Esquí en Tierra del Fuego: historias que se cruzan sobre la nieve en el canal de Beagle

Ezequiel Brahim
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23 de agosto de 2019  • 08:00

Hay un deporte más antiguo que el fútbol, el tenis y el básquetbol. De hecho, tiene 5.000 años de historia; ha decidido batallas, fue el medio de locomoción de países enteros durante siglos y tiene en la Argentina uno de los mejores escenarios del hemisferio sur. ¿Conocés el esquí de fondo?

Consiste en desplazarse sobre la nieve con esquíes, impulsado por las piernas y bastones. A diferencia de su hijo más famoso, el esquí alpino, en el que se avanza gracias a la gravedad a través de una pendiente, en el esquí de fondo la propulsión es el físico del esquiador. Los mayores consumos de oxígeno (la cantidad de combustible que "quema" una actividad física) de todos los deportes se logran en el esquí de fondo. Es decir, transforma al cuerpo en una máquina de propulsión.

El domingo pasado se realizó en Ushuaia la 33ª versión de la carrera más antigua del país, la Marchablanca. Es un recorrido de 25 kilómetros por un valle de ensueño, Tierra Mayor, donde un manto de nieve virgen que reposa al pie de la cordillera de los Andes recibió a cientos de esquiadores bajo un cielo celeste y un clima benigno, en el sur de Sudamérica. "Me gustan mucho las bajadas y hacer los distintos estilos", asegura Santiago Torres Montivero. "Esquío desde los 2 años", se enorgullece. Con su metro diez de altura y sus 7 años, Santiago fue el participante más joven del evento, y completó la distancia participativa de 7 km en poco más de una hora. "Hice un kilómetro por año", saca la cuenta Santi. "Para mí lo más importante es divertirme".

Los Torres Montivero son una familia de esquiadores muy particular, pero el evento es más grande aún porque se disputa al mismo tiempo la Ushuaia Loppet, que consiste en una distancia de 50 km y es una fecha (la única en Sudamérica) de las 16 del circuito internacional WorldLoppet. Hace ya 9 años que desembarcó en la ciudad más austral del país. A través de cuatro continentes congrega a los apasionados del esquí de fondo (que en algunos países nórdicos es el deporte nacional) a recorrer el mundo y sus mejores paisajes invernales con un desafío: el que participe de diez etapas diferentes logra el título de Master WorldLoppet, que incluye diploma, medallas y aplausos. Y este año Argentina tuvo su primer Master.

"La etapa del WorldLoppet que se larga en casa no la corro por participar de la Marchablanca", cuenta Marcelo Echazú (58), el flamante Master. Ocurre que si bien Echazú ha girado por el mundo tras las distintas WorldLoppet, sus orígenes en el esquí de fondo están ligados al nacimiento de la Marchablanca. Participó de las marchas que fueron precursoras y, junto a otros apasionados, hace ya 33 años organizó la primera edición. Desde aquella hasta hoy, largó todas. En eso también es el único, no solo argentino sino terrícola, en participar en las 33 ediciones. "El nombre lo copiamos de la Marchalonga italiana", reconoce Echazú, un recorrido de 57 km a los pies de las Dolomitas en la región de Trentino que reúne más de 5.000 pares de esquíes. Más allá de ser parte de la historia, Marcelo mira hacia el futuro: "Me gustaría correr 50 Marchablanca, es un buen número". Con esa proyección tendría 75 años, pero ni así sería el mayor de este evento, porque llegó el momento de contar la leyenda del alemán huraño.

Hans-Dieter Rebstock viajó 14.000 km para participar de la UshuaiaLoppet. Quienes lo vieron lo describieron como retraído, casi huraño. En la cena de camaradería de la noche previa se sentó solo y alejado. No habló con nadie y se fue a dormir temprano. El domingo a las 10.45, sus casi 80 años estaban listos para enfrentar los 50 kilómetros a través del valle de Tierra Mayor. Pero a poco de largar, con 44 km por delante, se le partió uno de sus dos bastones. Nada de volver a buscar otro: continuó asimétrico y tozudo. "Fuimos juntos una parte del recorrido, iba con un bastón", afirma María Giro, dos veces atleta olímpica. "Es alto, grande, canoso, pero después en la llegada no lo vi más". Dicen que fue uno de los primeros en irse al terminar la carrera. Nadie volvió a hablar con Hans-Dieter. Con 79 años, el participante más grande completó los 50 km y se marchó, dejando tras de sí la leyenda del alemán huraño.

