La compañía gestionó la oferta pública de acciones de tal forma de no ceder el control de la compañía, y beneficiando a los pequeños inversores
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Payaso, genio, provocador, showman, canalla... son algunos de los apelativos a los que recurrió Time para justificar el nombramiento de Elon Musk en 2021 como su ‘Personaje del Año’. “Aspira a salvar nuestro planeta y conseguirnos uno nuevo donde habitar”, aseguraba la revista. Menos de cinco años después, el empresario, que además aspira a colonizar Marte, impulsa la mayor salida a Bolsa de la historia. SpaceX prevé levantar hoy en su debut 75.000 millones de dólares y para ello cuenta con una fiel legión de pequeños inversores que buscan subirse al carro de la industria aeroespacial y la inteligencia artificial, a costa de no pocas prebendas para Musk. El magnate, hombre más rico del mundo, es el principal valedor de la OPV (tanto o más que los números de la empresa) y gozará de un poder omnímodo nada habitual en una cotizada aunque, aparentemente, no lo necesita.
Musk sabe manejar la movilización de sus seguidores. La empresa prevé destinar más del 20% de toda la colocación al pequeño inversor, un porcentaje muy superior al habitual, que oscila entre el 5% y el 10% cuando no se opta por ignorar el tramo minorista. Para acercar la operación a los particulares, cuenta con un despliegue sin precedentes de bancos colocadores, y según la agencia Bloomberg la demanda inversora ya superaría en más de seis veces la oferta. En un hecho sin precedentes, otro 10% de la colocación va dirigido al inversor retail europeo.
Musk ha cultivado desde hace años a los inversores a pie de calle, incluso desde antes de comprar X. “Soy un gran admirador de los minoristas”, escribió en la red social Twitter, ahora X, en 2020. “Me aseguraré de que tengan máxima prioridad. Pueden tomar nota de mi palabra”, añadió cuando se especulaba con la posible salida a Bolsa de Starlink.
Estos particulares representan cerca de un tercio de los accionistas de Tesla (de la que controla cerca de un 20%) y no solo pagan unas valoraciones extraordinarias; también son la guardia pretoriana del empresario. Su apoyo sirvió en 2024 para validar en junta de accionistas un paquete salarial de 56.000 millones de dólares para Musk en Tesla, pese al rechazo mostrado por los inversores institucionales y los asesores de voto. “Tenemos la base de accionistas más increíble (...) ¡Caramba, los quiero mucho!”, aseguró un eufórico Musk. Un año después, la misma junta de accionistas dio luz verde a un bonus de un billón (con b) de dólares. El amor es recíproco: el inversor que entrara en la OPV de Tesla en 2010 acumula una revalorización de más del 2000% desde entonces y del 180% desde que entrara en el S&P 500 en diciembre de 2020.
Pero no todo son alabanzas. El histrionismo del empresario también provoca no pocos recelos entre el gran público. La creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) por parte de la administración Trump, bajo tutela de Musk, desencadenó enfrentamientos, incidentes en los concesionarios de Tesla y la quema y el destrozo de decenas de sus coches.
El empresario de origen sudafricano se ha mostrado, así, receloso de las obligaciones de las empresas cotizadas. Se queja de las exigencias que tienen estas empresas ante la SEC y ha llegado a lamentar la presión que suponen los resultados trimestrales en detrimento de objetivos a largo plazo. Prefiere, por tanto, compartir su empresa con muchos pequeños inversores, fáciles de controlar.
Musk se ha blindado de cara a la salida a Bolsa de SpaceX. Solo cotizarán las acciones clase A de la empresa, que otorgan un derecho de voto por título, frente a las de clase B, con diez derechos de voto por acción. Musk tendrá, una vez se produzca el toque de campana, el 84,4% de los derechos de voto totales de la empresa.
“Los inversores que busquen obtener rendimientos en efectivo de su inversión no recibirán ingresos por dividendos, y la única forma de obtener una rentabilidad podría ser mediante un aumento en el precio de mercado de nuestras acciones ordinarias de Clase A, lo cual puede no suceder”, advierte el folleto de la OPV registrado en Europa. La empresa advierte a lo largo de sus 400 páginas que los titulares de acciones B tendrán control sobre la composición de su consejo de administración “y una influencia significativa sobre el resultado de los asuntos que requieran la aprobación de los accionistas”. Una concentración de poder que impedirá, continúa, la capacidad de los nuevos inversores de SpaceX “para influir en asuntos corporativos y en la elección de nuestros directivos”.
Tampoco ayuda la legislación de Texas, estado al que se mudaron SpaceX y Tesla en 2024 y que limita la capacidad de los accionistas de iniciar acciones legales contra los directivos de la empresa, “incluyendo requisitos mínimos de participación accionarial”, recuerda el folleto. De igual forma, la normativa texana dicta que será necesario contar con más del 3% del capital de la empresa y contar con el apoyo de al menos el 67% de todas las acciones con derecho a voto para poder incluir en junta cualquier propuesta, lo que dificulta cualquier movimiento accionarial. “Como resultado”, reconoce el documento, “los accionistas podrían tener menos oportunidades de someter propuestas a votación, incluso sobre asuntos que consideren importantes, lo que puede limitar su influencia en el gobierno corporativo y otros aspectos”.
Un poder que ha recibido ya las críticas de varios fondos de pensiones estadounidenses. El Fondo Común de Jubilación del Estado de Nueva York, que gestiona más de un billón de dólares en activos de maestros, bomberos, policías o enfermeros, ha criticado además la cláusula de destitución del CEO que le otorgaría a Musk un veto efectivo sobre su propio despido. “La estructura de gobierno corporativo de SpaceX, según se ha informado, presenta riesgos significativos para los inversores a largo plazo”, apuntan. Varias gestoras de activos con estrictos criterios de gobernanza han vetado la empresa, indica Bloomberg, y el Consejo de Inversores Institucionales (una asociación sin ánimo de lucro) ha pedido por carta a la empresa que reconsidere sus mecanismos de gobierno corporativo.
Unas críticas que por ahora no han tenido efecto. La colocación de SpaceX en Bolsa estaría ampliamente sobresuscrita y habría logrado una sobredemanda de 250.000 millones de dólares. Los minoristas habrían realizado órdenes por más de 70.000 millones.
Los analistas esperan que la atracción de los inversores minoristas sea determinante para el desarrollo de la acción tras la salida a Bolsa Algunas compañías que debutaron en el parqué con gran fanfarria se desplomaron a las pocas semanas por el desdén de los minoritarios. Un estudio citado por The Wall Street Journal señala que cerca de una cuarta parte de las acciones que salen a Bolsa pierden al menos la mitad de su valor en los tres años posteriores a su cotización.
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