como eran antes del trauma. Esta serie de retratos intenta acercarse a una intimidad que pasa inadvertida una vez que los hechos dejan de ser noticia. La intención es mostrar, a través de la fotografía, cómo sigue la vida después de un terremoto emocional imposible de medir. Porque ser sobreviviente es convivir con un duelo propio, es seguir en el día a día con un silencioso abismo que tiene como epicentro el instante mismo de la tragedia.

Más allá de los procesos judiciales, los tratamientos médicos, las protestas callejeras, el desdén institucional, la rutina de ellos está marcada por este cara a cara permanente con sus propias ausencias.

Fotos de Ignacio Coló: www.ignaciocolo.com

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