¿Aprender a programar solo para programar?

Melina Masnatta
Melina Masnatta PARA LA NACION
Crédito: Gentileza Chicas en Tecnología
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3 de septiembre de 2019  • 13:05

¿Aprender a programar es solo un interés para el universo escolar? ¿O para quien busca su primera carrera? Hay un marketing que acerca a la programación por la programación misma: "aprendé a programar porque es lo que pide el futuro". Pero en realidad no está muy claro qué es lo que pide ese potencial futuro, dinámico y cambiante.

Ya está instaurado que al ritmo de la transformación digital, los cambios tecnológicos crean nuevos empleos y abren un campo con un potencial impredecible. Pero no solo se trata de la aparición de expertos en Big Data, especialistas en ciberseguridad, robótica e inteligencia artificial. La disrupción tecnológica también impacta en las profesiones ya existentes modificándolas de manera sustancial.

Según el informe del World Economic Forum 2018, mientras que hoy el 71% de las tareas en la industria son desarrolladas por humanos y el 29% restante por máquinas, para 2022 se espera que esa relación pase a ser de 58% y 42% respectivamente.

Profesiones como la abogacía, por ejemplo, incorporaron la digitalización en los procedimientos y trámites de tribunales. Procesos que antes se hacían de forma manual, ahora se hacen de forma automática y a distancia.

Algo similar ocurre en el ámbito de la arquitectura. Los arquitectos manejan diversos programas en relación con las tareas que les son propias: cálculo de estructuras, instalaciones, mediciones, presupuestos, programas de gestión de clientes, Autocad , Sketch Up, programas de gestión del tiempo, plataformas de compras, etc.

Los médicos llevan las historias clínicas en computadoras y los diagnósticos se graban digitalmente. El software les permite mayor precisión en diagnósticos y tratamientos. Algunos imprimen en 3D los modelos que reproducen la anatomía de un hueso lesionado por ejemplo para planificar una cirugía. Hay programas que permiten consultar al instante qué decisiones han tomado otros médicos en casos similares y cuál ha sido el resultado.

Un odontólogo podría atender con más precisión a un paciente que carga detalladamente en una app qué come y qué no come. Con esos datos se puede evaluar el potencial desarrollo de caries. También un nutricionista puede ver beneficiada su tarea si cuenta con información similar provista por una aplicación para evaluar los hábitos de alimentación y tomar decisiones.

Entonces, programar ya no se trataría solo de un tema para ingenieros o analistas de sistemas. No importa a qué te dediques, tus tareas estarán cada día más mediatizadas por la programación. Tampoco es un tema de "jóvenes": la expectativa de vida tiende a ampliarse y con ello, la calidad de vida y la vigencia profesional de los +45, como cuenta Sebastián Campanario en su libro "Revolución Senior". Por lo tanto, pensar orgánicamente la programación nos lleva a pensar en estrategias.

A pesar de que hace bastante tiempo se habla de incorporar tecnología en las aulas, todavía hay muchos desafíos para abordar la enseñanza. "La programación es a Informática, lo que geometría o aritmética a Matemática, gimnasia y los deportes a Educación Física, o la enseñanza de la lectoescritura a Lengua y Literatura", reflexiona Gustavo Cucuzza, titular de la Asociación de Docentes de Informática y Computación de la República Argentina ( ADICRA): "Necesitamos contar con los distintos conocimientos que aporta esa disciplina para comprender el mundo que nos rodea: voto electrónico, dispositivos "inteligentes", seguridad informática, internet de las cosas y las consecuencias o cuidados a tener en cuenta con el uso de las distintas tecnologías, como el grooming, sexting, ciberbullying, la identidad digital". ¿Y si pensamos que la programación no sea un medio para un fin? ¿Y si acercamos estas experiencias reales de transformación digital? Quizás pueda ser un puente entre el mundo del afuera de la escuela y el mundo educativo.

Lucía Martín, Luli, es egresada y parte de Chicas en Tecnología, estudia Ciencias Políticas y desde su campo de interés a los 15 años ideó 5ntar, una app para denunciar el acoso callejero y dar contención a las víctimas. Sin ser ingeniera ni analista de sistemas, Luli encontró a través de la tecnología una posibilidad de mejorar un problema cotidiano que impacta en varias personas.

La programación no solamente tiene que ver con crear código, implica comprender cómo todas las profesiones se están viendo afectadas por algún software que impacta en la manera de concebir las tareas propias de cada trabajo. Esos softwares se crearon considerando determinados algoritmos y datos, entre otros elementos, y esas son decisiones que impactan a escalas que aún no conocemos. Hoy las estrategias para atraer que más personas se interesen en la programación no son suficientes y sostenibles si pensamos por ejemplo solo en los sueldos altos. Es necesario atraer con otros incentivos, que van desde la importancia de participación ciudadana, hasta qué y cómo la misma profesión se ve transformada y dónde va a estar el aporte de valor de cada oficio conociendo la forma en que se crea esa tecnología.

Pero por sobre todo, la programación nos trae desafíos en el campo de las decisiones éticas que tomamos, y esto incluso podría impactar en los juramentos hipocráticos de varias profesiones, sin ir más lejos en el campo de la medicina hoy la pregunta es: ¿cuál es el límite del uso de datos de un paciente?. Por ahora, hay desafíos que requerirán del juicio humano y resulta preocupante cierta tendencia a pensar solo en los procesos de automatización, sin considerar este factor humano clave para el futuro. Quizás experiencias como la de Luli nos ayudarán a encontrar algunas de las respuestas para este dilema.

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