Continuar
1 minuto de lectura'

Como ocurre con tantas otras disciplinas, la práctica del yoga se nutre de continuidad, tesón, ejercicio, rutina. Entrenar el cuerpo, ablandarlo, sostenerlo; repetir una postura una y mil veces; trabajar duro con el obstáculo, saber de la frustración, conocer el límite y aun así seguir adelante. Perserverar en silencio, día tras día, clase tras clase, en el pequeño arte de conocerse a uno mismo. Trabajar en lo que no lleva ni a la medalla ni al aplauso ni a la selfie rutilante: eso que hacen tantas personas, más de las que suponemos, en el anonimato de una clase, pero también en el cotidiano trajín del hogar, de la modesta tarea bien hecha, de la ayuda que se brinda sin alharaca. Esta foto fue tomada en Kiev, y es más que el testimonio de que la vida sigue incluso bajo las bombas; es el pulso de lo humano, siempre tironeado entre luces y sombras. Siempre listo para seguir.
1Tapan el mural que un artista argentino dedicó al Quijote para hermanar una ciudad argentina con Alcalá de Henares
- 2
José Emilio Burucúa despide a su amigo, el italiano Carlo Ginzburg
3La argentina Paula Klein gana el Premio Lumen con una anatomía del matrimonio y la mentira
4Isol abrirá la Feria del Libro Infantil, que vuelve a su sede histórica con más expositores y metros cuadrados

