Eduardo Sacheri: "Llevar un libro al cine es un trabajo durísimo"

Sacheri adaptó para el cine su novela "La noche de la usina" junto con el director de "La odisea de los giles", Sebastián Borensztein
Sacheri adaptó para el cine su novela "La noche de la usina" junto con el director de "La odisea de los giles", Sebastián Borensztein Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Marcelo Stiletano
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20 de agosto de 2019  • 19:20

"Llevar un libro al cine es un trabajo durísimo al que el escritor de ficción no está acostumbrado". Lo dice a LA NACION Eduardo Sacheri, que vuelve a disfrutar en estas horas la prolongación en la pantalla del éxito de una de sus novelas. Escrita entre 2014 y 2015, y publicada en 2016, La noche de la usina se transformó en La odisea de los giles, que en el fin de semana de su estreno ya fue vista por más de 400.000 personas y el próximo fin de semana se convertirá en la producción nacional más vista de 2019. Sacheri adaptó su novela para el cine junto con el director de la película, Sebastián Borensztein.

"La adaptación siempre es otra cosa. Hay una incomodidad a la vista que al mismo tiempo resulta inevitable y provechosa", dice Sacheri, que repite con la misma repercusión la experiencia que vivió con El secreto de sus ojos en 2010 y Papeles en el viento en 2015, que escribió para el cine con sus respectivos directores, Juan José Campanella y Juan Taratuto. "Hay que abrir el juego y estar dispuesto a compartir la mirada propia. Para un escritor el libro es algo que termina en el punto final de la escritura. En una adaptación hay que compatibilizar la mirada propia con otras que son igualmente válidas, en este caso la de un director. Negociar, transigir, aceptar, opinar, proponer", agrega.

Para Sacheri, hay que aceptar sin vueltas que el director siempre es el que tiene la última palabra. "Yo prefiero mantener ese lugar más allá de lo laborioso que resulta aceptar esa distribución de roles. Eso sí, lo que un autor original debe preservar y hacer valer es el respeto hacia la esencia de lo que está escrito. Si los personajes que se ven en pantalla responden a una manera de ver el mundo y la logran expresar, entonces la adaptación siempre termina siendo provechosa", precisa.

El escritor recordó que La noche de la usina fue una novela que se vendió muy bien no sólo en la Argentina, sino en todos los países de habla hispana, premio Alfaguara mediante. "Pero el cine -aclara- tiene una velocidad que impacta en cuanto a su repercusión. La masividad que ofrece es de una escala incomparable". Dice que el éxito de público que tuvo la película en sus primeros días logró que el libro regresara rápidamente a la lista de los más vendidos, tres años después de publicada su primera edición.

¿Qué le aportó a Sacheri en esta nueva incursión como guionista la experiencia previa vivida hace exactamente una década con El secreto de sus ojos y hace cinco años con Papeles en el viento? "Uno va entendiendo mejor las soluciones narrativas que los directores encuentran frente a los dilemas que propone el texto. Con un plano o con un gesto de algún personaje logran resolverla, y veo con mucha más claridad ahora que tienen razón. Sigo sintiéndome como una especie de invitado de lujo para participar del mundo del cine, porque tuve la fortuna de ser convocado por gente muy valiosa", subraya.

Con todo, Sacheri dice que su cabeza siempre funciona con parámetros más literarios que cinematográficos, pero que a la vez se siente cada vez más cómodo con su función de guionista. "Cada vez que se me ocurre una nueva historia aparece en mi cabeza en clave de libro. Pero al mismo tiempo también estoy dispuesto a sumarme al trabajo ajeno, no sólo adaptando mis novelas. Cuando surgió el proyecto de Metegol, Campanella me llamó para trabajar sobre una idea original que no era mía. Lo mismo pasó con los guiones de Todo por el juego, una serie que escribí para la televisión española. Si viene alguien del mundo del cine y me invita desde el lugar de un proyecto serio y atractivo, siempre estoy dispuesto a escucharlo".

En la visión de Sacheri, la gran convocatoria de La odisea de los giles responde al interés por una aventura en la que se mezclan la tragedia, el humor y la reflexión: "Estuve viendo este fin de semana la película con el público y me gustó mucho que al final aparecieran los aplausos. Es raro ver que se aplauda a una pantalla a diferencia de lo que pasa en el teatro, donde el aplauso les llega a personas de carne y hueso. En este caso me parece que hay una linda empatía entre el relato y la gente. En el título se mezclan una palabra muy fuerte, tal vez un poco ampulosa, y otra muy cercana y muy cotidiana. Esa aparente contradicción desaparece y la gente sale del cine disfrutando muchísimo".

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