El dilema del campeón del Masters: hasta cuándo usar el derecho a jugarlo

Angel Cabrera tuvo una mala actuación en los dos últimos Masters de Augusta
Angel Cabrera tuvo una mala actuación en los dos últimos Masters de Augusta Fuente: AFP
Gustavo S. González
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13 de abril de 2019  • 23:06

¿Cuándo es el momento en que un campeón debe decirle adiós al Masters ? La regla es que el que se pone el saco verde puede jugar el major más codiciado por toda su vida. Es una de las excenciones (exemptions, en inglés), que abren la puerta de Augusta National. La más ilustre, la que da más chapa. Y la que no necesita de sumas de puntos, ubicaciones en los torneos del PGA Tour y el European Tour, títulos olímpicos o continentales. Nada. Uno es campeón por siempre en esa cancha y puede competir cada año si el físico y la salud lo permiten.

Y una vez que entra al estacionamiento exclusivo para campeones, en la camioneta que pone a disposición la organización para los campeones, entra en el vestuario de campeones, usa el armario con la chapita con su nombre, el de un campeón, y come en la Cena de los Campeones el martes previo al inicio del torneo, se siente que ocupa un lugar en el reino del golf, en el templo adorado por todos los que empuñan un palo un fin de semana o viven del deporte.

El Masters es el que da mayores beneficios a los ganadores entre los cuatro majors. Desde el saco de los sueños, la réplica del trofeo y la medalla de oro, recompensas inmediatas al último golpe en el 18 el domingo, hasta 100 puntos en el ranking -como ningún otro-, pasando por los cinco años de invitación a los otros tres grandes (el British Open, el US Open y el PGA Championship) y de tarjeta asegurada en el tour, más el ingreso al Tournament of Champions de enero en Hawai y otros campeonatos sin cortes, los dos millones de dólares de premio al primero (este orden es aleatorio) y llegan hasta el derecho a elegir el menú en la comida del martes o el título de socio honorario de Augusta, que otorga prioridades para las prácticas en lo sucesivo, por caso.

Para Ángel Cabrera, los dos últimos años fueron un sufrimiento en el campo, al margen de los placeres fuera de él, y este año también, con una primera vuelta de 82 (+10) y la segunda de 75 (+13 en total). Nunca había jugado con tan fuerte viento, confesó en 2017 tras no pasar el corte, y el año pasado su segunda vuelta fue de 83, la peor de su vida. "En ciertos momentos de sus carreras, superados largamente los 40 años, muchos jugadores muestran nervios que antes no tenían y terminan sucumbiendo con inseguridades. Es un momento instantáneo de duda que les arruina el golpe justo antes del contacto del palo con la pelota", le decía el instructor Charlie Epps a LA NACION en 2018, en referencia a la actuación del Pato.

No hay un principio rígido en cuanto a las edades. Hay personas y jugadores. Phil Mickelson tiene 48 años, uno menos que Cabrera, y está 14º en el Masters, competitivo; ha ganado un torneo este año, con una preparación acorde a un régimen de actividad que lo igual con los que tienen 10 o 15 años menos. Bernhard Langer, a sus 61 y N° del ranking en el Champions Tour, el circuito de veteranos, está 17º hoy, jugando Augusta por la exención de sus tres títulos, pero demostrando que también su caso cabría en las exenciones de los animadores del PGA Tour.

Ben Crenshaw, campeón en 1984 y 1995, decidió en 2015, a los 63 años, que no lo jugaría más. "Cada año se vuelve más y más difícil bajar 80", afirmó. "Me golpeé la cabeza contra la pared, pero entendí y sentí que ya no pertenecía allí. Hice lo correcto", le contó a golfdigest.com.

En Augusta estudian la posibilidad de poner un límite de 65 años y después de que Doug Ford, campeón en 1957, jugara en 2001 su 49° Masters, a los 78 años (fueron solo 9 hoyos y había superado su último corte en 1971, a los 48), algunos veteranos comenzaron a recibir cartas en las que les recordaban que estaba el Champions Tour, que podrían se guir concurriendo a la cena y jugar las prácticas que quisieran. Arnold Palmer ganó cuatro Masters y jugó hasta 2004, tenía 74. Había anunciado que el de 2002 sería su último Masters. Siguió dos años más. Jack Nicklaus actuó por última vez en 2005, a sus 65, aunque su idea fue hacerlo dos años antes.

Para honrar el privilegio de jugar el Masters incondicionalmente, Ángel Cabrera no debería dejarse estar, ni confiar en su gran golf de otros tiempos, ni en su feeling con Augusta, ni en la clase que le permitió ganar, además, el US Open. No fueron triunfos casuales, como no lo fue su segundo puesto en Augusta en 2013, tras dos hoyos de desempate ante el australiano Adam Scott. El Pato merece estar, se lo ganó. Tiene un año para prepararse. El Masters también merece ser jugado para llegar primero, pensarlo al menos. Y comer lo que uno quiere en la cena del año siguiente.

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