Más de siete décadas menor, Santiago Torres Montivero comparte su vocación en una familia de esquiadores de fondo. Su hermano Joaquín, de 10 años, también completó los 7 km. Ambos llegaron con Juan Pablo (40), su papá, profesor de la escuela municipal y provincial Ushuaia a Fondo, que aportó 22 chicos al evento emblemático de la ciudad. Completa la familia mamá Andrea: "Pero yo vengo solo de hinchada". Lo curioso es que si bien los cuatro han vivido siempre en Ushuaia, todos nacieron en Córdoba. "Es que allá están los abuelos de los nenes, y siempre vamos cuando están por nacer", cuenta Juan Pablo. "Conmigo hicieron lo mismo". Santiago y Hans-Dieter demuestran que para el esquí de fondo no hay edad.

Pero a veces este sueño no es de familia sino que se gesta espontáneamente. "Ninguno de mis papás esquían", reconoce Matías Zuloaga (21), pero también afirma que en el 13º empezó "a soñar con un Juego Olímpico, esquiando". Y no solo soñó, también se entrenó. Mucho. A los 18 alcanzó otro deseo: "Cuando era pibe veía la Marchablanca y pensaba, guau, lo que será ganarla". Y eso hizo, a los 18, a los 19 y a los 20. Y de paso se clasificó a un Juego Olímpico, Pyeonchang 2018. Sueño doble cumplido.

"Pero este año pensé: quiero ganar la UshuaiaLoppet", afirma Matías, aunque luego duda. "Bueno, en realidad intentar ganarla". Intentó y ganó. La edición 2019 coronó a Zuloaga en caballeros y a la estadounidense Claire Waichler, en damas entre corredores de 16 países. "La verdad es que antes de largar estaba preocupado", se sincera Matías. "Fue una seguidilla de seis carreras en dos semanas, pero vengo sumando puntos para clasificarme a la Copa Mundo y no la quiero dejar pasar". El objetivo de la Copa Mundo está muy cerca de realizarse, por lo que Zuloaga ya mira de reojo un poco más lejos: Beijing 2022, los Juegos Olímpicos de Invierno. Y ahí sí la meta es muy ambiciosa. Los argentinos en Juegos de invierno siempre se clasificaron con marca B, de menor nivel deportivo, que da un cupo por nación para ampliar la participación mundial. "Yo quiero ser el primero en ir con marca A", desafía Matías. Sería histórico ir a competir con los mejores, estando entre los mejores.

La Marchablanca tiene un ganador que arrasa, el de mayor cantidad de triunfos. Ocho veces Luis Arjel conquistó la tradicional carrera, y si a eso le sumamos sus participaciones olímpicas en Calgary 1988 y Albertville 1992, sus múltiples títulos argentinos y que con 60 años finalizó sexto este domingo en la Marchablanca, se entenderá por qué Arjel es una institución en Ushuaia. "Sigo entrenándome para dar un buen ejemplo a los chicos", cuenta Luis, y por lo visto el ejemplo lo da de cerca, porque el que entró quinto, delante de él, tiene 18 años.

Más adelante aun, el mejor argentino en la versión 2019 y segundo en la general, detrás del brasileño Manex Silva, fue Martín Bianchi, exalumno de Arjel y que en parte siguió sus pasos. Bianchi ganó tres veces la Marchablanca. "Luis me llevó a mis primeras competencias en Europa, guio toda mi carrera", reconoce Martín, y se ve que lo guio bien. Bianchi llegó a los Juegos Olímpicos en Turín 2006. La pregunta es por qué 13 años más tarde sigue dando pelea. "Después de que nacieran mis tres hijos, de cambiar pañales y dormir mal de noche, eché panza y no me gustaba que me vieran gordo, así que volví a entrenarme para que vieran a papá alguna vez ganar la Marchablanca, para darles un ejemplo en el deporte", explica quien alguna vez recibió un premio por haber asistido un rival accidentado y, por ello, perder una competencia. En el podio, Martín no solo recibió la copa que corona al mejor argentino, sino también el abrazo de Isabella, su nena de 8 años.

La ganadora en damas fue Catalina Frungieri, alumna de atletismo de Bianchi, por lo que la cadena de aprendizaje no se corta y muestra que la relación entre correr y esquiar de fondo es muy estrecha.

Entre los valles que surgen cuando la cordillera de los Andes se pierde en el canal de Beagle, unidos por un deporte que entusiasma a Santiago con 7 años y a Hans-Dieter con 79, más de cuatrocientos fanáticos del esquí de fondo dejaron sus historias,y sus huellas, sobre la nieve del fin del mundo.

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