En el comienzo de la Copa América, Brasil le ganó a sus miedos y goleó a Bolivia

Copa America Fase de grupos
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Bolivia

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Federico Cornali
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14 de junio de 2019  • 21:20

Entre dos selecciones absolutamente dispares desde lo técnico, las alternativas eran apenas un par. O Brasil convertía en los primeros minutos y la goleada, que muchos preveían, empezaba a consumarse, o los minutos que Bolivia aguantase el cero en su arco irían creando un fantasma, compuesto de dos órganos vitales: el reloj y el silencio inquieto de un Morumbí con 67.000 espectadores que habían recibido la invitación para una fiesta y era eso lo que querían tener.

Parecía que la primera de las opciones sería válida, al ver cómo los bolivianos no conseguían salir del área custodiada por Carlos Lampe. Dos tiros libres, una presión asfixiante en la salida y el ritmo incontenible de David Neres, Philippe Coutinho y Richarlison, parecían suficiente para terminar con la paridad del marcador rápidamente. A pura intensidad, el Brasil de Tite entusiasmaba a sus hinchas, que comenzaban a creer en un festival de goles.

Sin embargo, la insinuación nunca le dio paso a la acción, y a pesar de tener la pelota, Brasil no llegaba a lastimar. La selección de Villegas, con todas sus limitaciones a cuestas, conseguía alejar el peligro y, más allá de un par de situaciones que tuvieron Richarlison, con un remate, y Firmino, con un cabezazo, los visitantes empezaban a alejarse cada vez más de su área, intentando aguantar el balón lo más lejos posible, apostando a la jerarquía de Marcelo Moreno, su principal carta de ataque.

En el primer tiempo, Brasil no lograba vulnerar a los bolivianos y el público silbaba
En el primer tiempo, Brasil no lograba vulnerar a los bolivianos y el público silbaba Fuente: Reuters

Con media hora de juego, la paridad empezó a preocupar a todos en el Morumbí, y la frialdad del estadio contagió a los jugadores de la canarinha, esta vez de blanco, que tenían un 70% de posesión de pelota, pero un porcentaje mucho menor de ideas.

Al vestuario se fueron los jugadores, mientras en los pasillos del Morumbí los hinchas protestaban por lo bajo. No era lo que esperaban, no era ese el espectáculo que imaginaban por parte de su multiestelar conjunto después de un día largo, en el cual debieron superar una huelga nacional, que dificultó la llegada de todos los torcedores.

El segundo tiempo comenzó igual, con un Brasil asfixiante en campo boliviano -mejor dicho, casi dentro del área de Lampe-. Sin embargo, esta vez no hubo tiempo para fantasmas. El penal sancionado por el árbitro argentino Néstor Pitana, tras haber consultado por segunda vez en el partido el VAR (en la primera, amonestó a Javier Saucedo) tras una mano de Adrián Jusino, abrió otro panorama. Con precisión, Philippe Coutinho abrió el marcador y, con esa tranquilidad, el segundo tiempo comenzaba a diseñarse un poco más parecido a lo esperado.

El 1-0, de Coutinho, de penal

No demoró ni tres minutos el equipo de Tite para conseguir el segundo gol, ese que desató la fiesta en el Morumbí. Richarlison encontró a Firmino con un excelente pase en profundidad, y el jugador del Liverpool fue preciso para ponerle un pase en la cabeza a Coutinho, quien solo tuvo que empujar la pelota al fondo de la red de Lampe.

La selección boliviana, tal vez el peor equipo del certamen, aguantó hasta donde pudo -inclusive, más de lo esperado- al combinado local, gran candidato a quedarse con un título que serviría de remedio para paliar los dolores en todo el cuerpo que sufrió la pentacampeona del mundo en el último lustro, con el 7-1 ante Alemania, en 2014, las sendas eliminaciones precoces de la Copa América, en 2015 y 2016, y el último gran golpe, tal vez el menos doloroso, en Rusia 2018, en los cuartos de final y frente a Bélgica.

El 2-0, de Coutinho

Con el 2-0, Brasil sacó un poco el pie del acelerador. No por ello le cedió el balón a Bolivia, que de hecho nunca habría sabido qué hacer con él. Parecía un entrenamiento, una de esas prácticas de ataque contra defensa que montan los técnicos durante la semana. Con la ventaja, Tite sacó del campo a su jugador más decisivo, Philippe Coutinho, para darle una nueva oportunidad a Gabriel Jesús, que nunca llegó a ganar confianza con el combinado nacional. Era una nueva chance para el jugador del Manchester City, en un partido apto para los lucimientos personales.

Y hablando de brillar ante la fragilidad del rival, quien pareció sentirse muy cómodo en cancha fue Richarlison, que a pura potencia, y con toques sutiles, desarmaba a la defensa del equipo de Villegas, que contaba los minutos para no llevarse una goleada en contra en el debut.

Los minutos fueron pasando, el partido ya no era tal hace rato. Antes del final, para levantar a los hinchas del asiento, y ya no dejarlos sentar más, Everton, el delantero de Gremio, martilló desde afuera del área para sentenciar el marcador. Fue 3-0, sin discusión. El adversario de Brasil nunca fue Bolivia, sino sus propios miedos. Primera prueba superada.

Everton puso el 3-0

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