“Todo es incierto”: el conflicto por la aplicación de la ley de financiamiento universitario impacta entre los estudiantes
Alumnos de distintas casas de estudios nacionales coinciden en hablar de clima de incertiumbre frente a los paros y las actividades que se desarrollan para reclamar por mejoras salariales y de funcionamiento
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Muchos, están de acuerdo con el reclamo y con la defensa de la educación pública. Sin embargo, reconocen que, en la práctica, en el día a día, las medidas de fuerza que se están impulsando en las universidades públicas nacionales están alterando las cursadas y generando un clima de incertidumbre, ya que se acercan los primeros parciales. En algunas materias, todavía directamente no se dictaron clases presenciales, solo se enviaron materiales para lectura. El desconcierto entre los estudiantes es generalizado. Para muchos, aún en una fecha de parcial, saber si las aulas van a estar abiertas al día siguiente, es una verdadera una incógnita.
Como el caso de Juan Ignacio González, estudiante de Medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA), que, como es de Corrientes, vino a rendir parciales de las materias del Ciclo Básico Común (CBC) que cursó a distancia y tendrá que quedarse un mes para poder rendir ya que las fechas se pasaron por el paro. O como Soledad V., una estudiante de Ingeniería Ambiental de la Universidad de San Martín (Unsam) que cuenta, bastante ofuscada, que entre los paros docentes, los no docentes y los feriados, a pesar de haber empezado a cursar a principios de marzo, apenas tuvo diez días de clase. O como Sofía, alumna de quinto año de Arquitectura en la Universidad de La Plata (UNLP), que cuenta que en lo que va del año perdió varias semanas enteras.

En algunas oportunidades, al llegar a la facultad, se encontró con las aulas cerradas, aunque los docentes querían dar clase, la medida de fuerza de los no docentes lo impedía. Otras veces, se encontraron con que no había tizas. O con carteles en el hall principal que advertían que no habría papel higiénico en los baños como parte del reclamo. En otras universidades, por situaciones de este tipo, hay docentes que dictan su clase, pero los estudiantes no los escuchan, porque no tienen micrófono, ya que los sonidistas se adhirieron al paro.
Cecilia, de 18 años, cuenta que está cursando el CBC de Comunicación Social, pero hasta ahora, de Semiología no tuvo ni una sola clase y no sabe qué va a ocurrir para el parcial. O como Tomás Reyes, que estudia en la UNLP y es deportista de la facultad, que va a representarlos en los próximos juegos Panamericanos, en Lima. Pero que hay veces que por el paro no puede entrenar porque el campo deportivo está cerrado, o no puede concurrir a almorzar en el comedor, ya que es de otra provincia, ni ir a estudiar a la biblioteca. “Cuando no sos de acá, se te cierran muchas puertas con un paro”, dice.
Estas son algunas de las situaciones cotidianas que están viviendo los estudiantes, en medio de las medidas de fuerza del mundo de estudios superiores, para reclamar que el Gobierno aplique la ley de Financiamiento Universitario.
Estrategias propias
Después de la semana de paro que marcó el inicio del cuatrimestre a mediados de marzo, los gremios universitarios comenzaron a delinear medidas de fuerza. Cada uno avanzó con estrategias propias, y el panorama de clases fue heterogéneo. Pero volvieron a coincidir el 31 de marzo en una jornada que incluyó clases públicas frente a la casa del jefe de Gabinete, Manuel Adorni. La Federación Nacional de Docentes Universitarios (Conadu) convocó a una semana completa de paro entre el 30 de marzo y el 3 de abril y otra desde el 27 de abril hasta el 1° de mayo. La Confederación de Trabajadores de la Educación (Ctera) sumó una jornada de protesta el 1° de abril.
El sector no docente nucleado en la Federación Argentina del Trabajador de las Universidades Nacionales (Fatun) resolvió un esquema escalonado con un día de paro por semana el 8, 17 y 23 de abril. Esta semana, bajo la consigna “la universidad no se apaga”, las casas de estudios nacionales se mantuvieron abiertas durante 24 horas con diferentes actividades académicas, culturales y científicas. Ya prevén la cuarta marcha federal para la primera quincena de mayo. “Si no aparecen respuestas, volveremos a convocar a la sociedad argentina para manifestarnos la primera quincena de mayo en todo el país en defensa de la educación, la universidad pública y la ciencia nacional”, dijeron los rectores en el último comunicado del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN).
Aunque una mayoría de estudiantes apoya el reclamo, en la práctica muchos se sienten desorientados y preocupados por cómo los va a afectar en los próximos meses. “Antes de ir a una clase, en todos los grupos aparece la pregunta, saben si hoy hay clases. Nunca sabés”, cuenta una estudiante.
