“Esto también es tarot”: un manual de ficción esotérico con influencias de la cultura pop
La actriz, dramaturga y directora teatral Elisa Carricajo publicó su primer libro con ensayos, reflexiones, anécdotas e historias breves vinculadas a las 78 cartas del tarot, al que considera una “maquinaria narrativa” y “una excusa para escribir literatura”
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“Esto también es tarot”, proclama Elisa Carricajo desde la tapa de su primer libro en modo solista. La actriz, dramaturga, directora y gestora cultural es una de las integrantes del grupo de teatro Piel de Lava y junto a sus colegas y amigas Pilar Gamboa, Laura Paredes y Valeria Correa publicó Petróleo (Editorial Entropía), que reúne los textos de las obras de la compañía creados en forma colectiva.

Acompañada de las Piel de Lava, más sus compañeras de estudio del tarot (la actriz Agustina Muñoz y la artista visual Catalina León) y la editora Mercedes Dellatorre (del sello Hijas de Kore), Carricajo presentó Esto también es tarot con una lectura performática en el espacio Planta Inclán, de Parque Patricios, que fundó junto a su pareja, Juan Onofri Barbato. Con imágenes de las cartas proyectadas de fondo, la autora contó que se formó en el tarot de manera autodidacta. “Cuando me regalaron mi primer mazo a los 27 años no tenía ni idea qué era esto. Vengo de una familia de abogados y soy actriz. Lo del tarot ya era mucho. Muchísimo”, cuenta en el inicio del libro, que lleva en la portada la frase “Manual / ficción pop esotérico”.

El “también” del título se entiende enseguida: Carricajo no es una militante del pensamiento mágico ni de los libros de autoayuda. De hecho, dedica uno de los capítulos de su “bitácora popera”, como prefiere llamarlo, a desmenuzar lo que engloba como “falopa espiritual”: las falsas promesas de “abundancia” y sanación inmediata que ofrecen los “manochantas” desde siempre. Y lo de “Manual / ficción pop esotérico” se explica a partir de su concepción sobre este “lenguaje espiritual para pensar nuestro cotidiano”: el tarot, como “una maquinaria narrativa”, como “un juego”, en el que se permitió crear ficciones para contar historias breves vinculadas a las cartas. Mientras estudiaba, empezó a escribir textos breves para cada arcano (o personajes) como una especie de “ayuda memoria” porque al principio le costaba recordar los significados. Así, casi sin proponérselo, logró una “reinterpretación pop” a partir de experiencias propias y de películas, canciones y lecturas.

“El libro entiende el lenguaje como una matriz de comprensión del mundo. Un lenguaje como un modo de mediar con la experiencia y darle categorías, valor, entidad. El tarot es muy amplio, hay muchas posibilidades de lectura; podríamos pasarnos la vida estudiándolo. Pero una de las cosas que me resultan más interesantes es lo que surge de los elementos narrativos que propone. Por ejemplo, ordena la experiencia en un tipo de relato del héroe, donde el tiempo es cíclico. Volvemos a pasar una y otra vez por los mismos puntos de la narración: cuando lo perdemos todo, cuando somos egoístas, cuando descubrimos la humildad -dijo Carricajo a LA NACION-. También divide la experiencia vital en cuatro campos, que son los cuatro palos: oros, bastos, copas y espadas. Y es un lenguaje sagrado que narra una forma posible de acercarnos a la iluminación. Esto último dicho así es un montón para muchas personas, pero es lo que creemos que el tarot se propone comunicar. Y digo creemos porque no hay un único saber autorizado, sino muchas voces que interpretan un lenguaje de otra época. Podemos pensar que tal camino hacia la iluminación existe o podemos leerlo simplemente como una buena historia, contada de un modo diferente y a la vez cercano a otras buenas historias que hemos escuchado. Las situaciones que narra son arquetípicas y suele suceder que es posible establecer un nexo con la historia de nuestras vidas: pensar cómo encaja ‘esa situación’ de esa máquina narrativa brillante en el relato de nuestras vidas”.

En la primera parte, la autora ofrece una serie de ensayos con reflexiones y anécdotas personales sobre su aproximación al tarot. Luego, al entrar en el terreno de la ficción, aparecen 78 textos breves que ofrecen un anclaje de sentido a cada carta. Así, el libro puede leerse de manera lineal o por “entradas” como si fuera un diario. “Me gusta el concepto de ‘bitácora espiritual’ para definirlo porque da cuenta de la intención del libro de ‘atrapar’ los momentos de sentido, de sistematizar a través de escenas cotidianas y dejarlo asentado”, explicó Carricajo.
La actriz, que tira las cartas para sí misma “como un ejercicio permanente”, profundizó en el concepto de “manual”: “Es un poco una licencia porque un manual en el sentido estricto del término tal vez debería tener cosas que este libro no tiene. Pero a la vez puede funcionar como un manual, porque es un libro pensado para que una persona que no sabe nada de tarot pueda leerlo y entender, al menos algo, sobre la estructura de las cartas, qué son los arcanos mayores y menores. Alguien podría usar el libro para empezar a estudiar este lenguaje o conocer un punto de vista sobre él. Pero, a la vez, esos textos que intentan explicar algo de cada carta son pequeñas ficciones. Una excusa para escribir literatura”.
Carricajo propone entender el Tarot “como una máquina narrativa”. “Hay una narración de base que puede ser revisitada, como se revisita Hamlet o las tragedias griegas. El juego es mezclar ese sentido antiguo con materiales cotidianos y contemporáneos. Esa práctica se refleja en el diseño de mazos: el Tarot grunge, el de Twin Peaks, el de Sailor Moon y así. Tal y como nos llega en este momento el tarot es un objeto pop. Y ese es un lenguaje desde el que podemos empezar a leerlo y reinterpretarlo”.
La constante aparición de nuevos mazos (en la Feria de Editores, por ejemplo, un stand exhibía un tarot “peronista” y otro en versión feminista) es una de las posibilidades del tarot que más atrae a la actriz. “Me fascina por la polisemia que propone, pero es totalmente irresponsable. Hay mazos que son copias de otros, donde se nota que el creador no estudió este lenguaje y hay un libre albedrío total. Pero en ese cachivache, muchas veces, en un mazo que es malo o más o menos de repente aparece un hallazgo genial. Yo aprendí mucho mirando señoras por YouTube que dan consejos amorosos con las cartas y algunas de ellas son brillantes. Prefiero pensar que el tarot es todas las cosas al mismo tiempo y, sobre todo, un sentido para disputar. Hacer ese ejercicio, jugar el juego de hablar ese lenguaje (que sería uno de los modos de aprenderlo) es una hermosa tarea que nos ayuda, entre otras cosas, a no sentirnos tan importantes al corroborar que los problemas de la gente son más o menos los mismos desde hace siglos”.
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