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MOSCU.- Pierluigi Collina ingresa a la sala de conferencias de prensa del Estadio Luzhniki con aire despreocupado. Camina como una celebridad, sin que eso lo afecte. Sobre la tarima, detrás de las micrófonos, vestido con un conjunto deportivo negro, se sienta alguien que consiguió dos cosas imposibles de lograr: ser árbitro de fútbol y ser querido por la gente. Muchos árbitros son populares, pero no todos son queridos. Collina mezcla ese agua con ese aceite. Retirado del arbitraje en 2005, es un personaje a la altura de los jugadores y los técnicos. Hizo comerciales de televisión, fue dos veces portada de videojuegos (PES 3 y PES 4) y ahora, con un tono doctoral, habla del VAR como si todas las tesis de la ciencia avalaran cada una de sus palabras.
Massimo Busacca, en cambio, parece un predicador que asegura que el mundo podría acabarse mañana si en Rusia 2018 no se llegara a usara el VAR. Es capaz de admitir errores, pedir perdón por ellos y se siente confiado como para asegurar que en el futuro, incluso en este mismo Mundial, se cometan otros porque "equivocarse es de humanos". Busacca y Collina, con diferentes estilos, deben convencer a un audiencia de más de 200 periodistas acreditados que el VAR llega para cambiar la historia del fútbol.

