Con la lengua afuera
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La elegancia de la mujer impacta. Vestido probablemente largo, de fiesta, con accesorios que realzan su belleza. Allí, agachada, es imposible valorar su atuendo en todo su esplendor. Solo se puede imaginar cómo será cuando se despliegue una vez que ella deje de estar arrodillada, sosteniendo al perrito que se asoma de entre sus faldas. El animal también cuenta con su propio atavío, si bien es poco lo que podemos apreciar. De hecho, ambos están haciendo una sesión de fotos de la cual el animal es partícipe involuntario. No tiene ni idea de qué hace allí ni de qué se pretende de él. Solo vemos su carita con la lengua afuera, tal vez cansado de hacer lo que no quiere, pero que tiene que acatar por más que no lo desee. Similitud enorme con lo que muchas veces nos pasa a los humanos, que obedecemos sin necesidad siquiera de que nos lleven de aquí para allá con una coqueta correa.
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