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SEVILLA (De un enviado especial).- "Vos viste cómo es Walter. Medio perro verde. Nunca sabés muy bien qué piensa o como está. Siempre fue así". Un integrante de la delegación describe a Herrmann con la misma incertidumbre que le genera a cualquiera que no pertenece a su círculo íntimo.
Dentro de la buena relación deportiva lógica que tiene con sus compañeros, es de los pocos de la Generación Dorada a los que cuesta vincular naturalmente con esa piña que forma el grupo más exitoso de la historia del deporte argentino. Es algo más reservado e independiente.
En 2006 anunció su retiro de la selección. Jugó tres temporadas más en la NBA y en 2010, con apenas 31 años, sorprendió a todos decidiendo el retiro de su carrera en plenitud, tras consagrarse campeón con Tau en la Liga de España.
Volvió en 2012 para jugar un torneo menor, amateur, con sus amigos de toda la vida de Unión Deportiva, que ahora se llama Club Ciudad, pero al que conocen como El Chanta. Eso era puro placer. Martes y jueves prácticas, un partido a la semana y lo más importante, el asado de los domingos. Luego dio un paso más. Jugó la última temporada en la Liga con Atenas y eso mostró que su nivel de selección estaba intacto. El regreso, a los 35, coincide con una época de necesidad de la selección. Pero es difícil dejar de pensar en los 8 años en los que el equipo nacional se privó de tenerlo por su decisión. Y su carrera no está terminada: ya firmó contrato para jugar un año más en Flamengo, de Brasil.
"Es una alegría enorme. Hoy siento como si el Mundial de Japón hubiera sido hace un par de años. No lo siento lejano en el calendario. En el caso mío, que estuve tanto tiempo fuera, tener la chance de volver a integrar una selección nacional es formidable."
-¿Cuánto cambiaste desde aquel Mundial a éste?
-Creo que la forma de jugar no ha cambiado tanto. Uno está un poco más pensante, más tranquilo. Ve un poco el juego de una manera diferente. Cuando sos joven lo único en que pensás es en anotar y tratar de destacarte. Hoy, con tanta experiencia, uno sabe que lo más importante es que el equipo gane. Llegar lo más lejos posible y hacer lo que otros jugadores no pueden hacer. Todos tenemos nuestro rol. A veces estás para atacar, a veces para ayudar en defensa, a veces con los rebotes. Jugar para los compañeros. En el juego siento que estoy mucho más tranquilo.
-Aquel 2006 te encontró en un plantel con jugadores de sobra. Hoy están faltando recursos. Se te ve buscando más los rebotes, ayudando bajo el aro. ¿Qué otras cosas te pidió Lamas?
-Básicamente eso. El año pasado en Atenas hice un poco de todo. El tema de ir a los rebotes, de un año para acá, lo he hecho con mucha más frecuencia. Antes era más tirador o penetraba más. Quizá cuando te toca defender a un exterior que no va al rebote, te quedás y no cargás. En este caso, la selección no tiene jugadores grandes y no queda otra que ayudar al equipo. Por mi talla y con las ganas de ir al rebote, al final alguno más agarrás. Pero más que nada, Lamas me pide hacer un balance en el equipo. Nosotros jugamos mucho con Luis [Scola] y luego mucho pick and roll a la bola. Si te ponés a pensar, juego específico para mí, a lo mejor, tengo una jugada de posteo y poco más. El tema es ayudar en lo que se pueda. Ocupar espacios libres, si se puede penetrar se hace y se va al aro o se descarga. Tratar de hacer lo que no está en el libreto.
-Todos hablan de lo bien que estás físicamente.
-En el tiempo en que estuve retirado, más allá de ir al gimnasio y de jugar básquet con mis amigos cada tanto, hay un cierto estilo de vida que hasta retirado se respeta. Con las comidas, con las bebidas. Mucha agua, vegetales. La genética hace mucho, pero incluso los que estamos retirados tenemos una conducta. Más allá de que no estemos jugando, no nos vamos a pasar el día en una reposera o comiendo alfajores todo el día. Casi todos los ex jugadores se mantienen.
-El cuidado físico parece interesarte particularmente.
-Tengo un negocio nutricional. Obviamente estoy muy informado en el tema y trato de hacer las cosas bien, ser lo más estricto posible. Los permitidos siempre existieron. La vida es una sola y hay que vivirla, pero sin excesos se puede llevar una buena vida también.
-¿Qué te dicen tus compañeros de Venado Tuerto por el salto de la liga venadense al Mundial?
-En mi ciudad me ven siempre igual. Esté en la NBA o en mi ciudad, es siempre lo mismo. Cuando se ponen un poquito melancólicos me recuerdan: "Mirá donde estás". Nada más.
-¿Y los rivales?
-Muchos se ríen. Me preguntan por qué volví. "¿Te gastaste toda la plata?", me dijo uno. Otro me dijo: "Todo este tiempo estuviste jugando en alguna liga y no dijiste nada". A todo el mundo lo sorprende. Un jugador retirado puede volver a una Liga, como fue mi caso, pero no a un Mundial. En este caso tuve la posibilidad y no la dejé pasar.
-Cuando volviste a la Liga les preguntamos a tus compañeros que juegan en la NBA si te veían en el equipo para el Mundial y muchos tenían dudas sobre si podías volver a este nivel.
-Es que a mí también me llamó la atención. Incluso en la Liga Nacional. Quería volver y hacer un buen papel. Obviamente con la responsabilidad por la que se me había fichado en Atenas, pero tampoco me imaginé que iba a volver así. Sobre todo porque cuando volví llevaba seis o siete meses sin siquiera ir al gimnasio. Al principio, eso de no hacer nada lo pagué un poquito con lesiones, como un pequeño desgarro en el isquiotibial en la pretemporada. Pero a poco de agarrar ritmo ya no me costó nada. Siempre tenés que tener la fortuna de no tener lesiones. Tengas la edad que tengas, si tenés que hacer recuperación, cuesta más. Algunos dirán "éste está cada día más loco". Para mí esto es una cosa muy rara también.


