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Mientras el presidente Mauricio Macri admitía desde Alemania que le dolía la renuncia de Gerardo Martino "porque es un buen profesional y una persona seria a la que respeto mucho", los empleados del predio de la AFA coincidían en que habían perdido a "un tipo sin reposición". Ya no estaba con ellos y una inmediata nostalgia los invadía. A casi 300 kilómetros de Ezeiza, Martino recorría su primer día lejos de la selección. Tranquilo, el paso de las horas lo afirmaron en la convicción de su determinación. La calidez del hogar sobre la avenida Jorge Cura, en el sur rosarino, fue uno de los escenarios del día. Pero no el único. No tenía por qué estar encerrado. No había nada que esconder.
Con alguna guardia periodística aún frente a su domicilio, por la mañana lo visitó Jorge Pautasso, su ayudante de campo. Después, al mediodía, la rutina inalterable de encontrarse con amigos en el céntrico bar Pan y Manteca, en Italia y Córdoba, nutrió su agenda afectiva. Poco se escarbó sobre la actualidad, un código invisible para arroparlo, aunque a la vista del humor de Martino no fuese necesario. Una postura que se mantuvo por la noche -ya se conocía que el equipo olímpico se había integrado con la repentina colaboración de los clubes locales-, cuando Martino tampoco faltó al asado en la peña, una tradicional salida de los miércoles por la noche.
Pese al silencio de sus ex dirigidos, incluidas las mudas redes sociales, durante el día hubo varios llamados cruzados de Martino con algunos futbolistas. Que no se manifestaran en público no alteró ni incomodó al entrenador. Seguro de su determinación y tranquilo por cómo actuó entre cuatro paredes, Martino no se hace reproches por el manejo de la relación con el grupo. Al menos él, no guarda cuestionamientos.
También recogió durante la jornada variadas muestras de adhesión de gente del ambiente futbolístico, del país y del exterior. Mientras, comenzó a crecer el rumor sobre un futuro desembarco en la selección de Paraguay, sin entrenador desde la salida de Ramón Díaz en la Copa América Centenario. Tata tuvo un exitoso paso por suelo guaraní, en Cerro Porteño y en Libertad, pero especialmente en el equipo nacional, entre finales de 2006 y julio de 2011. Un lugar donde fue feliz. "Difícilmente encontremos una situación de trabajo de tanta calidad humana y de tanto cariño como hemos disfrutado aquí", distinguió el entrenador en su despedida de Asunción. Rodearse de afecto, en definitiva de eso se trató el día después de Martino.



