Usar traje pasó de ser una obligación a ser una elección
Más entallado o descontracturado, se lleva a toda hora y se reinventa.
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Hubiera sido mejor poder usar los bolsillos si hubieran estado disponibles. Parado en la cola del banco mientras espera su turno, un veintipocos hace lo imposible para que todos los papeles que tiene en sus manos no se le caigan. Hay sobres, cheques y formularios. En un día gris en un lugar gris en el que todo siempre es igual de aburrido, el cadete se convierte en el centro de la atención, con su impecable traje brillante y entalladísimo, que no le deja espacio ni para poner una lapicera, que también tiene en la mano. ¿Habría estado más cómodo con otra ropa? Seguramente. Y si el traje fuera una obligación laboral, ¿no estaría más cómodo con uno menos apretado y más funcional? Es posible.
La historia juzga al ambo como una prenda relacionada con la seriedad y las obligaciones, pero desde hace al menos cinco años todo parece estar centrado en la elegancia, el estilo y la funcionalidad. "El traje ya es una elección", afirma Claudio Zafarani de Garçón García, "y el slim fit hizo que sea más descontracturado, que pueda ser usado tanto para una salida como para ir a trabajar", agrega. Para Zafarani la clave está en el saco, porque es ésa la prenda que realmente viste, y que puede ser combinada con un jean, e incluso zapatillas: "eso es un derecho adquirido, el saco viste más allá de con qué se lo combine".
Utilitario con onda

"El traje entallado definitivamente no sirve para cualquier ocasión", dice Lucila Sperber, Brand Manager de Rochas París. "El ambo debe resolver tres características básicas que los hombres necesitan: ser utilitaria, seria y formal; y si bien está lejos de ser una prenda estática, va mutando en cuanto a su moldería, colores, a los detalles. El hombre constantemente busca renovarse, y por eso trabajamos con mucha sutileza en los entalles, los anchos de las solapas, los botones, los colores de los bajocuellos", agrega, y aclara que es por esas tres características que sus molderías no llegan a ese nivel de slim fit "porque eso haría que el traje pierda esa capacidad de ser una prenda de vestir con onda, pero utilitaria".
Aunque parezca que es siempre igual, el traje experimenta pequeñas mutaciones temporada tras temporada, casi siempre ligadas a los detalles: dos o tres botones, saco más largo o más corto, solapas finas versus anchas (y en punta, o redondas, o con otro género). "Era una prenda clásica y ahora es versátil, y hoy hay tantas variantes como nunca hubo", define Elías Romano, de Prototype. "Hoy es impensado que un hombre se compre un traje ancho, o con el saco largo o la solapa ancha, no porque no le vaya a quedar bien, sino porque el ojo se fue acostumbrando a lo actual, y ya no le gusta más un traje que no sea entallado", arriesga. "El hombre es más cuidadoso con su propia imagen, y la moldería del ambo tiende a acompañar esa tendencia, a estilizar, a que deje de verse como un bloque", coincide Sperber.

¿Cómo compatibilizar, entonces, el querer lucir actual con la inversión que requiere un traje? Si bien el rango de precios es amplio - en tiendas como Macowens se pueden conseguir combos de traje+camisa+corbata desde de mil setecientos pesos; y en firmas com Devré el ambo más económico ronda los dos mil pesos- nunca un traje es una inversión que se haga sin mirar y comparar precios y calidades. Romano sostiene en la actualidad el traje es una buena inversión, y argumenta porqué vale la pena pagar los 8 mil pesos que cuesta uno de su marca: "Si se quiere vestir bien, invertir en un traje está más justificado que nunca, porque con uno se pueden hacer múltiples combinaciones".
Por su parte, Sperber sostiene que un traje es una inversión que se amortiza mejor, porque es algo que se usa más y que está más relacionado con el trabajo. "Nosotros usamos el mismo estilo de traje desde hace 4 o 5 años, y puede variar un poco el ancho de la solapa, pero no mucho más", dice Zafarani, sin temor a que uno con un par de años de antigüedad quede viejo. "Y eso pasa con casi todos: cambian las forrerías, las telas y los detalles, pero el corte es el mismo", cierra.
Estilo presidencial

"El Presidente es una persona muy austera, muy sobria y que no quiere llamar la atención con su ropa", cuenta Lucila Sperber, Brand Manager de Rochas París, la marca que viste a Mauricio Macri. "Su idea es estar correcto y cómodo para poder hacer su trabajo, con telas nobles, que no persigan la moda", agrega, "con colores oscuros para los trajes y claros para las camisas". Consciente de que en la política no sólo es importante lo que se dice y lo que se hace, sino también lo que se usa, Sperber cuenta que Macri se encarga personalmente de elegir lo que se va a poner, y que le gusta proyectar una imagen cuidada, pero no extremadamente formal, y así explica la ausencia de corbata. Un traje azul con una camisa celeste nunca fallan, y la política no es un lugar para arriesgar demasiado, ni siquiera en ese aspecto.
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