El dueño de una vidriería indicó en LN+ que una normativa vigente desde hace más de una década fue clave para evitar una tragedia; cómo funciona este tipo de material y qué falló en el mantenimiento del balcón
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El impactante episodio ocurrido en el barrio porteño de Palermo reabrió el debate sobre la seguridad en fachadas y balcones. Un hombre que tomaba un café en la vereda fue golpeado en la cabeza por un panel de vidrio que se desprendió desde un cuarto piso. Pese a la violencia del impacto, sobrevivió con heridas que no pusieron en riesgo su vida, y la explicación está en un detalle técnico clave: el tipo de vidrio.
“No fue un milagro: se salvó porque existe la ley de vidrio seguro”, explicó Guillermo, dueño de una vidriería, en una entrevista con LN+.
Según detalló, si el panel que cayó hubiera sido un vidrio común, sin tratamiento, “esta persona hoy no estaría con nosotros”. La normativa, vigente desde 2007 —tras la muerte de la nieta de Raúl Alfonsín, quien falleció a los 15 años tras un accidente con un vidrio en su escuela en 2004— y reforzada en 2022 con normas IRAM, obliga al uso de vidrios de seguridad en barandas y balcones.

Qué es el “vidrio seguro”
El panel que cayó era un vidrio laminado, también conocido como blindex. Está compuesto por dos láminas de vidrio, de tres o cuatro milímetros unidas, por una película plástica mediante un proceso de fundido.
“Cuando se rompe, no estalla ni se desprenden piezas: queda contenido”, precisó el especialista. Ese comportamiento fue determinante para que el golpe provocara lesiones leves y no un desenlace fatal.
A diferencia del templado —que sí estalla y por eso no puede colocarse en barandas—, el laminado se quiebra de manera controlada. Incluso dañado, puede seguir siendo seguro desde el punto de vista estructural y requerir solo un recambio estético.

El rol del mantenimiento
Para Guillermo, el problema no estuvo en el material, sino en la instalación y el mantenimiento. La baranda tenía estructura de hierro con óxido, lo que habría deteriorado los calzos y la silicona que sostenían el vidrio. “Si el calzo es de madera en lugar de plástico, o si se usa silicona acética en vez de neutra, el material se daña con el tiempo”, advirtió.
En ese sentido, remarcó que el director de obra debe verificar la correcta colocación y que luego la administración del edificio tiene la obligación de controlar el estado de las fachadas. “Si un vidrio de balcón se mueve, estamos ante un riesgo potencial”, subrayó.

El hecho y la investigación
El hombre, de 50 años, sufrió un traumatismo de cráneo y cortes en la cabeza y un brazo. Fue asistido por el SAME y trasladado al Hospital Pirovano, donde recibió más de 20 puntos de sutura y quedó fuera de peligro. Bomberos retiraron preventivamente la otra placa de vidrio del balcón.

La Justicia investiga responsabilidades. Desde el gobierno porteño recordaron que la ley obliga a propietarios y consorcios a mantener las fachadas en buen estado. Especialistas en consorcios coinciden en que la falta de controles periódicos y el mantenimiento “a parches” suelen estar detrás de este tipo de accidentes.
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