LA NACION entrevistó a más de 20 estudiantes de distintas universidades y facultades de todo el país que narraron cómo están viviendo las medidas de fuerza.
“De Semiología todavía no tuve ninguna clase. Nos mandan drives y cosas para ver. Dentro de poco tenemos el primer parcial, pero no se sabe si se va a mover la fecha o qué va a pasar”, dice Cecilia, que tiene 18 años y estudia Comunicación Social en la UBA y está cursando en CBC en la sede Avellaneda. Su amiga, Morena Oliveira, que está haciendo el CBC para Arquitectura, aporta: “En las clases los docentes nos hablan del conflicto, el otro día, un profesor nos mostró su recibo de sueldo. Es una miseria”, dice.
María F. tiene 18 años y es estudiante de la Universidad Nacional de las Artes (UNA). “Estamos teniendo un paro programado no docente todas las semanas. A pesar de esto, los profesores hacen el esfuerzo de seguir con el cronograma y utilizan plataformas virtuales para poder dar clase. O, cuando hay paro docente, algunas cátedras deciden no adherirse por completo y dan clases más cortas como para poder avanzar. En una de mis materias, por ejemplo, ya nos avisaron que no vamos a poder realizar todas las actividades previstas, vamos a terminar haciendo menos trabajos, por la falta de tiempo”, contó.
Florencia, su hermana, cursa tercer año de Derecho, en la UBA. Allí, el panorama es distinto, ya que la situación varía según la universidad pero también la facultad. “Mi facultad es más rígida con el tema de los paros. La mayoría son paros no docentes, ahí se cierra la facultad y no se puede ingresar. A mí me tocaron cátedras que los docentes no se adhieren, en general. Yo en este año solo tuve un paro. Y considero que es por una causa justa”, aportó Florencia.

Soledad V. tiene 19 años y es estudiante de Ingeniería Ambiental la Unsam. Está cursando el Ciclo de Preparación Universitaria (CPU). “Curso tres días a la semana, un día por materia, lo que ya de por sí es poco. Y la realidad es que con los paros estoy yendo prácticamente nada a la facultad. Tiene una dinámica híbrida, o sea, es mitad virtual, mitad presencial, pero clases virtuales no tengo. Además están los paros no docentes, cuando directamente la facultad no abre. Entonces, por más de que los docentes quieran dar clases, no se puede. Así que, la realidad es que hasta ahora, contados, habré ido diez veces como mucho a la facultad en lo que en lo que va del cuatrimestre, y yo empecé el 9 de marzo”, cuenta Soledad. Si se suspenden las clases, les avisan por el campus. Igual, siempre antes de salir hay que chequear que no haya paro. “Los materiales de las clases nos los pasan y hay que leer antes de la clase para poder debatir, pero al no tener clase, esta instancia de interactuar con el docente se pierde. Se acumula mucho material”, dice.
Desde Corrientes
“A mí me parece que los paros están afectando demasiado. Yo soy de Corrientes y estoy haciendo el CBC para Medicina, a distancia, por UBA XXI. Y estos paros me perjudican. Vine a Buenos Aires por dos semanas, en las que iba a rendir Introducción al Pensamiento Científico y Sociedad y Estado. Y como la fecha era el 24 de abril, que hay paro, se pasó y en lugar de quedarme unos días me tengo que quedar un mes. Estoy parando en la casa de una tía, pero no era la idea. Incluso hoy (por el viernes último), que tenía que venir a rendir, en los grupos de WhatsApp se decía que no se iba a tomar, por el paro, pero al final no pasó. Es complicado”, cuenta Juan Ignacio Fernández, de 18 años.
“Estamos teniendo muy pocas clases”, dice Sofía R. que estudia Arquitectura en la UNLP. Está en quinto año. “En las cátedras en las que yo estoy no se adhieren a los paros, pero por ahí, llegamos a cursar y no hay clases porque no nos abren las aulas, o no hay tizas. Papel higiénico no tenemos, hay un cartel, ni bien entramos a la facultad que dice que no hay papel en ningún baño. Esto es por los paros no docentes”, explica. Desde que empezaron las clases, el dictado fue intermitente. “Esta es mi cuarta semana. La primera semana directamente no hubo clases. La segunda, en vez cursar cinco días debo haber ido dos veces, de las cuales una llegué a la facultad, y no había aulas, nos fuimos. Y después, estas últimas dos semanas, sí tuve clases, pero por ahí dan los teóricos sin los micrófonos y porque las personas que se encargan de eso están de paro”, relata.
