Poder y residuos: el arte se vuelve político cuando trabaja con lo excluido
De visita, el teórico francés Nicolás Bourriaud discute los conceptos de "exforma" y "horizontalización de la cultura"
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A Nicolás Bourriaud le gusta la imagen del perro que revuelve la basura, recoge algo que tiró su dueño y se lo lleva de nuevo como ofrenda al salón. Hay en esa imagen una alegoría. ¿Es el artista actual ese perro? "Sí, en cierto modo no existe diferencia", dice Bourriaud. Ése es exactamente el problema del que se ocupa La exforma, el libro que el curador y crítico francés vino a presentar en arteBA y que publicó, antes en castellano que en francés, Adriana Hidalgo.
"Exforma" puede parecer una palabra un poco extravagante, pero aquello que nombra es bastante claro y el propio Bourriaud lo define con precisión en las primeras páginas: la forma atrapada en un procedimiento de exclusión o de inclusión, todo signo que transite entre el centro y la periferia. Vista de esa manera, la exforma puede ser una categoría tanto estética como política, o, mejor todavía, la bisagra que permite justamente articular estética y política. "El arte del siglo XX e incluso el del siglo XIX ya habían dado indicios de una problematización de la modernidad a partir de la idea del residuo, de lo excluido -observa Bourriaud-. El primer ejemplo es Courbet. Veo en él la tentativa de escribir una genealogía que parte de este objeto al que llamo exforma. El ready-made de Duchamp es también lo excluido. La historia del arte del siglo XX reside en la rehabilitación del residuo."
Pero la pretensión de acercar estética y política no es nueva en el pensamiento de Bourriaud; ahora se vuelca a una consideración del residuo, pero la noción misma de "estética relacional", tal como la formuló en 1998, iba en esa misma dirección. "Es una continuidad. Todo arte es político. Estética, ética y política pertenecen a la misma esfera." La novedad es la gravitación de las ideas de Louis Althusser. Es cierto que la noción de "relación" provenía del famoso escrito del filósofo sobre el materialismo aleatorio. Sin embargo, este nuevo libro sería inconcebible sin él. Podría arriesgarse incluso que la categoría de exforma puede ser pensada sólo a partir de Althusser en la misma medida en que el propio Althusser es tratado como un fenómeno "exformal", un residuo del paisaje intelectual francés que pedía ser rehabilitado. "En los últimos diez años hubo publicaciones nuevas, escritos póstumos que nos permiten descubrir un Althusser muy distinto del stalinista que conocíamos. Es más complejo, más útil, más obsesionado con el azar. Ése es el Althusser que me interesa."
Ya en el principio del libro, Bourriaud arma una escena de apariencia ficcional con Althusser como personaje. Seis meses antes de asesinar a su mujer, el filósofo irrumpe en la última sesión de la Escuela Freudiana de Psicoanálisis presidida por Jacques Lacan para hablar en nombre de "los analizados" y reclamar que se los tome en cuenta. "Me divirtió. Quería que el personaje tuviera más carne. Se exponen ahí los desafíos del libro: la obsesión althusseriana por el excluido, la ideología y esa manera de describir la ideología como algo que ocurre a nuestras espaldas, la teoría de la interpelación."
La categoría de exforma, como antes las de estética relacional y posproducción, describen un nuevo estatuto de los objetos culturales y, específicamente, de la obra de arte. ¿Cómo se comporta el crítico frente a ella, y, sobre todo, cómo se sitúa el propio Bourriaud, que hoy a las 17 hablara acerca de este tema en el Mamba con Victoria Noorthoorn, directora del museo? "Es la misma idea de lo accidental. Nunca miro una obra con una grilla de lectura. Las obras que me interesan son las que exceden mi capacidad de entenderlas. Si entiendo inmediatamente una obra, es que no es muy buena. La noción de "obra" existe todavía en las artes visuales. Pero lo más importante hoy es la noción de exposición. Un ejemplo es lo que hizo Pierre Huyghe en el Pompidou: los elementos de la exposición contribuían a formar una obra mayor, que era la exposición en sí misma. Este tipo de obras en constelación coincide con la aparición de Internet. Es una búsqueda de unidad en la multiplicidad."
Pero los efectos de esa multiplicidad de Internet no necesariamente merecen ser celebrados. Hace pocos días, The New York Times publicó un artículo según el cual Spotify alentaba al "oyente" a vulnerar los límites entre los generos musicales, lo que propiciaría una suerte de tabula rasa. Para Bourriaud existe un movimiento general que tiende a suprimir los estratos paralelos de la cultura. "Esta horizontalización es el nuevo paisaje. Lo que me gusta de cuando uno va a una librería o una disquería es que encuentra lo que no está buscando; en Internet encontramos sólo lo que buscamos. Hay una compartimentación que se rige por el marketing y que erosiona las identidades. La verdad es que no me alegro de no poder encontrar lo que no busco. La cultura de una persona está hecha de accidentes, de cosas que no nos estaban destinadas. Hay productos culturales calibrados para seducir a ciertas personas. Es la cultura de los datos personales. Pero yo no sería el mismo si no hubiera leído esas cosas que no estaban destinadas para mí. Es como si viviéramos sólo con personas que corresponden a nuestro sociotipo: sería aburridísimo. Y eso es lo que se viene en la cultura."
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