Borges recupera la voz en una muestra que exhibe por primera vez su dormitorio y un manuscrito con sus dibujos
El cuarto del autor de “Ficciones”, recreado con los muebles originales, es el corazón de la gran exhibición que inaugura este jueves el Centro Cultural Recoleta en homenaje por los 40 años de la muerte de Borges
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El Borges más íntimo, el que dormía en un cuarto pequeño y austero con un catre y una mesita de luz, decorado solo con la figura de un tigre en una pared; el escritor de letra minúscula, casi ilegible, que usaba hojas sueltas de cuadernos de contabilidad para sus manuscritos, que corregía con obsesión e ilustraba con birome; el personaje mediático que fue tapa de las revistas de actualidad más famosas con declaraciones que causaban controversias y el protagonista de memes desopilantes que se viralizan en las redes sociales y se reenvían en grupos de Whatsapp: son algunas de las facetas del gran autor nacional que el público podrá ver desde esta tarde en la sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta cuando inaugura la muestra Borges. Ecos de un nombre, curada por Maximiliano Tomas, director de la institución porteña, junto con Rodrigo Alonso y Daniel Fischer.
En el año en que se cumplen cuatro décadas de su muerte (14 de junio de 1986, en Ginebra), Borges recupera la voz en un holograma creado con herramientas de inteligencia artificial y fragmentos de sus frases en entrevistas. La pieza, tan impactante como realista, es el “corazón” del recorrido temático de la exhibición realizada junto a la Fundación Internacional Jorge Luis Borges con la colaboración de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, que reúne las miradas de los especialistas Lucas Adur, Gonzalo Aguilar, Laura Rosato, Germán Álvarez, Matías Bauso, Mariela Blanco, Pablo Gianera, Martín Hadis y Patricio Zunini sobre ejes que vinculan su vida pública y privada.
Hay objetos personales (corbatas, anteojos, bastones, un par de zapatos negros, una toga con birrete que usó para recibir un Honoris Causa), primeras ediciones y ejemplares anotados de su biblioteca, cuatro biblias intervenidas con frases, fotografías familiares, afiches de películas basadas en sus textos, postales enviadas a Estela Canto, la carta natal firmada por Xul Solar y un retrato de una jovencísima María Kodama pintado por su hermana Norah, entre otras piezas.
El hit de la propuesta (que atraerá la atención de los visitantes y promete ser el selfie point para las redes) es la recreación del cuarto de Borges del departamento de la calle Maipú al 900, cerca de Plaza San Martín, en el que vivió casi toda su vida, con los muebles originales: un catre de una plaza, una mesita de luz y un mueble de madera con escritorio y biblioteca. Los muebles fueron trasladados desde la sede de la Fundación Borges, que los conserva en guarda.
Es la misma habitación que describió Mario Vargas Llosa en una entrevista que le hizo en Buenos Aires en 1981, por la que el escritor peruano se ganó la antipatía de Borges. “Me tocó conocer su piso, que era muy modesto, extraordinariamente sencillo y despojado de libros. No tenía un solo libro suyo. Tenía muy pocos libros, pero muy seleccionados”, escribió por entonces Vargas Llosa. “Vive en un departamento de dos dormitorios y una salita comedor, en el centro de Buenos Aires, con un gato que se llama Beppo (por el gato de Lord Byron) y una criada de Salta, que le cocina y sirve también de lazarillo. Los muebles son pocos, están raídos y la humedad ha impreso ojeras oscuras en las paredes. Hay una gotera sobre la mesa del comedor”, detalló sin ocultar su sorpresa.
Borges, con su habitual ironía, comentó luego entre su círculo que había recibido la visita de “un peruano que seguramente debía trabajar en una inmobiliaria”. Muchos años después, el Nobel reconoció que su descripción lo había distanciado del poeta: “Escribí un artículo en el que, gravísimo error, mencioné que en su casa había una gotera”.
