Agustín Canapino, de la Triple Corona a tratar de defender el Nº 1 en el TC

Agustín Canapino en el Top Race
Agustín Canapino en el Top Race Fuente: LA NACION - Crédito: Top Race
Alberto Cantore
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2 de diciembre de 2018  • 23:59

La Triple Corona es un registro que ningún piloto pudo firmar en el automovilismo argentino. En 2018, ese cetro imaginario tampoco tendrá dueño, quedó otra vez vacante. Un mes atrás, Agustín Canapino se ilusionaba con ponerle su rúbrica a ese título. No resultaba un dato antojadizo, porque el arrecifeño marcaba el paso en las tres categorías en la que compite en la Argentina. Las estadísticas lo acompañaban y, más allá que los rendimientos que enseñaba no eran óptimos, se elevaba como el único nombre con aspiraciones para imponerse en esa carrera ficticia, sin trofeos en juego, pero que sabe de gloria eterna. Pero el sueño de completar los tres casilleros se empezó a derrumbar el pasado fin de semana en el autódromo de Alta Gracia, con la consagración de Facundo Ardusso (Renault Fluence), que repitió el éxito de 2017 en el campeonato de Super TC2000. Los puntos del segundo puesto fueron insuficientes frente a la 5a posición del rival de Las Parejas; el resultado fue el último eslabón de una cadena que empezó a deteriorarse en los 200 Kilómetros de Buenos Aires, cuando Canapino ni siquiera alcanzó a girar: el Chevrolet Cruze sufrió un principio de incendio, tras un inconveniente hidráulico, cuando manejaba su compañero de binomio Franco Vivian. El comienzo del derrumbe.

También en la provincia de Córdoba, aunque en el trazado de Río Cuarto, tropezó por segunda oportunidad en la definición del Top Race V6, categoría que dominó en siete de las últimas nueve temporadas. Un desenlace que no escapó de las polémicas, después del toque entre Néstor Girolami (Mercedes Benz), finalmente el vencedor, y Martín Ponte (Mercedes Benz), sin posibilidades en la pelea por el número 1, pero compañero de Canapino (Mercedes Benz) en el Sport Team; la confirmación del clasificador le posibilitó a Franco Girolami (Mitsubishi), hermano menor del Bebu y que terminó en el 3er puesto, ganar su tercera corona en el automovilismo nacional, después de los títulos de Fórmula Renault (2011) y TC2000 (2012).

El arrecifeño marcó la pole y así presionó a los hermanos, que corren para diferentes estructuras, pero quienes se quedaron con la doble celebración. Si los comisarios deportivos sancionaban con una exclusión al Bebu Girolami, después de analizar las imágenes del roce con Ponte –consideraron que el toque se debió a una desaceleración del auto del entrerriano–, el Nº 1 se mantenía en los laterales del auto de Canapino, que finalizó en el segundo lugar de la clasificación del Gran Premio Coronación y del torneo. "El abandono por la rotura del neumático en la carrera de La Plata nos condenó, fue lo que hizo el quiebre y perder el campeonato con Franco y su equipo", le comentó Canapino a Carburando. "Al Bebu no lo pude correr, volvió a aparecer en Río Cuarto con un gran ritmo y ganó bien la carrera", señaló.

La carrera tuvo como ejes salientes la largada, donde Franco Girolami superó a Canapino; el regreso del arrecifeño a la punta de la competencia, tras el repostaje de combustible del nuevo campeón; el golpe de escena para posicionarse al tope del clasificador de Bebu Girolami, luego de ingresar a los boxes, y el asalto final del cordobés de Isla Verde sobre Ricardo Risatti (Fiat Tipo), que lo hizo ascender al tercer puesto, lo que le permitió coronarse.

El próximo fin de semana, en San Nicolás, tendrá la última oportunidad de coronarse en 2018. Sumar su tercera estrella en el TC sería otra historia de alto impacto, como aquella que escribió ocho años atrás, cuando se convirtió en el piloto más joven (20 años) en ser campeón de la categoría o la cátedra que dio el año pasado, cuando en el autódromo Roberto Mouras, de La Plata, le arrebató por 0,25 puntos el título a Ardusso. Otra vez el parejense con la estructura del Renault Sport Torino Team y también Matías Rossi, puntero del certamen y que pretende su primera estrella con Ford, se presentan como rivales mejores posicionados que Canapino, que además tiene en Jonatan Castellano (Dodge), al cuarto pretendiente en el Gran Premio Coronación. En el trazado bonaerense, el TC lo visitará por primera vez, Canapino deberá revertir la imagen desdibujada que dejó en Villicum, San Juan: un auto lento, indócil, lo eyectó de lo más alto del campeonato.

Con las definiciones de los tres campeonatos a tiro, Canapino nunca se dejó envolver por los elogios ni por la presión. Primero, porque desde el comienzo de la temporada observó que en el Turismo Carretera, Chevrolet ofrecía ventajas reglamentarias después de los retoques técnicos que le dieron a Ford y Dodge. "El automovilismo es muy cambiante. Así como ahora estoy adelante en los tres campeonatos, en cualquier momento todo puede cambiar y no tener nada. Ojalá que no se dé", comentaba, con una media sonrisa dibujada. Un pálpito de lo que vendría, una corazonada que se guardan aquellos que compiten siempre al límite, aunque el arrecifeño se animó a hacer pública. Tan cierta y genuina la desconfianza, en el automovilismo se puede achicar el margen de error de conducción pero jamás controlar las desventuras mecánicas. Lo sabe Canapino, que pasó de calibrar la mira en la Triple Corona a tener que esforzarse al límite para defender el Nº 1 en el TC.

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