Dayana Sánchez, la boxeadora que quiere el oro: "No teníamos techo, pero nunca nos faltó la comida"

A las 22.10, va por la dorada en los Juegos Panamericanos de Toronto
A las 22.10, va por la dorada en los Juegos Panamericanos de Toronto
Germán Leza
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25 de julio de 2015  • 10:39

TORONTO.- Dayana Sánchez se entrenaba arriba del ring desde hacía siete años. Entonces, un adolescente de 17, uno menos que ella, que recién comenzaba con el boxeo, se subió al cuadrilátero para hacer guantes. "Al principio lo molía a palos. Me abusaba de él porque recién empezaba", rememora con una carcajada. Ese chico después se convirtió en su novio: Alan Luque Castillo. Ahora, el combate sería más desigual, claro: Castillo ya es profesional y obtuvo el título Latino interino del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) esta temporada. Dayana Sánchez tendrá uno de los combates más importantes de su vida hoy, cuando a las 22.10 (hora argentina), se enfrente a la canadiense Caroline Veyre por la medalla dorada en la categoría de hasta 60kg.

Su padre Víctor Hugo, boxeador, ex welter junior, fue quien la introdujo al mundo del boxeo: "Seguía papá a todos lados. Él daba clases en un gimnasio y yo me aburría. Hasta que un día vi a uno ensangrentado en el piso y le pregunté a papá: ?¿Se puede pegar así?'. Y ahí me dije ?me encanta".

Pero el padre no quería que fuera boxeadora y durante unos cuatro meses ella corría y se entrenaba en el gimnasio. Hasta que un día quebró la voluntad paterna: "Me puso el cabezal y le pegué por todos lados", relata Sánchez, pícara. Al otro día, el padre le preparó un desayuno con huevos.

Le tomó 20 años a Dayana habitar una vivienda digna. Junto a su familia deambuló por villas y barrios humildes hasta que finalmente junto a sus hermanas (Leonela, 20 años, también boxeadora; y Tania) y su madre Rosa se mudaron al barrio Juan Pablo II, en la ciudad de Córdoba. "No teníamos techo, pero nunca nos faltaron la comida ni el pan. Pienso dónde estoy y no me creo el cuento. Estoy en Canadá, en un Juego Panamericano ", dice la pugilista, mientras mira el cielo. En la zona internacional de la Villa Panamericana, Sánchez se muestra relajada y confiada del combate que tendrá esta noche.

Hasta los 18 años, fue entrenada por su padre pero después decidió separarse de él. "Las cosas ya estaban mal. Le dije ?te agradezco infinitamente, gracias por enseñarme todo, y por ser mi compañero, porque fuimos de la mano siempre', relata Sánchez, y ya no puede seguir porque se le humedecen los ojos y se le anuda la garganta. A partir de entonces, ella y su hermana Leonela son entrenadas por Virgilio Arauz.

-¿Alguna vez te discriminaron en el ambiente por ser mujer y boxeadora?

- El otro día me preguntaron eso. Nunca lo sufrí. Por ahí me dicen "parecés una machita" por cómo peleo. ¡Peor que fuese una mamita!, les respondo.

-¿Te gustaría ser profesional?

- Primero me gustaría llegar a un Juego Olímpico. Tengo más ganas de lo amateur que de lo profesional. Me dio cosas muy positivas. Entre las profesionales hay chicas que me dicen que se arrepienten de haberse pasado. Son muy pocos los profesionales que quieren ser campeones mundiales por ser campeones y no por el dinero.

-¿Tu novio te da consejos?

-Sí, es insoportable. Me gusta entrenar, lo hago cinco horas por día, pero fuera del boxeo prefiero hablar de otra cosa.

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