El día del regreso de Messi, la selección argentina perdió 3-1 con Venezuela y se quedó envuelta en dudas

Rondón celebra su gol, el primero del partido: Venezuela le ganó a la Argentina en Madrid.
Rondón celebra su gol, el primero del partido: Venezuela le ganó a la Argentina en Madrid. Fuente: AFP
Juan I. Irigoyen
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22 de marzo de 2019  • 16:30

MADRID. - Si Lionel Scaloni buscaba una fórmula para convencer a Messi de que esta era su oportunidad para sacarse la mufa con la selección argentina, hizo todo mal. Pero muy mal. Parece una cuestión de hechizos, Argentina, mande quien mande en el banco, no encuentra la manera de arropar a Messi. Parece una cuestión de hechizos, cada vez que la selección visita la cancha del Atlético de Madrid, casa del Cholo Simeone, se lleva un chasco monumental. El año pasado ante fue España (6-1), este viernes contra Venezuela, que le ganó por 3-1 y la dejó envuelta en dudas.

Nunca Venezuela le había hecho tres goles a Argentina. Lo hizo en Madrid, pudieron ser más, sino hubiese sido por las pifias de los delanteros de la Vinotinto y las manos de Armani. No cambia nada. La selección de Scaloni, igual de insípida que la de Sampaoli, parece a merced de lo que pueda inventar Messi. Y un poco Lautaro Martínez, pero solo un poco. Descompuesta por una defensa frágil, regalada en el Wanda Metropolitano.

No tardó ni un suspiro Venezuela en desnudar a la defensa argentina. Primero avisó Darwin Machís, que apareció sólo en el área, después de recibir un pelotazo cruzado. Pifió el delantero de la vinotinto, respiró Armani. Solo por un rato. Un ratito, en realidad. Dos minutos más tarde, Rosales rompió líneas, que le puso una pelota tan precisa como grotesco fue el error de Mercado. No se sorprendió Rondón, como si hubiese estado esperando la aparatosa pifia del central del Sevilla. El Nº23 fusiló a Armani. Imposible para el arquero de River. El reloj marcaba cinco minutos. Tiempo suficiente para enseñarle a los puntas de Venezuela, que la defensa argentina estaba para la humillación.

El gol de Rondón (0-1)

Entonces, ya no había interrogantes. De los tres esquemas de lo que había hablado Scaloni en la previa, en la cancha del Atlético de Madrid había uno solo: tres centrales. Dos carriles; uno útil, Tagliafico; el otro, insulso en ataque, invisible en defensa, Montiel. Desprotegidos los zagueros por Lo Celso y Paredes, un doble cinco pasivo en la marca, lento en la circulación del juego. No había manera de encontrar a Messi. El Nº10, una vez más, vacío de socios, sin noticias del Pity Martínez, esta vez extraviado en Madrid. Y pasó lo de (casi) siempre en la selección argentina de los últimos 10 años. O aparecía el capitán o no había manera de asustar a nadie, ni siquiera a una selección sin pedigrí como Venezuela.

Messi busca entre piernas venezolanas: casi nunca encontró algo.
Messi busca entre piernas venezolanas: casi nunca encontró algo. Fuente: Reuters

El plan de Dudamel era tan simple con eficaz. Prolijo en el fondo, rápido para buscar la velocidad de Machís y Herrera, vivo para encontrar a un tanque moderno como Rondón, inmovible en el cuerpo a cuerpo. La pelota la tenía Argentina, sí; pero el dominio del juego era de Venezuela. Era Messi o Messi para encontrarle los recovecos a la defensa de la Vinotinto. Y eso hizo el Nº10. Se cansó de la parsimonia de los volantes, bajó a buscar la pelota, empezó a gambetear. Y le puso una pelota perfecta a Lautaro Martínez. El exRacing hizo todo bien, el desmarque y el cabezazo, pero el arquero Fariñez estuvo mejor. Sacó una mano increíble, igual de espectacular unos minutos después para mandar al córner un tiro de Messi desde fuera del área.

Eso era Argentina en ataque, mientras en defensa seguía atrapada en sus fantasmas, imposible ser más débil en las bandas, increíble como estaban descoordinados los tres centrales. Armani salvó un mano a mano frente a Marchís, Rondón le erró al arco en un cabezazo, hasta que finalmente Jhon Murillo mandó a la red la pelota, después de sacar un tiro con rosca desde la puerta del área, otra vez sin nada que hacer para Armani. Tuvo una suerte Argentina: el árbitro pitó el final del primer tiempo.

El gol de Murillo (0-2)

Mostró otro de sus sistema Scaloni. Ahora con cuatro defensores, ya con Tagliafico como lateral, y no en esa posición entraña, un poco de carrilero, otro poco de interior. Montiel lo copió en la otra banda. Tres volantes: Blanco, Paredes y Lo Celso. Messi, de enganche; y arriba, Lautaro y Matías Suárez. La línea de cuatro no trajo paz, mucho menos armonía a la defensa de Scaloni. Pero Venezuela se confió y fue a buscar el tercero. Lo aprovechó el Nº10, ¿Quién sino? El capitán administró la contra y Lo Celso asistió a Lautaro para traer esperanza que no juego a la selección argentina.

El gol de Lautaro Martínez (1-2)

En eso se resumió el ataque del equipo de Scaloni, la clarividencia de Messi, los movimientos de Lautaro Martínez, por momentos acertado, en otros impreciso, siempre intenso. El problema, sin embargo, seguía siendo el mismo. Sin la pelota, Argentina era un chiste. Un chiste malo, claro. El árbitro obvió un penal de Paredes a Marchís, regaló uno inexistente invisible de Foyth. Josef Martínez lo cambió por gol. El ridículo ya estaba consumado, mientras Dybala calentaba en la banda cuando Messi no encontraba un socio en la cancha. Nunca entró el jugador de la Juve. Nunca Argentina se encontró con su historia, una vez más avergonzada en el Wanda Metropolitano

El gol de Josef Martínez (1-3)

El minuto a minuto

Luego de este encuentro, Argentina se enfrentará a Marruecos, en Tanger, el martes próximo, a las 16, sin la presencia de Messi, quien tras jugar ante los venezolanos regresará a Barcelona.

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