"Ad10s a un Cuervo", la emoción en San Lorenzo por la despedida de Pipi Romagnoli

Romagnoli, rodeado de sus hijas y de varios símbolos de San Lorenzo
Romagnoli, rodeado de sus hijas y de varios símbolos de San Lorenzo Fuente: FotoBAIRES
Fernando Vergara
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15 de diciembre de 2018  • 19:37

Fue una mezcla de sentimientos, una conjunción de enorme emoción, de rostros de alegría, de miles de sonrisas. San Lorenzo vivió la última función de Leandro Romagnoli en su casa. Rodeado de amigos y familiares, el Pipi tuvo su merecido homenaje.

Más de 25.000 hinchas del Ciclón se acercaron al Nuevo Gasómetro para saludar a uno de los máximos referentes de la historia azulgrana. A los 37 años, Pipi se despidió. Las fechas se le amontonaron al talentoso Nº 10: su homenaje le llegó dos días después de haberse cumplido 20 años de su debut en primera división. En realidad, Romagnoli ya pasó a formar parte de las leyendas azulgranas desde mayo, cuando disputó sus últimos minutos contra Belgrano en la Superliga. Después cambió su indumentaria y hoy es el manager de la institución. En estos días, sus principales preocupaciones van de la mano con Jorge Almirón, para formar un equipo de jerarquía que le permita a San Lorenzo dar batalla en la Libertadores 2019.

Resultó la tarde que el último gran ídolo de San Lorenzo se merecía. Un mimo para un clásico 10 de barrio, de potrero. Un sábado primaveral en el que no tenía sentido recordar las malditas lesiones que varias veces lo tuvieron a maltraer. Contratiempos que lo hicieron caer y luego levantarse siendo aún más grande. Fue más emotivo pensar en sus padres, Atilio y Rita, en su esposa Celeste, en sus hijas Martina y Mía, en sus inicios en Franja de Oro, en el Mundial Sub 20 de 2001, en sus pasos por México y Portugal. Fueron 30 años de actividad detrás de la pelota, que incluyó 382 partidos en San Lorenzo, con 36 goles. Pipi habla con timidez cuando le mencionan la mesa de los grandes azulgranas, pero le da orgullo, claro. Sabe que podrá sentarse por siempre en la mesa de los ídolos. Romagnoli es astuto. Habla de Gorosito, Silas y Acosta. No se olvida de los Carasucias y los Matadores.

Romagnoli y su festejo con el Beto Acosta
Romagnoli y su festejo con el Beto Acosta Fuente: FotoBAIRES

La celebración, denominada "Ad10s a un Cuervo", tuvo varias sorpresas y shows musicales. El clásico "¡Olé, olé, olé, olé, Pipi, Pipi!" comenzó a escucharse antes de las 17, la hora señalada para el partido homenaje. Y las emociones empezaron a sumarse cuando el conductor televisivo Rodolfo Barilli, que oficio de animador, fue presentando uno por uno a los invitados. Primero, viejas leyendas del Ciclón como Gorosito, Acosta, Romeo, Saja, Michelini, Estévez, Paredes, Tuzzio, Michelini y Lavezzi, entre otros. Este equipo, con camiseta negra, fue dirigido por la dupla Ruggeri-Insúa. Luego fue el turno para los campeones de América en 2014, que lucieron la camiseta tradicional, y aquí las máximas ovaciones recayeron en Ortigoza y Bauza. Desfilaron Torrico, Kannemann, Voboril, Kalinski, Cetto, Mercier, Piatti, Villalba, Blandi y Matos, entre las principales figuras. Además jugaron Blandi, Coloccini y Bergessio.

Uno de los momentos de mayor alegría, claro, se vivió cuando entró Romagnoli abrazado a sus hijas y profundamente emocionado. "La gente me bancó en las buenas en las malas, me respaldaron y eso me ayudó a resolver siempre de la mejor manera. Eso es impagable. Gracias a todos", dijo Pipi antes de comenzar el juego.

