El humorista aprendió a manejar a los 13 años gracias a las lecciones de su madre. Dice que pasa tanto tiempo en su auto que es casi como su oficina móvil
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Jorge Crivelli es actor, productor, presentador y humorista. Más conocido como “Carna”, comenzó a trabajar a los 16 años y en la década del noventa ingresó a Deskontrol, un programa de cable que hacía una amiga, y la puerta para entrar al mundo del espectáculo se le abrió. Con una amplia trayectoria, recientemente condujo el programa Carna a la parrilla (por canal Nueve); desde hace más de 25 años forma parte del equipo de Marcelo Tinelli quien en breve estará al aire con una nueva temporada de ShowMatch y en la actualidad realiza Cosa de locos junto con Anita Murature por radio AM680 (lunes a viernes de 16 a 18) donde muestra otras facetas profesionales.
Antes de salir al aire, recuerda cómo fueron sus inicios al volante: “Aprendí a manejar en un Ford Falcon celeste, modelo 1971, mi papá no manejaba y me enseñó a manejar mi mamá a los 13 años en la zona de Villa de Mayo, cerca de Polvorines. Ella me decía que tenía que estar siempre listo, por si algo pasaba yo tomara el volante. Fue muy didáctica, me hizo repetir muchas veces el tema de arrancar en primera; decía frená, poné punto muerto, volvé a arrancar, y así… la verdad, mi vieja fue una maestra maravillosa”.
Cuando sacó el registro, a los 18 años, dice que causó impacto: “Era tanta la confianza que me había dado mi madre y la práctica que tenía que la persona que me tomó el examen me preguntó si yo trabajaba en un estacionamiento”.
De los autos que hubo en su familia, cuenta: “Me gustaba mucho el de mi tía, una coupé Fiat 1500 de 1971 con madera, cuero... ¡Era precioso! Y el de un tío, un Ford Fairlane con dirección hidráulica. Mi primer auto lo heredé de mi padre y mi madre, pero en realidad lo usábamos ella y yo… yo un poco más. Y cuando me compré mi primer auto fue un Fiat Uno blanco 4 puertas, era maravilloso. No lo elegí, fue de casualidad porque el padre de una amiga de mi novia de entonces estaba pagando las cuotas de un auto para una de las hijas, ella era muy chica y le salió adjudicado en la cuota 11, yo le compré esas cuotas y me quedé con el auto”.
Al actor, de un vehículo lo atrae la estética: “No soy muy de la mecánica; soy más de ver lo lindo, el confort, la seguridad. He tenido autos como el Fiat Uno y el Peugeot 505 y después tuve por mucho tiempo moto. Luego con Claudia, mi mujer, tuvimos un Fiat Duna que nos robaron, pasamos a un Renault Clio francés muy lindo, luego a un Volkswagen Golf, a un Bora y ahora, tenemos un Audi A3”.
Respecto de la tecnología, es claro: “Me rompe la cabeza, me encanta ver autos que tienen nueva tecnología; los eléctricos que están saliendo me sacan de quicio, pero bue…, cada vez están más caros en dólares y terminan siendo medio inaccesibles”.
Uno de sus viajes memorables fue hacia otro país: “Lo hice con una chica con la que estaba de novio. Salimos de San Isidro en un Fiat 147 rumbo a Chile, subimos la montaña y la bajamos con nieve que, era prácticamente imposible. Ahí demostré mis dotes al volante haciendo rebajes (risas), pero cuando llegamos a Chile hicimos dos cuadras después de cruzar la Aduana y le dije a ella ‘manejá vos porque no puedo más’. El estrés del viaje me había matado, pero fui un auténtico piloto de Fórmula 1 te diría… (risas)”.
Si surge algún inconveniente con el auto dice que “levanto el capot, miro, miro y le digo: ‘¿a ver, decime qué te pasa?’ y espero que el auto me responda. Nunca lo logré, por eso llamo automáticamente a un mecánico para que me ayude (risas)”.
Como buen discípulo de su madre, ha enseñado a manejar a otros: “Tengo mucha paciencia y hago lo mismo que ella hizo conmigo, trabajamos poner primera, arrancar, volver a punto muerto y luego primera, hasta que se vaya acostumbrando la sensibilidad del pie con el embrague”.
Fundamental en su carrera dice: “Mi auto es mi oficina, paso mucho tiempo en él y disfruto mucho cuando tengo que viajar solo, con familia o amigos. Soy buen conductor, muy cauteloso, priorizo al peatón, me detengo en las esquinas y dejo que crucen, estoy bastante atento. Quizás los años me lleven a ser de esa manera. Puedo ceder el volante a Claudia que también maneja muy bien. Antes me pasaba que le cedía a alguien el volante porque estaba cansado y no podía dormir, pero ahora si ella maneja duermo tranquilamente”.
Prolijo y meticuloso, acompaña sus viajes en auto con “buena música, todo ordenadito y rico aroma. Escucho todo lo ochentoso, que me levanta mucho; candombe uruguayo, Los Chalchaleros y también ópera. Y el auto de mis sueños es el Volvo S70. ¡Me encanta! Igual, el Audi que tengo es maravilloso”.
Finalmente, afirma sobre el tránsito: “Hay lugares en horarios que no podés ir, si se pincha una goma es un caos mundial. Habría de alguna manera, como lo vi en Inglaterra, manejarnos mejor con el transporte público. Vivo en Don Torcuato, entonces me acercaría hasta un lugar y después manejarme en Capital Federal en colectivo, subte o tren. Estos servicios han mejorado, pero, puede mejorar aún más. Hoy, el tránsito es inaguantable, imposible”.
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