Melina R, la hermana de Sofía, está en quinto año de Psicología, también en la UNLP. “Esta semana que pasó cursé completa, y la semana anterior la mitad. Yo tuve que haber arrancado hacía como dos semanas. Mi facultad está muy politizada, pero dicen que esto es algo histórico que nunca pasó, estamos cursando poco y nada. Ya no es un día de paro o dos, son semanas enteras sin clase. La semana que viene hay otro paro. Los profesores nos dijeron que iba a ser un cuatrimestre complicado, y que estaban viendo de darnos virtual”, cuenta.
Naiara Rosales está cursando el CBC para Abogacía en la UBA y su amiga Luz Ávalos, está haciendo el ingreso para Odontología. Las dos son de Ezeiza y tiene 18 años. El viernes llegaron para rendir examen de UBA XXI, pero no sabían exactamente qué iba a pasar. “En los grupos en general se avisa y te enterás, pero nunca se sabe. Yo estoy cursando una materia presencial. Mis profesores no se adhirieron, pero hay bastante desconcierto”, dice Naiara.
Tania Lyzak, de 18 años, caminaba nerviosamente por la Plaza Houssay, con el cuaderno de apuntes en la mano, repasando los temas para el primer parcial de Pensamiento Científico. En una hora tenía que rendir, una de las materias del CBC para ingresar a Derecho en la UBA. “Hasta última hora, en los grupos se decía que no lo iban a tomar porque se había anunciado un paro, pero al final la UBA no se adhirió. Yo vine igual y menos mal, porque al final están tomando. Un compañero que conocía a un profesor pudo preguntar y le dijeron que se tomaba. Pero el otro parcial nos lo pasaron las el 8 de mayo, por el paro. Está todo muy incierto”, asegura.
Manuela Ruiz Ghigliani, tiene 23 años y es estudiante de tercer año de la Licenciatura en Artes Audiovisuales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). “Si bien los días de paro pueden ser incómodos para la cursada, los reclamos me parecen dignos y lo suficientemente relevantes como para justificar la molestia. Del mes que llevo de cursada, tuve 16 días de clases que transcurrieron de manera normal -hay que tener en cuenta los tres feriados en el medio-; sin embargo, algunos profesores las dictaron de manera online o subieron los contenidos al campus. Además, las medidas de fuerza habían sido anunciadas previo al inicio de clases”, dice.
Tomás Reyes tiene 19 años y es estudiante de la Facultad de Ciencias Exactas en UNLP, de la carrera Biología Molecular. “Mañana (por el viernes) hay paro, pero vamos a tener clases virtuales. Hay docentes que se adhieren, algunos que no. Los profesores tienen buena disposición, si hay paro, dejan material y más o menos se puede seguir a ritmo, pero las clases se atrasan igual. Las cátedras que tienen más paro van a su propio ritmo. Hasta ahora, al menos una vez a la semana, estamos teniendo paro” cuenta Tomás.
Además de alumno, Tomás practica atletismo y representa a la universidad en esa disciplina. “Cuando hay paro no docente, solemos tener dificultades para entrenar. A veces nos dejan pasar. Pero otras, sí cierran todo, no se puede. También los paros complican con las documentaciones o trámites que hay que presentar para las competencias. Y hay otros temas. Para los que venimos del interior, la universidad cerrada es un problema. Yo suelo ir al comedor de la facultad, que es un beneficio de bienestar estudiantil, porque soy de Villa La Angostura. Y cuando hay paro, no hay comedor, te tenés que arreglar. También queda cerrada la biblioteca, se hace difícil”, dice.

Lucas, tiene 20 años y este cuatrimestre debería terminar el segundo año de la licenciatura en Turismo y Negocios, en la Unsam. “En mi caso, siento que no afecta mucho la cursada, si algún profesor quiere dar clases, se puede dar. Además, los profes se anticipan, nunca nos dejan ahí clavados. En el paro de hoy, (por el viernes) tenía Contabilidad 1. La profe dio la posibilidad de conectarse de manera virtual, pero no había faltas. Y la docente de portugués nos dejó ejercicios, que no eran obligatorios. Yo nunca sentí que se viera atravesada la cursada por el paro, en cambio siento que lo que nos está afectando es el tema del presupuesto. Si tenemos profesores que no llegan a fin de mes, que la están pasando mal o no tienen ni para cargar la SUBE para venir a dar clase, también afecta”, apunta.
