La carta que escribió María Estuardo, reina de Escocia, antes de ser decapitada atrae a multitudes
Escrita en prisión a horas de su ejecución, se exhibe por primera vez en 30 años y cautiva tanto al público como a los teóricos de la conspiración
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PERTH, ESCOCIA.- Aquella noche del 7 de febrero de 1587, a María Estuardo, reina de Escocia, le informaron mientras cenaba que sus dos décadas de encarcelamiento por supuesta traición finalmente habían terminado, pero no en el buen sentido: a la mañana siguiente le cortarían la cabeza.
María les agradeció a sus anfitriones, volvió a sus aposentos, tomó la pluma y escribió una carta. La firmó, la dobló en una especie de candado de origami y la selló con cera. Dos horas después, la ejecutaron. Pero su historia se vuelve más interesante a partir de ahí.
En gran medida gracias a esa carta, la última que escribió, ese miembro de la realeza de 44 años que había pasado la mitad de su vida encarcelada no se desdibujó como una mera nota a pie de la Historia con mayúsculas. Por el contrario, cuatro siglos después, María Estuardo sigue despertando una fascinación casi de culto, venerada como una ingenua condenada por el destino, una mártir católica y un símbolo multifacético de la identidad de los escoceses.

Ahora los fans tienen una oportunidad única de ver ese carta, manuscrita por la reina en su lecho de muerte. Tras sobrevivir a viajes a caballo y en barco, a la Revolución Francesa y a una oscuridad casi ininterrumpida en clima controlado durante cien años, la última carta de María Estuardo está a la vista del público.
“Para ser honesta, me conmueve mucho”, dice Midge Williams, que viajó hasta el sur de Escocia desde su casa en el norte de Inglaterra para ver el manuscrito. La que siempre le hablaba de esa carta era su difunda madre escocesa, quien durante toda su vida habló reverencialmente de María. “Es maravilloso ver algo suyo tan personal”, dice Williams tras contemplar los remolinos de tinta en letra cursiva. “Ella tuvo este papel entre sus manos. Ella escribió esas palabras”.
La carta fue puesta en exhibición a finales de enero en el Museo de Perth, un nuevo centro cultural y patrimonial a una hora de Edimburgo en tren. Permanecerá expuesta hasta finales de abril, pero ya atrajo al museo a una inédita oleada de visitantes.
La valoración y reputación de María nunca permanecieron firmes el tiempo suficiente como para ser confirmadas. En el siglo posterior a su ejecución, fue una mártir católica, y durante las revueltas jacobitas de principios del siglo XVIII, se convirtió en un símbolo de la causa de los Estuardo, que se proponía restaurar la monarquía católica que se encontraba en el exilio.

La Ilustración despertó un nuevo interés y una reevaluación más escéptica de esa mujer que había asumido el trono de Escocia a los 6 días de haber nacido, que tuvo una desventurada vida amorosa —llegó a casarse con el hombre que al parecer asesinó a su primer marido— y que murió por orden de su prima. Más tarde, filósofos como David Hume y Adam Smith impulsaron una nueva perspectiva sobre las pruebas que se presentaron en su contra, mientras que la época victoriana la convirtió en una heroína romántica, una reina que, según sus relatos, gobernaba con el corazón y no con la cabeza.
La mayoría de la gente desconfiaba de sus afirmaciones de inocencia, pero su imagen de heroína romántica no hizo más que acrecentarse. William Wordsworth lamentó su “llanto cautivo”, y Robert Burns, en su propia lamentación, la consagró como una mujer desafiante en aquellas últimas horas del gélido febrero boreal (“¡Que el invierno me rodee!”).
La obra de teatro de 1800 de Friedrich Schiller, “María Estuardo”, le dio un enorme impulso literario a la figura de la reina de los escoceses. Ahí Schiller presenta a María como una figura trágica merecedora de la escena mundial, y consolidó su reputación como tema literario internacional, un tópico que desde entonces han retomado poetas, novelistas y cineastas.
“Hoy es una figura internacionalmente conocida por el mito de haber sido una heroína trágicamente condenada”, señala Chris Cassells, jefe de archivos y manuscritos de la Biblioteca Nacional de Escocia. “De ese modo, la última carta que escribió se convirtió en una reliquia realmente significativa, sumamente atractiva para los coleccionistas de la época”.
En 1987, la dramaturga escocesa Liz Lochhead estrenó su obra María, reina de Escocia, fue decapitada, una exploración oscura y cómica de la rivalidad entre María e Isabel I. Más recientemente, la película María, reina de Escocia (2018), protagonizada por Saoirse Ronan y Margot Robbie, recaudó más de 100 millones de dólares.
El manuscrito de cuatro páginas que componen la carta, escrita mientras el verdugo afilaba el hacha mortal, tuvo un origen simple pero un alcance excepcional . María la escribió sin tener acceso a sus papeles ni asesoría legal, pero compuso un rápido ajuste de cuentas final que ha perdurado durante siglos.
Allí resuelve sus deudas, solicita que se les pague a sus sirvientes y pide que su cuerpo sea transportado a Francia. Pero lo que es más importante aún, la carta construye una narrativa deliberada de su propia muerte como víctima de la histeria anticatólica, y no a causa de una feroz intriga palaciega. (Estaba acusada de planear la muerte de su prima, la reina Isabel I de Inglaterra).
“Esta noche, después de cenar, me han comunicado mi sentencia: seré ejecutada como una criminal a las ocho de la mañana”, le escribió María a su cuñado, el rey Enrique III de Francia. Se negó a renunciar al catolicismo y se quejó de que los secuaces de Isabel ni siquiera permitían que un sacerdote escuchara sus últimas plegarias. Cuando le negaron la extremaunción, escribió una última carta.
“Se me condena por dos razones: por mi fe católica y por la afirmación de mi derecho divino a la corona inglesa”, escribió la reina. “Y sin embargo, no me permiten decir que muero por mi católica”.
Los relatos sobre la valentía de María frente a la muerte —se dice que subió el cadalso vistiendo un delantal rojo católico y que sus últimas palabras fueron para perdonar al verdugo— recorrieron Europa. La carta, cuando finalmente se hizo pública, selló su reputación de una mártir valiente hasta el final.
(Traducción de Jaime Arrambide)
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