La decisión curatorial de exhibir por primera vez ese cuarto, recreado incluso con más metros cuadrados que el original, busca mostrar al público (en especial a quienes no conocen detalles de la vida privada de Borges) que tenía un estilo de vida austero. “Por un lado, la idea fue darle un valor simbólico a los objetos personales que nunca se mostraron. Es decir, que había una cuestión de novedad. Pero, también, una intención de desmitificar la idea del Borges burgués. Era un hombre muy modesto que durmió casi toda su vida en un catre de una plaza y que daba conferencias para ganar dinero. Cuando ves sus corbatas, sus bastones, su cama, sus zapatos, te das cuenta que, como decía Vargas Llosa, tenía una vida casi monacal”, dijo Tomas durante la visita exclusiva con LA NACION. En la biblioteca hay pocos volúmenes porque Borges se jactaba de no ser un acumulador de libros. Hay textos sobre literatura nórdica e inglesa, enciclopedias, diccionarios e Historia.
La idea de sacar a Borges del pedestal de bronce y presentarlo como una persona terrenal se hace tangible también en una proyección animada en forma de holograma, que aparece en el centro de una instalación site specific creada por el artista Pablo Lehman. La figura en 3D del autor de “Ficciones” sorprende al escuchar su voz real y apreciar los movimientos recreados con inteligencia artificial.
“Algo que me obsesionaba al pensar la muestra –explicó Tomas- es que muy probablemente para más de la mitad de la gente que venga al Recoleta, ésta será su primera aproximación a Borges. La idea del holograma es generar ese primer acercamiento”. Más allá de las cuestiones técnicas (que demandaron más de tres meses de trabajo con animadores y programadores), los curadores se propusieron mostrar al escritor de “forma realista”. “Que caminara por la noche por el sur de Buenos Aires y se cruzara con el gato Beppo o que se sentara en un sillón agarrado del bastón a recitar un poema porque la voz de los 8 minutos es su voz. Lo que hicimos fue acomodar las imágenes a su voz real”, agregó el director del Recoleta.
La instalación de Lehman de más de cinco metros de altura realizada con unos 200 metros de tela de tapiz calada con frases de los cuentos y poemas funciona como “guía” en una especie de laberinto que conduce a cada núcleo temático: del Borges público (en los medios, los libros escritos sobre su figura y su obra y hasta memes) al Borges más íntimo: el amor, la amistad, la religión, el lector, el poeta. “Cuando el público recorra la muestra desde la línea histórica pasa a un núcleo más vital y real de su figura hacia la ficción”, aclaró Fischer. También está presente el vínculo con Buenos Aires a través de un mapa con los puntos de la ciudad que aparecen en sus textos y sus versos y los que tienen que ver con su vida. La gran mayoría están ubicados en el sur porteño.
Además de una completa cronología de su vida en forma de línea de tiempo que recibe a los visitantes, gigantografías con imágenes inéditas y material audiovisual que ilustran su juventud y madurez y su relación con el cine, hay un espacio de lectura donde el público podrá sentarse a leer fragmentos de sus obras. Allí se exhiben ejemplares que Borges leyó, anotó y “abandonó” en su paso por la Biblioteca Nacional. Están acompañados por textos de Rosato y Álvarez, investigadores y directores del Centro de estudios Borges de la Biblioteca Nacional, autores del formidable volumen Borges, libros y lecturas.
El manuscrito de “Las ruinas circulares”, con su letra minúscula, sus correcciones y tachaduras y hasta sus propios dibujos, es sin dudas uno de los tesoros nunca antes exhibidos que se conserva en la Fundación Borges. Fue escrito en 1940, durante sus años “grises” como Auxiliar Primero en la Biblioteca Municipal Miguel Cané, del barrio de Boedo, donde trabajó desde fines de 1937 a 1946, cuando renunció porque decidieron “ascenderlo” a “inspector de aves de corral”.
Para agendar
Borges: ecos de un nombre se podrá recorrer a partir de hoy a las 18 en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), con entrada gratuita para residentes y argentinos. Visitas: martes a viernes de 12 a 21; sábados, domingos y feriados de 11 a 21.







