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Gonzalo Maroni debutó en Boca hace cuatro años y diez meses. Pero apenas suma 21 encuentros con la camiseta de Boca, entre sus escasas posibilidades como juvenil y las cesiones a Talleres (Córdoba) y Sampdoria (Italia), y algunos malos rendimientos, propios a una regularidad que no logró encontrar. Hasta ahora. Maroni es uno de los nombres por el que apostó Miguel Russo para reconstruir a un equipo perdido, que en el juego casi que dependía en exclusividad de Edwin Cardona. Al colombiano había que complementarlo con algo más. Y el cordobés empezó a devolver la confianza con goles y buen fútbol. Después de tantas idas y venidas en su corta carrera, el superclásico –el primero que disputó– era la posibilidad de pisar firme en el lugar en el que siempre soñó estar.
El desgarro en el recto de la pierna izquierda que padeció Cardona obligó a Russo a planear un esquema novedoso con tres centrales. Y, claro, alguien debía hacer las veces del volante ofensivo, de “conector”. Y ese nombre fue Maroni. Uno de los argumentos era su racha en los últimos dos encuentros: convirtió tres de los cuatro goles que contabiliza en Boca desde que Guillermo Barros Schelotto lo hizo debutar. Marcó el tanto de la victoria ante Claypole (2-1), por la Copa Argentina, y selló un doblete en la goleada histórica a Vélez (7-1).
No estuvo mal en sus participaciones. Partiendo desde la derecha, manejó bien la pelota en el primer tiempo y hasta realizó una genialidad con tres dedos, en la puerta del área rival, para que Fabra asista a Carlos Tevez en el área chica, en una posibilidad muy clara que el capitán falló ante Amani.
Si Boca no pudo obtener los tres puntos en otro superclásico muy entretenido, fue porque perdonó a River una y otra vez. Cuando eso sucede ante un rival tan peligroso, el trámite se termina padeciendo en el resultado. Entre las tantas acciones que el local desperdició, Maroni tuvo una apenas iniciada la segunda mitad: Fabra condujo un contragolpe desde su campo hasta los tres cuartos de cancha, tocó para Tevez y éste dejó al joven que cumplirá 22 años en unos días, con el disparo servido: la lanzó muy por encima del arco en una definición con furia pero imprecisa. Pudo haber sido el 2-0 para Boca.
Maroni no se destacó mucho, pero tuvo buenos aportes. Cuidó bien la pelota, aunque el cansancio le fue quitando piernas y los rivales, los balones. Eso hizo que Miguel Ángel Russo, ante la expulsión infantil de Zambrano, decidiera sacarlo para no quedar tan desprotegido en las líneas defensivas. Marcos Rojo, que hizo su debut con la camiseta azul y oro, lo reemplazó a los 27 minutos del segundo tiempo para volver a formar la línea de tres zagueros.
Si bien no fue una actuación personal excelente, el hombre surgido en Instituto, de Córdoba, se está ganando el lugar con labores correctas. Pudo haber sido una primera experiencia ante River con gloria, teniendo en sus pies el gol en sus pies que bien pudo sentenciar una historia que, finalmente, terminó en igualdad. De todas maneras, aunque es muy difícil reemplazar a un Cardona que deslumbra en cada partido y es la figura actual del equipo de Russo, Maroni se las rebuscó para cumplir con el estilo de Boca: recibir y buscar los espacios con pases para las transiciones inmediatas para atacar veloz.
Siempre se espera más del N° 20. Más ahora, un momento en el que el técnico debe buscar permanentemente opciones para generar más juego. Russo siempre trata de ser un padre para sus dirigidos. Cuando debió serlo con Maroni, no anduvo con vueltas: lo retó por irse a pescar y exponerse en las redes sociales en las horas en las que el club estaba de luto por el fallecimiento de Diego Maradona y el día en el que se realizó el funeral. De todas maneras, aquello quedó atrás rápido, Maroni debió esperar su oportunidad con pequeños minutos y ahora disfruta de la titularidad. El superclásico pudo haber sido un buen trampolín para su actualidad, pero no lo consiguió. Deberá seguir luchando.


