Fiel a la tradición de la saga, derrocha potencia y torque a raudales para proporcionar una conducción deportiva y divertida, ahora con un comportamiento dinámico aplomado y más dócil
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Carroll Shelby no necesita presentaciones entre los fanáticos del automovilismo. Es una leyenda. El texano no solo ganó las 24 Horas de Le Mans de 1959 con un Aston Martin DBR1 que compartió con el inglés Roy Salvadori: es famoso por fabricar, preparar y tunear autos de calle y/o competición, como los AC Cobra que se usaban en las carreras sport de Estados Unidos y los Mustang de Ford Motor Company. Sin olvidar los GT40 que ganaron cuatro 24H de Le Mans consecutivas.
Para los neófitos en materia de automovilismo, pero que vieron la película Contra lo imposible (o Ford vs. Ferrari) a fines del año pasado (en esta cuarentena se ofrece entre los films de prepago en la TV por cable
satélite), el nombre les resultará familiar: es uno de los protagonistas del drama (basado en hechos reales), interpretado por Matt Damon.
Cuando el Ford Mustang fue lanzado en 1964, respondía a las ideas de su mentor, Lee Iacocca, mano derecha de Henry Ford II: era un deportivo de bajo precio para los "baby boomers" de los ’60, que querían autos más excitantes que los enormes "botes" de sus padres. El Mustang era barato (US$2368) y deportivo por fuera, pero su potencia y prestaciones no lo eran. "Es un auto para secretarias", se burlaban sus detractores. Iacocca tomó el toro por las astas: quería que el Mustang corriera y ganara carreras para callar a los escépticos, y que esas versiones deportivas estuviesen disponibles para la calle.
Ahí aparece nuestro querido Shelby y su empresa californiana de tunning, junto con el otro protagonista del film mencionado, el piloto-ingeniero británico Ken Miles (corporizado por Christian Bale), que era su director de desarrollo y piloto de pruebas. El dúo potenció y personalizó el Mustang GT350 (color Wimbledon White con las guardas azules desde el capot hasta el baúl, suspensiones mejoradas y el V8 Windsor 4.7 L con ¡306 HP!) y no tardaron en ganar su primera carrera en la SCCA, en febrero de 1965, con el propio Miles al volante. Así nació la saga de los súper Mustang Shelby, identificados por su look deportivo y la cobra amenazante de Shelby American.

En 1967, con un nuevo diseño (para muchos el Mustang más bonito de la historia), Shelby preparó y lanzó el GT500 pionero. "Este es el primer auto del que estoy realmente orgulloso", dijo el texano para la ocasión. No era para menos, el monstruo tenía el motor Cobra Le Mans, el V8 7.0 L que habían utilizado los tres Ford GT40 que coparon el podio en Le Mans 1966 (otra vez, la película de Mangold), con una tremenda potencia de 355 HP (un F1 rondaba los 410).
El más potente
Así llegamos al actual Ford Mustang Shelby GT500, lanzado a mediados del año pasado y que manejamos en noviembre último en un camino de montaña cerca de Los Ángeles.
¿Qué decir? Simplemente brutal; pero, como nunca antes, bajo control. Este Shelby GT500 no solo hace gala de la descomunal potencia que lo caracterizó desde 1967, también frena y dobla como los mejores deportivos europeos, a los que poco tendría que envidiar en un track day.
Es que Shelby American (ahora en Las Vegas, junto al museo del mítico hombre) y Ford Performance han desarrollado un verdadero cañón con el ronco y desafiante motor Predator V8 5.2 L Ti-VCT Supercharged (con compresor volumétrico o "chancho"), que entrega 760 HP a 7300 rpm y, lo que hace pegar la espalda contra la butaca en cada acelerada, un impresionante torque de 847 Nm (86,4 kgm) a 5000 rpm. Asociado con la caja de velocidades automática Tremec de doble embrague y 7 marchas (muy rápida y precisa, con rebajes bien deportivos; además de opción manual-secuencial), y por supuesto con tracción trasera, registra 3,5 s para pasar de 0 a 100 km/h, 11 s de 0 a 400 m y 10,6 s para hacer 0-160 km/h-0. La velocidad máxima está limitada a 300 km/h. No importa el régimen: el motor siempre tiene un poco más para empujar y acelerar. El consumo es para precios USA: 19,6 L/100 km en ciudad y 13,1 L/100 km en ruta.
Cuando se dice que frena y dobla, es porque hasta esta sexta generación, que se lanzó en 2014, Ford estuvo empecinada en mantener la tradición del eje rígido trasero, que sirve para una pickup, pero no para un deportivo: así, los Mustang eran indóciles e imprevisibles. Todo cambió con el Mustang VI, que cuenta con suspensión posterior multibrazo (Multilink) estándar, que suma en este Shelby GT500 amortiguadores con actuadores magnéticos (MagneRide), que modifican su dureza en función de la conducción. Una exquisitez que se notó mucho en el revirado camino de montaña de prueba. Para dominarlo también incluye el paquete electrónico AdvanceTrac, que agrupa el ABS, el control de estabilidad (ESC) y la excelente dirección eléctrica progresiva EPAS (rápida, directa y precisa). El ESC puede desconectarse para "dibujar" unas "donas" en el asfalto quemando los neumáticos Michelin Pilot Sport Cup2 de 20 pulgadas.

Para detenerlo no se anduvieron con chiquitas: frenos Brembo con discos ventilados flotantes delanteros de 420 mm, con pinzas de 6 pistones y traseros ventilados de 370 mm con cálipers de 4 émbolos.
El interior tiene una gran calidad de materiales y terminaciones, con butacas Recaro deportivas, envolventes y con gran sujeción lateral y cuenta con un generoso instrumental digital con infinidad de ajustes e información, además de ofrecer cinco modos de conducción (Normal, Snow, Sport, Track y Drag Strip). Con el paquete aerodinámico de carbono y todos los chiches cuesta US$95.000 en EE.UU. Barato para ser no solo el Mustang más potente de la historia sino el mejor de todos los tiempos.
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