Sudestada en San Fernando: autos dañados y calles anegadas, una postal que inquietó
El sábado, la crecida del Río de la Plata elevó el nivel del agua hasta 2,98 metros en esa localidad
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El plan era simple: un sábado de verano en el Delta, un paseo en lancha, cielo despejado y sol pleno durante toda la jornada. Martín López y un grupo de amigos habían decidido aprovechar el fin de semana para navegar desde San Fernando, en una de esas tardes que parecen hechas a medida para el río. El clima acompañó de principio a fin, no hacía tanto calor gracias a una brisa fresca y el cielo estaba totalmente despejado.
“Fue un día perfecto, todo sol, el río estaba tranquilo”, recuerda López. La salida se desarrolló sin ningún contratiempo y el regreso a la guardería náutica estaba previsto para el atardecer. Cerca de las 20, ya con el sol cayendo, volvieron a tierra. Nada en el paisaje anticipaba lo que estaban por encontrar apenas caminaran una cuadra desde el club hacia donde habían dejado el auto estacionado.

El vehículo, que había quedado a una cuadra de la costa, tenía la parte trasera claramente bajo el agua. El nivel del río había subido lo suficiente como para ingresar al habitáculo. “Cuando lo vimos nos queríamos matar. El agua había entrado a la parte trasera del auto, no era solo un charco por afuera”, relata. Alfombras empapadas, tapizados húmedos y olor a río marcaron la escena. En la misma situación había otros autos estacionados en la zona, no se trataba de un caso aislado.
Durante la noche poco se pudo hacer. Al día siguiente, el auto fue trasladado a un taller para levantar las alfombras, desarmar parte del interior y comenzar un proceso de secado completo. “Hubo que levantar todo para evitar problemas eléctricos y humedad que después trae más complicaciones”, explica López.
Según explicaron a LA NACION desde el Servicio de Hidrografía Naval, lo ocurrido respondió a un fenómeno meteorológico bien identificado. El sábado a las 19, mientras López estaba en el agua, se emitió una alerta por crecida para la zona costera del Río de la Plata, desde La Plata hasta San Fernando. Los valores pronosticados indicaban un nivel de 3 metros por arriba de lo habitual para el puerto de Buenos Aires hacia las 19 y de 3,20 metros para San Fernando alrededor de las 20.
Finalmente, el río alcanzó los 3,15 metros en Buenos Aires y los 2,98 metros en San Fernando. Desde el organismo explicaron que la crecida se produjo por la persistencia de fuertes vientos del sector sur y sudeste que predominaron en la zona costera y en el sur de la provincia de Buenos Aires. “Estos vientos estuvieron soplando unas 12 horas con la misma intensidad y dirección, lo que provocó un aumento sostenido del nivel del agua”, señalaron.
“El Río de la Plata es muy particular, tiene poca profundidad promedio y una enorme extensión. Esa forma, casi triangular, lo vuelve extremadamente sensible a los vientos, sobre todo los del sudeste, que generan grandes crecidas, y los del noroeste, que provocan grandes bajantes”, detallaron desde el Servicio de Hidrografía Naval. Además, recordaron que enero y febrero son los meses en los que históricamente se registran las crecidas más importantes.

Desde el municipio de Tigre relativizaron el impacto del fenómeno en su distrito. Fuentes comunales indicaron que el nivel del río llegó a 2,80 metros, un valor considerado habitual en una crecida leve. “No se ve nada fuera de lo normal hasta que no supera los 3,20 metros. Los vecinos de zonas como Rincón, Paseo Victorica o Tigre centro ya saben cómo actuar cuando sube el río. No hubo evacuados ni situaciones de riesgo”, resaltaron.
En tanto, desde la Municipalidad de San Fernando informaron que solo se registraron algunos anegamientos normales en calles bajas y cercanas a la costa, sin episodios graves ni complicaciones mayores.
Para quienes dejaron sus autos estacionados en áreas próximas al río, sin embargo, la experiencia fue todo, menos rutinaria. “Uno ve un día perfecto, sol pleno, y jamás piensa que unas horas después el agua va a estar adentro del auto”, reflexiona López. Su testimonio se repite en otros casos similares ocurridos ese mismo fin de semana.
Por ejemplo, a Carlos Méndez le pasó algo muy parecido esa misma noche, luego de haber salido a navegar durante el día por el Delta. Había pasado varias horas en el río y dejó su auto estacionado en una calle lateral, cerca de la costa, confiado en que el nivel del agua no representaría un problema. Cuando regresó, ya entrada la noche, notó algo extraño, incluso antes de llegar al vehículo, el reflejo de las luces sobre el asfalto parecía distinto.
Al acercarse, confirmó la sospecha. El agua había avanzado varios metros más de lo habitual y el auto estaba parcialmente anegado. “La parte de atrás ya estaba metida en el agua. Abrí la puerta y me encontré con las alfombras empapadas”, relata. En su caso, el agua había llegado a cubrir parte del piso del habitáculo, lo suficiente como para obligarlo a no encender el vehículo y buscar ayuda. “Lo primero que pensé fue en la electrónica. Sabía que si lo arrancaba podía empeorar todo”, explica.
Al igual que otros afectados, tuvo que dejar el auto en el lugar hasta el día siguiente. Con la luz del día, la escena fue todavía más clara: marcas de humedad, restos de barro fino y un olor intenso a humedad que se había impregnado en el interior. “Ahí te das cuenta de que no fue un descuido, sino que el agua subió mucho más de lo normal en pocas horas”, señala.
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