A Di María no le daba el físico, pero sí le alcanzó la clase para alargar la paternidad de Central ante Newell’s
Fideo jugó condicionado por un dolor muscular, pero igual definió de gran manera en el primer gol del 2-0
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El fragor y trajín del clásico podían ser demasiado para un Ángel Di María que no estaba físicamente al 100 por ciento, pero aun así de su empeine izquierdo puede salir una definición con algo del slice de un tenista que valió una victoria, nada menos. Un Fideo a media máquina sigue sonando como un Bentley en los desarrollos luchados y crispados del fútbol argentino.
Un instante de calidad y lucidez ahorran 90 minutos de planteamientos tácticos y forcejeos. El remate cortado del capitán de Rosario Central fue una daga para un Newell’s que estaba plantando cara y se le vino el mundo abajo, como en tantos clásicos desde hace varios años.
El clásico se dividió en un antes y después del gol de Fideo. Puso la bisagra entre lo que era un cotejo parejo, con un Newell’s aplicado y pujante, y 40 minutos restantes en los que cambió el registro psicológico: el equipo de Jorge Almirón se sintió ganador, y lo ratificó con el 2-0 de Enzo Copetti, y a su rival se le vino toda la historia encima, esa que cruelmente le recuerda que perdió los últimos seis clásicos y que no lo gana en el Parque de la Independencia desde 2008.

Como un druida, Di María hizo el gol a los seis minutos del segundo tiempo y supo que la historia estaba encarrilada, que había hecho su aporte -el más decisivo- y era el momento de no seguir arriesgando para no exponerse a una lesión seria. Le dejó su lugar a un Campaz que encontró el escenario ideal para sus arranques explosivos.
En la hora que estuvo en la cancha, Di María se la pasó durante buen parte controlando los esfuerzos y haciendo movimientos de elongación en más de una oportunidad. Nada de encarar y gambetear, tampoco de esprintar. Ni siquiera se dedicaba a una de sus especialidades: ejecutar córners o tiros libres. Apenas algunos detalles técnicos, una entrada en la que picó débilmente la pelota ante el arquero Barlasina y poco más. ¿Central estaba jugando con un menos? Ya tendría la oportunidad de mostrarse otra vez como la individualidad diferencial.
"EL DOLOR ESTABA MUY FUERTE...SABÍA QUE ALGUNA ME IBA A QUEDAR. GRACIAS A DIOS SE DIO DE ESA MANERA" El Fideo Di María reveló que jugó el Clásico con molestias.pic.twitter.com/AZ9OqDSaO9
— ESPN Argentina (@ESPNArgentina) March 1, 2026
“Vengo con una molestia en el aductor. El doctor me dijo que no estaba roto, pero el dolor igual era muy fuerte. Quería jugar igual, como fuera. Si no era un clásico, no jugaba. Me quedan uno dos o clásicos más, quizá fui un poco egoísta porque no estaba al 100 por ciento. Lo fui llevando como pude. Dejé que de la pelota parada se encargaran otros, yo sabía que una me iba a quedar, estaba convencido. La única manera de patear era de aire por la molestia en el aductor", explicó Di María.
En el semestre pasado, Di María puso la firma para el 1-0 con un golazo de tiro libre que hizo delirar al Gigante de Arroyito. Este domingo, agrandó su dimensión al cambiarle el humor a los hinchas de Newell’s, que del aliento y la ilusión pasaron a los cánticos amenazantes.
Lo más destacado de Newell’s 0 - Rosario Central 2
Jorge Almirón explicó el estado en el que jugó el N° 11: “Ya contra Gimnasia no había completado el partido. Ayer le volvió a molestar (un aductor) cuando tiró un córner en la práctica. Creo que cualquier otro futbolista hoy no hubiese jugado. Durante el partido le fuimos preguntando como estaba, él nos decía que ‘bien’, pero yo no lo veía como siempre. Pero igual fue súper productivo e hizo un golazo".
La figura fue Franco Ibarra, el volante central que nunca pierde el orden y se equivoca poco con la pelota. La clase de jugador que ayuda a definir la identidad futbolística de un equipo. Ibarra también se refirió a Di María: “Sí, nos dijo que tenía el aductor cargado. Imagínense lo que hubiera sido si estaba bien”.
En una carrera repleta de éxitos y casi sin deudas pendientes, Di María se dio otro gusto personal: en la que era su única visita al estadio Marcelo Bielsa había salido con una derrota por 1-0. Eso fue en 2007, cuando fue titular junto a quien ahora es su presidente, Gonzalo Belloso. Diecinueve años después, se regaló una alegría de veterano.
Newell’s empezó 2026 con la ilusión de dar un carpetazo a todos los pesares que venía arrastrando. Nuevo presidente (Ignacio Boero), Roberto Sensini de director deportivo y la llegada de la dupla técnica que había sido campeón con Platense. En dos meses sigue en el bucle negativo. “Es muy difícil no caerse anímicamente cuando venís de una racha tan negativa. Hoy estamos en el fondo del mar, así, literal. Hay que tener las agallas y valentía para sacar esto adelante”, reconoció Frank Kudelka.
El ciclo de Orsi-Gómez se agotó tan abruptamente como fuerte fue la voluntad de Newell’s de intentar empezar a reconstruirse en el clásico. En la emergencia, se hizo cargo Kudelka, que ya conocía al club de un paso anterior y tiene experiencia de sobra en capear temporales en el fútbol argentino.

El cambio de entrenador derivó en cinco cambios respecto del encuentro anterior -dirigido interinamente por Lucas Bernardi- y en la premisa de solidificar una defensa que venía flaqueando, con el dato de haber recibido goles en todos los cotejos. Tampoco eso se pudo corregir. Más el imponderable de reemplazar a Gabriel Arias, debido a una fractura de peroné. En Newell’s ni siquiera había funcionado la apuesta de traer a un arquero con espalda y manos con trayectoria para la reconstrucción.
En el primer tiempo generó las situaciones de gol más claras, con un remate de Walter Núñez en un poste y una definición del Colorado Ramírez que llegó a bloquear un defensor de Central. Newell’s le cedía la iniciativa a un rival irresoluto con la pelota y salía rápido apenas la recuperaba. Era un planteo que lo mantenía vivo, con posibilidades.
Con un equipo de menor nivel en la comparación individual, competía de igual a igual. Había una paridad que pasó a ser ficticia cuando Di María dejó de engañar con su imagen de jugador doliente para que el destello del crack resolviera.
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