Soraya Anís El Kik: "Mis hijos ven el orgullo que tengo por lo que hago"
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Hace 30 años que trabaja en el Garrahan . Llegó para hacer su residencia en pediatría y ahora coordina el área de Cuidados Intermedios y Moderados (CIM) 62. En el primer piso, en la "sala", como le dice al sector con pasillos y habitaciones con 34 camas que tiene a cargo, conoce a cada bebé y chico internado por su nombre.
Llegan ahí con una traqueotomía o la necesidad de ventilación por problemas neuromusculares u otras enfermedades que les impiden respirar. Los padres aprenden los cuidados que deberán tener en cuenta después del alta.
Con su equipo y colegas de otros servicios, desde 1999, El Kik encontró la forma con la que, aun con las limitaciones de la enfermedad, los chicos vuelvan a casa con calidad de vida y autonomía. "Antes, estos chicos pasaban tres o cuatro meses internados -dice a LA NACION-. Hoy, entre terapia intensiva y la internación en el CIM son 15 días. Los padres se van entrenados para asistir a sus hijos". En la mayoría de los casos, los pacientes convivirán de por vida con la enfermedad. "Seguramente, lo que mejoramos es la calidad de vida, más allá de cada caso, y les evitamos internaciones prolongadas", agrega.
A ella se la puede encontrar en el hospital a las 7.30 y el horario de salida depende de cada día. El celular lo mantiene encendido las 24 horas. Está casada y tiene dos hijos. Considera que pudo combinar la familia con el trabajo. "Como los dos somos médicos, siempre nos colaboramos y podemos aprovechar mucho el tiempo con los chicos. Mis hijos no sienten que les faltó la madre, a pesar de las guardias, el trabajo los fines de semana y los horarios tan distintos -dice-. Ellos ven el orgullo que tengo por lo que hago".
En los cargos que ocupó, por los que concursó, formó equipos. "Promover las fortalezas individuales le hace bien al grupo. Tuve que liderar grupos muy distintos, con personas mayores que yo. Pero sentir que te reconocen como referente es un premio".
Todavía le conmueve el "gracias, doctora" de los padres cuando sus hijos se van de alta, aun cuando no se podrán curar o si la despedida le sigue a una muerte. "Son hijos, son chicos. Lo que hagamos en el momento adecuado es lo que podría marcar una diferencia en su salud, en su vida. Y eso aún me sigue emocionando", afirma.
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