Luciano Stupenengo tiene 19 años, y está cursando el primer año de Abogacía en la UBA. “En lo que me tocó en la Facultad de Derecho, no tuve ningún paro. Si bien existe el reclamo docente, todos los profesores antes de empezar la clase explican la Ley de Financiamiento Universitario y que el presupuesto no alcanza. Pero siempre tuve clases”, dice.
Nahuel Conte, está cursando la licenciatura en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. “Estoy haciendo una materia y después estoy haciendo investigación en la facultad. Está bastante difícil. La primera semana fue con paro, se proyectaron clases en videos, las de la pandemia. La segunda semana se cursó, pero esta semana otra vez están afectadas las clases. La teórica se dicta, pero la práctica, que es inmediatamente después, no, y los laboratorios tampoco están funcionando. O sea, dos de tres instancias están de paro”, plantea. “Estoy a favor de la medida, porque la situación de los docentes titulares no da para más, y es aún peor para los ayudantes y jefes de trabajos prácticos. Pero, lo cierto es que hay mucha incertidumbre, ahora se acercan los parciales y no sabemos qué va a pasar", dice Conte.
En Córdoba
Valeria Fernández es estudiante de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC): “Este martes y miércoles[en relación a la semana pasada] hubo algunas clases virtuales; este jueves hubo asueto porque es el día del docente universitario de la UNC y el viernes no hubo actividad. Desde que empezamos hubo tres días de paro en Semana Santa, con lo que arrancamos con las clases la semana pasada. La semana del 27 habrá otra medida de fuerza y ya adelantaron que puede seguir de manera progresiva”, dice Fernández, que cursa el segundo año.

“No solo hay paros docentes sino de no docentes, con lo que se cortan servicios como la apertura de aulas, habilitación de computadoras, entrega de material. Entonces algunos profesores -que tienen que presentarse- prefieren dar clases virtuales como en plena pandemia. Cuando hay paro, los docentes deciden considerar el tema como ya visto, aunque solo se de un pantallazo”, apunta.
Héctor Ferreyra es estudiante de tercer año de Derecho de la UNC. “Hemos perdido clases, los turnos de exámenes se tomaron. Hay que ver qué pasa con los de mayo, si es que el conflicto se extiende. ¿Molesta? Y, sí. Pero también es entendible la protesta”, dice.
En la misma universidad, Christian Melo cursa segundo año de Ciencias Económicas. El panorama que encuentra es similar: “No hemos perdido muchas clases al menos en las materias que curso y, hasta el momento, las próximas fechas de examen están previstas. Hay carteles con los reclamos de los universitarios, que están más que justificados”, apunta.
En la zona del litoral del país, el panorama es parecido. Sofía García es alumna de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Ella dice que se plegó a las protestas. “La crisis que vive la universidad afecta no solo al mundo académico, sino a toda la sociedad, por lo que es necesario que haya apoyo de todos”. Esta estudiante de la carrera Letras afirmó además que “este tipo de protestas, que no solo incluyen paros, son vitales para hacer ver el valor que tiene la universidad”.
“Naturalmente a uno le encantaría tener las clases completas todo el año, pero en los últimos años uno va normalizando el conflicto constante, sabemos que es una medida fuerte, pero también sabemos que mi profe para que se pueda dedicar a dar clases y formarse, necesita un salario digno”, reflexiona Martín Saavedra, que cursa cuarto año del profesorado de Matemática e integra el Centro de Estudiantes de la Unidad Académica Río Gallegos, una de las cuatro sedes que la Universidad Nacional de la Patagonia Austral (UNPA) tiene en Santa Cruz.
Según datos de la universidad más de 4.000 estudiantes nuevos se inscribieron este año, alcanzando los 10.000 en toda la provincia. Saavedra explica que en materias comunes se registran aulas desbordadas y con mínimos equipos de cátedra. “Estamos atravesando un momento donde hay una docencia que se está jubilando y por otro lado no se contratan nuevos profesores”, describe.
En la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), con sedes en Mendoza y San Juan, hubo quejas de padres de los estudiantes que denunciaron que sus hijos eran “rehenes” del conflicto.
“Tenemos algunos atrasos, y demoras, pero apoyamos el reclamo de docentes y directivos”, expresó Martín, estudiante de Ciencias Políticas. “Es un garrón cuando no tenemos clases, pero la verdad es que hay que apoyar para que no desfinancien aún más las universidades públicas”, señaló Andrea, alumna de la carrera de Comunicación Social. “Es un problema que nos atraviesa a todos y hay que defender, no podemos mirar para otro lado, porque también de esto depende nuestro futuro”, indicó María, alumna del Colegio Universitario Central (CUC).
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