Análisis táctico: Ariel Holan puso de pie a Independiente, más allá de los nombres y los esquemas

Christian Leblebidjian
Ariel Holan, entrenador de Independiente
Ariel Holan, entrenador de Independiente Fuente: LA NACION
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11 de diciembre de 2017  • 23:59

Un equipo siempre juega con dos tablas, con dos proyecciones. En la primera, aparece su posición con respecto a los adversarios. La competencia con el resto. En la segunda, suma con relación a la evolución propia: en este caso, ¿cómo estaba Independiente antes de Ariel Holan ? ¿Cómo está ahora? Que el equipo haya llegado a una final continental genera valoración, claro, pero sobre todo es necesario evaluar el camino recorrido, cómo fue que Independiente tiene otra vez la posibilidad de ser campeón.

Independiente no es el Barcelona de Guardiola, pero sí tiene muchos méritos su conductor en el armado interno, en la competencia de Independiente contra Independiente. De ayer a hoy, Holan tomó decisiones de peso (desde decidir prescindir de determinados futbolistas como Ortiz, Cuesta, Denis), pasando por incorporar a experimentados como Erviti, Amorebieta o Gigliotti y hasta darles oportunidades a chicos del club no como algo pasajero, sino como apuestas de respaldo literal, como pasó con Bustos, Franco, Benítez y Barco .

El último equipo que dirigió Gabriel Milito como DT de Independiente fue en la derrota ante Banfield del 17 de diciembre de 2016. Bajo el sistema 4-2-3-1 formó con Campaña; Toledo, Figal, Cuesta y Tagliafico; Ortiz y Diego Rodríguez; Bustos, Meza y Sánchez Miño; Vera.

No son tan distintos Milito y Holan desde los inicios con posesión, aunque después Holan sí intenta ser mucho más vertical, darle explosión y aceleración para aprovechar las características individuales de los ofensivos.

El que jugó la primera final de la Sudamericana casi un año después ante Flamengo lo hizo con el mismo esquema táctico (4-2-3-1), pero con varias modificaciones: Campaña; Bustos, Franco, Silva y Tagliafico (aunque después los enrocó); Diego Rodríguez y Sánchez Miño; Benítez, Meza y Barco; Gigliotti.

No son tan distintos Milito y Holan desde los inicios con posesión, aunque después Holan sí intenta ser mucho más vertical, darle explosión y aceleración para (con menos tenencia y más transiciones veloces) aprovechar las características individuales de los ofensivos. Por eso cuando juega incluso con otros nombres, es común ver que Independiente convierta goles de contraataque, como sucedió en el último partido con Arsenal, en Sarandí. Para agregar otro dato en esa dirección: de los 12 tantos que anotó el Rojo en la Superliga, 8 fueron de contraataque.

Independiente no sale a defenderse, sino que (aunque puede vulnerar a sus adversarios con pases filtrados en espacios reducidos), se siente más cómodo cuando juega con varios metros para avanzar, logra aprovechar con entendimiento la reacción ante la recuperación de la pelota.

Otra virtud que muestra Holan es que no le tiene miedo al “qué dirán” y se anima a hacer modificaciones durante los partidos o enroque de piezas en función de los indicadores que le está mostrando el desarrollo. Pasó con Silva y Tagliafico, también con Jonás Gutiérrez y Bustos en la cancha de Chacarita.

Los contextos juegan. Y como cada mensaje le termina dando resultados, eso le suma credibilidad en un plantel que lo sigue detrás de sus decisiones y estrategias. Por eso cuando el Burrito Martínez tiene que retroceder para jugar más como “8” que como “7”, lo hace. Por eso si Erviti debe entender que es el primer cambio por el bien del equipo, lo entiende. Y así fue como, en la rotación para equilibrar energías, todos tuvieron posibilidades, hasta Albil, el tercer arquero.

Holan, con su estilo de conducción y de juego armado en función de las características de los jugadores, logró encolumnar a todo Independiente detrás de un objetivo potenciando individualidades que luego terminaron armando un equipo. Porque primero llegó el juego, y luego el acceso a una final.

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