Clubes y futbolistas: una partida de ajedrez en medio de una crisis que los amenaza

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. Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo
Alejandro Casar González
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1 de mayo de 2020  • 00:01

Agremiados vs. AFA. Si el conflicto desatado por la pandemia del coronavirus se expusiera en un tablero de ajedrez, en Viamonte tienen las fichas blancas y en el gremio, las negras. La asociación movió primero: suspendió los descensos y dio por terminada la temporada. El sindicato replicó: amenazó con no jugar si no hay equipos que puedan perder la categoría. Y sacó a uno de sus caballos: las cartas documento para intimar a los clubes que se atrasan en el pago de sueldos.

Los dirigentes movieron entre ayer y hoy: jugaron los alfiles del Ascenso, dirigentes como Francisco "Pipo" Marín o Maximiliano Levy. También habló Pablo Toviggino, que en el tablero bien podría ser la dama, la ficha más poderosa, siempre al lado del rey: el "Comandante" Chiqui Tapia, un rey que en esta batalla todavía no juega. O elige no jugar.

Claudio Tapia y Sergio Marchi, en otros tiempos, cuando estaban cerca y ambos firmaron la profesionalización del fútbol femenino.
Claudio Tapia y Sergio Marchi, en otros tiempos, cuando estaban cerca y ambos firmaron la profesionalización del fútbol femenino. Crédito: Twitter

"Fuimos unos cuantos, nomás", dicen en la AFA. Están felices con el resultado parcial. Los dirigentes de las categorías de ascenso encontraron el mensaje en sus grupos de Whatsapp y, enseguida, se encolumnaron detrás de la casa madre. Reforzaron la idea de que dar por terminados los torneos ahora y suprimir los descensos fue una buena decisión. Y recalcaron que lo más importante es la salud y no lo deportivo. Traducido: que nadie piense en un ascenso de escritorio.

"No nos van a encontrar en el conflicto y la discusión de una definición deportiva, no es este momento, tampoco vamos a llevar a la quiebra al club para conformar un capricho de la dirigencia de Agremiados, todos nuestros trabajadores tienen los mismos derechos", escribió Marín, un alfil avezado. Tapia, el rey-comandante, retuiteó. El mensaje se expandió.

Los referentes del ascenso hicieron sus propias cuentas. Son los verdaderos trabajadores del fútbol, los que eligen comer y no qué comer. Los que viven al día. Los que tienen contratos que vencen el 30 de junio y corren riesgo real de quedarse en la calle si la pandemia no afloja y la pelota no vuelve a rodar a corto plazo. Unos 2000 convenios de toda la pirámide del fútbol argentino terminan con el mes de junio. El 70% de los contratos de la Primera Nacional, la segunda categoría del país, caduca con el primer semestre del año. En dinero, esos compromisos implican el 91% de toda la masa salarial de la división. Más abajo en la pirámide, más raro es encontrar un contrato a largo plazo.

"Como capitán de Almirante Brown quiero que sepan que voy a pelear junto a mis compañeros como lo hicimos siempre para sobrellevar este mal momento. Nosotros seguimos confiando en el respaldo que siempre nos brindó nuestro club y dirigentes, y esta no va a ser la excepción. Es el momento de que todos apoyemos a nuestro club", escribió en sus redes sociales José Luis García, capitán de Almirante Brown, el campeón del Apertura de la B Metropolitana. El club presidido por Maximiliano Levy, hombre fuerte de la divisional y futuro prosecretario ejecutivo de la AFA. En otras palabras, todo un alfil de Tapia.

"Como capitán de JJ Urquiza quiero comunicar que, junto a mis compañeros, hemos decidido llegar a un acuerdo con nuestra dirigencia. Ante esta grave situación sanitaria que atravesamos, donde nuestra actividad laboral, así como muchas otras, se vio afectada, apelamos a la buena predisposición y compromiso humano con el que se nos trató siempre para dialogar y que todos los que formamos JJ nos veamos perjudicados lo menos posible. Conservando, de esta manera, nuestros empleos", escribió Diego Ianiero, capitán de Justo José de Urquiza, club que tiene a su presidente, Adrián Zaffaroni, en el comité ejecutivo de la AFA. Otro alfil de Tapia, aunque de perfil mucho más bajo que Levy.

El miedo de los jugadores de ascenso es quedarse sin trabajo. Por eso el mensaje es de negociación y no de quiebre. Algunos razonaron que el camino de las cartas documento o del reclamo de deudas propuesto por el sindicato no los llevará a nada. Tampoco la amenaza de no jugar si se mantiene la suspensión de los descensos. Del lado de la patronal (los clubes) no hay nada: todos hacen ingeniería financiera para intentar no despedir empleados. Se transformaron en "administradores de pobreza" y procuran estirar todo lo que se pueda los únicos ingresos asegurados, que provienen de los socios que pueden pagar, los sponsors que no se caen y la TV. Es mucho menos de lo que había. Y, según cree la mayoría, mucho más de lo que habrá en algunas semanas.

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