Con buenos indicios, Matthysse espera a Pacquiao

Osvaldo Príncipi
Osvaldo Príncipi PARA LA NACION
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5 de julio de 2018  • 21:51

El chubutense Lucas Matthysse , campeón welter (AMB), llegó distendido ayer a Kuala Lumpur. A su manera, en bermudas, camiseta sin mangas y una mochila sencilla como equipaje principal. Le importó muy poco averiguar sobre la ideología de los malayos, los trastornos del plasmodio o cuántos compatriotas de su rival, el filipino Manny Pacquiao , viven allí, para fomentar la presión adversa que tendrá que sobrellevar. Detalles de lo que implica la descripción de: "Un Matthysse auténtico".

A los 35 años, solo le interesó reforzar su frase célebre, con la que encendió –permanentemente– el entusiasmo por esta pelea, a realizarse en la medianoche del sábado 14 del actual (mediodía del domingo 15 en Malasia): "Un buen golpe puede terminar con la carrera de Manny".

Su fortaleza y el impacto del K.O. constituyen, aún, los atributos que mejor alimentan el carisma que Matthysse mostró a lo largo de su campaña. Y ello lo salvó del desastre, en su último combate, cuando con solo un cross a la cabeza terminó con el tailandés Tewa Kiram, el 27 de enero pasado, para conseguir el bicampeonato.

Boxeará en ocho días ante 15.000 almas asiáticas que estarán en su contra, deseando que lo derrote su ídolo. Pero reforzó tres factores fundamentales para pisar confiado el cuadrilátero:

1º) Aseguró el depósito de parte de su bolsa millonaria – secreta y bien resguardada– antes de arribar a la sede del match.

2º) Logró que se nominen a las mejores autoridades que la Asociación Mundial de Boxeo cuenta en estos momentos: el puertorriqueño Luis Pabón será el referee y como jurados actuarán su compatriota Nelson Vasquez, el monegasco Jean Laine, y el sudafricano Stanley Christodoulou, célebre para el boxeo nacional por sus participaciones en los combates del gran Víctor Galíndez ante Richie Kates y de Jorge "Locomotora" Castro frente John David Jackson. Ambos marcados por la sangre, el drama y el éxito.

3º) Toda la plana mayor de le empresa que representa al boxeador argentino, Golden Boy, del norteamericano Oscar de la Hoya, paulatinamente llegará en estos días a Kuala Lumpur y estará a su lado, respaldándolo. Esto implica resguardo político, empresarial y boxístico. Además, el entrenamiento que llevó a cabo en Indio, California, bajo la tutela de Joel Díaz, fue considerado impecable.

Pacquiao, con 39 años y 6 títulos mundiales oficiales (AMB-CMB-FIB-AMB) ganados en pesos diferentes, intenta convencer a todos de que aún puede permanecer en este oficio, pese haber perdido en una actuación paupérrima ante el australiano Jeff Horn, un púgil de segunda selección, en su última pelea, en Sidney.

El filipino tiene varios contratiempos por resolver: el hecho de ser el promotor de un cotejo costoso, con entradas caras en un país sin riqueza (desde 5.300 a 130 dólares), la irresolución de litigios con su ex entrenador Freddie Roach, quien lo dirigió durante más de una década y su ruptura comercial con su promotor, Bob Arum, vital en su carrera, que –ahora– sólo distribuirá la señal de TV en Estados Unidos.

En tanto, la preparación del múltiple excampeón, a cargo de Buboy Fernandez, viejo amigo y director técnico de sus inicios en Filipinas, no convenció a los expertos, pero en cambio sí a los asesores de las casas apuestas, que lo colocan como favorito 2 a 1 sobre el púgil argentino. La suma de estas adversidades aventura un bloqueo anímico en Pacquiao, aunque tiene la suficiente capacidad para resolverlo. Pero es una carga adicional que no pasará inadvertida.

Comienza la cuenta regresiva para una pelea que pretende entrar en la historia. Su prólogo comienza a consumir las primeras páginas.

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