El encuentro fue una excusa para la gran fiesta. A modo de tributo, todos los jugadores con el número 10 en la espalda formaron parte del festejo. Y empezaron a jugar. Los primeros goles llegaron a través de dos centrodelanteros que dejaron su marca eterna en Boedo: de un lado, Bergessio, del otro Acosta. El primer gol de Romagnoli (el que puso el 3-2 para su equipo) fue de penal, en el arco de la popular local. Inmediatamente fue ovacionado y abrazado por Acosta y Romeo. Inexorablemente, durante toda la tarde, hubo tiempo y espacio para las lágrimas. Con la garganta disfónica y la voz entrecortada, pudo verse a muchos simpatizantes muy emocionados. Hubo más conquistas, algunas con sutilezas. Con sus goles, Pipi hizo gritar a los fanáticos, que lo mimaron sin parar.

La ovación es espontánea de parte de ese público que lo amó y lo amará por siempre. Pipi levanta el brazo y besa el escudo. En el segundo tiempo cambió de equipo y jugó con los campeones de América de 2014. Corrió, gambeteó, lo disfrutó de punta a punta.

En uno de los momentos más emotivos de la tarde, Pipi se dio un gusto: compartió la cancha con su papá Atilio, que integró el plantel campeón de Huracán en 1973. Y Atilio, por supuesto, marcó un gol.

El Pipi con sus hijas Martina y Mía
El Pipi con sus hijas Martina y Mía Fuente: FotoBAIRES

Romagnoli fue ese enganche de físico pequeño, pero talentoso y hábil para escurrirse entre los defensores, inteligente para habilitar a un compañero, y con el panorama necesario para conducir a los mejores equipos de San Lorenzo de los últimos años. Un líder. Una pieza clave en el engranaje del plantel campeón local en 2001, bajo la tutela de Manuel Pellegrini. Un poco más adelante, se lo recuerda con esa sonrisa plena tras ganar la Copa Mercosur, el primer eslabón internacional en la historia de Boedo. Luego la Copa Sudamericana en 2002, con una actuación inolvidable de Pipi en la final en Medellín, contra Atlético Nacional. Pero la foto principal, para él y para los hinchas, es la del ex volante en andas, con la Libertadores 2014 en sus manos. La copa esquiva, la cuenta pendiente. El momento de entrar en la historia grande con una gesta histórica. Más adelante llegaría la Supercopa Argentina 2015, con una goleada a Boca, que lo puso a Romagnoli como el máximo ganador en la historia azulgrana, con seis títulos. En el medio, algo muy valorado por los hinchas del Ciclón: Pipi fue parte del equipo que salvó al club del descenso. Estuvo en todas, arriba y abajo.

Lógicamente con un desarrollo informal, el equipo de las viejas glorias ganó 8-7. A las 18.40 el árbitro Carlos Maglio marcó el final del partido. En la cancha, todos corrieron para abrazar a Romagnoli. Jugadores y familiares. Miles de fanáticos de pie. En el círculo central Vicentico cantó "Solo un momento". Pipi se acercó y la emoción lo desbordó. Lloró, quizás, como pocas veces. Una foto, otra foto. Decenas de autógrafos. Una tarde que para Romagnoli será eterna. "Gracias por haber venido y por acompañarme. Tenía muchas ganas de hacer esta despedida con mis compañeros. Esto fue lo mejor que me podía pasar. Y gracias a mi familia que me apoyó en todas mis locuras", cerró la tarde el ex futbolista, antes de dar una vuelta olímpica simbólica rodeado de sus afectos.

Se despidió de su templo, aunque a medias. Fue la última vez de Romagnoli en el césped del Nuevo Gasómetro con botines. Su tarea, ahora, será la misma que viene sosteniendo desde hace un par de meses, en su oficina debajo de una de las plateas. En su cabeza ya está el San Lorenzo modelo 2019.

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