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MONTEVIDEO.– "Mi función es no influir en el resultado, pero a veces cometemos errores", dijo Andrés Cunha, en mayo pasado, cuando fue el centro de críticas despiadadas por dos penales no cobrados en favor de Peñarol. "Pasé momentos duros y mi familia sufre mucho", enunció un mes después, sin imaginar que fuera mucho más cruel lo que le tocaría vivir en la Copa América Centenario, a la que veía como su oportunidad para lucirse fronteras afuera.
Cunha adquirió notoriedad internacional por avalar, anteanoche, el gol peruano ante Brasil, pero antes de hacer las maletas para viajar a los Estados Unidos, Peñarol reclamó, por carta pública a la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), que suspendiera "inmediatamente" su nombramiento "en toda competencia internacional".
Un año atrás era elegido por la prensa como el mejor árbitro del fútbol uruguayo, pero dos penales no cobrados en favor de Peñarol fueron el motivo de la bronca aurinegra, tras una derrota 4 a 1. "Ladrón", fue lo más suave que le dijeron, y Cunha y toda la gremial de árbitros uruguaya sufrieron amenazas. En la sede de la AUF, algunos hinchas pintaron: "Si siguen robando van a morir todos".
Considerado el mejor de su generación, en 2015 sufrió también críticas de Nacional, por no expulsar a Diego Forlán en un clásico. Con los penales recibió críticas en más de una ocasión, pero su nombramiento estaba fundamentado en sus virtudes.
Quiso ser jugador y se probó como volante en Rampla y Progreso; pensó en ser periodista deportivo, pero terminó de árbitro. Comenzó el curso en 2002 y debutó en primera en 2011.
A poco de viajar a EE.UU. asumió su error por los penales no sancionados y dirigió un mensaje a la hinchada de Peñarol: "Mi honorabilidad nunca estuvo en duda y eso es lo que me ayuda a seguir adelante; los errores siempre van a estar, pero es un tema del fútbol, porque nadie se equivoca a propósito". Otro error, ahora continental, lo ha puesto de nuevo en el ojo de la tormenta.




