Dormir, tal vez soñar
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Algunos –siempre pocos– se ufanan de funcionar todo el día con unas pocas horas de sueño. Unas pocas horas de sueño, en este contexto, significa menos de la mitad de lo que el resto de los humanos necesitan para sentirse bien, trabajar adecuadamente, mantener un humor estable y conservar una buena salud. Es verdad, hay personas que pueden vivir con solo 3 o 4 horas de sueño por noche. Pero, según un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences el 5 de este mes, el rasgo no es resultado de la fuerza de voluntad o de una estoica disciplina. Se debe, revela el trabajo, a una mutación en un gen denominado SIK (por Salt Induce Kinase). No es una virtud, pues, sino pura genética.
El sueño, como fenómeno biológico, guarda todavía un número de misterios. El haber identificado –prima facie– un dato sobre los que duermen poco podría abrir las puertas para entender las muchas condiciones que afectan este proceso vital. En las antípodas de los que duermen poco están aquellos que tienen ciclos circadianos de más de 24 horas, con serias consecuencias para la vida cotidiana. En todo caso, necesitar pocas horas de sueño no parece haberle proporcionado a nuestra especie ninguna ventaja evolutiva. De otro modo, todos dormiríamos poco.
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