Un ámbito que fue siempre sinónimo de rock
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En 1979, cuando hacía poco más de un año que en el estadio habían comenzado a realizarse recitales, el grupo Almendra se reunió durante seis inolvidables funciones. En ese momento comenzó a crearse el mito que convirtió el estadio de la Avenida del Libertador en la Catedral del Rock.
No era para menos; allí se presentaron muchos músicos y grupos del exterior que el público argentino había soñado ver en vivo durante años. Bob Dylan, en su primera visita, en 1991; Iggy Pop, Emerson Like & Palmer, Chick Corea, Deep Purple, Yes, Jethro Tull, B.B. King, las varias visitas de los Ramones, Bryan Ferry, Red Hot Chili Peppers y muchos más.
Pero también ha sido, durante estas dos décadas, algo muy especial para los grupos locales. Porque llegar a Obras comenzó a ser sinónimo de jugar en la primera división. Y recibió su otro apodo: la Meca del Rock, el destino natural de las bandas que, luego de tocar en garajes o salas de ensayo, y de recorrer pubs, bares y sótanos, llegaban por fin a poder convocar a las cinco mil personas necesarias para que un show en el estadio se convirtiera en fiesta.
En 1997 estuvo cerrado durante varios meses con el fin de realizar las obras de infraestructura necesarias para poder seguir funcionando y el año siguiente no hubo demasiada actividad. Pero desde marzo de este año, el estadio recuperó su ritmo y Attaque 77, Divididos, Los Piojos, Almafuerte, Viejas Locas, Los Caballeros de la Quema y Bersuit Vergarabat demostraron allí su poder de convocatoria y la buena salud del rock local.
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