Un chalecito que casi toca el cielo
Por Carlos Guarella Especial para lanacion.com
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Como ya comenté alguna vez, los domingos son días más distendidos para trabajar. Un domingo contesté un viaje de radio y fui a buscar a una pasajera, que se llamaba Julia, en la calle Senillosa y Chaco. Se trataba de una mujer muy observadora.
Tras los saludos de rutina, las conversaciones sobre el tiempo y el poco tránsito que había en las calles, Julia me relató una historia personal muy curiosa, que desarrollaré en una próxima nota.
Hoy les voy a contar que cuando íbamos por Carlos Pellegrini, al cruzar Tte. Gral. Juan D. Perón; ella exclamó: "Mire eso, allá arriba entre los carteles publicitarios, ¿qué es?". Le respondí: "Un chalet que fue construido en 1927 y si quiere le puedo contar la historia que conozco. Seguramente, habrá otros detalles a los que no he tenido acceso, pero le cuento lo que sé".
- Si, adelante, cuénteme porque me intriga mucho un chalet tan particular en medio de los carteles publicitarios y de los edificios- dijo ella.
Con ese impulso comencé mi relato.
Un señor valenciano que vino a la Argentina llamado Rafael Díaz logró construir-gracias a varios trabajos- un edificio en Sarmiento 1113 para poner allí una mueblería, la recordada firma Muebles Díaz. Se la conocía por ser una de las primeras en vender productos con financiación.
El edificio tenía nueve pisos y en cada uno de ellos había una exposición de los diferentes estilos de muebles que se vendían. Díaz vivía en la localidad de Banfield y no podía ir todos los días a almorzar a su casa, entonces se acordó de un chalet que siempre le había gustado y que estaba en Mar del Plata.
Encargó a un arquitecto que le construyera un chalet en la terraza de su edificio, casi a imagen y semejanza del que recordaba; para poder almorzar y luego dormir una reparadora siesta.
El chalet cuenta con tres plantas y un hermoso "bow-window". Díaz tenía allí sus oficinas y fue lo que podríamos llamar un precursor al amoblar el chalet con sus productos como si se tratara de una casa para exhibir sus muebles. Un auténtico "show room", donde los potenciales compradores podían admirar como quedaban los muebles ubicados en sus casas.
Con el transcurso de los años y, como buen conocedor de la importancia de la publicidad, Díaz decidió instalar en el chalecito una emisora de radio que perteneció a la mueblería. Cuando dejó de emitir, la antena fue utilizada varios años por la frecuencia de Radio Rivadavia.
Desde la avenida 9 de Julio ya construida se visualizaba el chalecito de Muebles Díaz. Es más, funcionaba como un punto de referencia para los encuentros. "Nos encontramos enfrente del chalecito de Muebles Díaz", decían los peatones.
En 1968 falleció Rafael Díaz y la empresa quedó en manos de sus hijos. Durante la década del 70 mantuvieron muy pocos pisos y la planta baja como exposición. El resto de los pisos fueron alquilados a diversas empresas. Allí, por ejemplo, funcionaron las oficinas de Laboratorios Abbot, donde conocí a su gerente de publicidad el Sr. Bandín.
Tuve la oportunidad de conocer interiormente el chalecito cuando en la década del 80 fue alquilado por una empresa de tiempo compartido.
Se llegaba al palier por ascensor y luego por escalera, hasta el chalet. Un dato curioso: en la buhardilla se encuentran los motores de los ascensores del edificio.
Con el correr de los años Muebles Díaz cerró sus puertas y sólo quedó como un recuerdo el famoso chalecito.
Julia no podía creer semejante historia, y luego de un rato volvió a retomar el relato de su historia, relacionado con su vida personal y que oportunamente les contaré.
Recuerden el nombre de la pasajera, porque es increíble lo que le sucedió.
Será hasta nuestro próximo encuentro.
Re-conociendo Buenos Aires

*Carlos Guarella hace 15 años que es taxista y remisero. Su profesión original es Dibujante, Ilustrador y Diseñador Gráfico. Además es historietista y estudió con maestros del dibujo como Alberto Breccia y Hugo Pratt. También es Maestro Mayor de Obras. Trabajó muchos años como diseñador para importantes laboratorios medicinales, desarrollando literaturas, folletería y packaging. Integró la Asociación Argentina de Promotores Publicitarios y fue editor y director de la revista "Horas de Radio", un mensuario de 10.000 ejemplares que se vendía en todos los kioscos de Capital y GBA. Fue productor y conductor de varios programas radiales en distintas emisoras y columnista. Sus placeres: manejar automóviles; dibujar, escribir y la hacer radio. Tiene 66 años y el auto que maneja en la actualidad es un Chevrolet Corsa Wagon. Trabaja al volante 12 horas diarias.
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