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Por Jorge Aldea, DPA
Ante la baja de Karim Benzema, Francia vuelca sus esperanzas ofensivas en el delantero del Atlético de Madrid Antoine Griezmann, puro talento bleu mejorado por la garra charrúa que absorbió de los uruguayos que marcaron su carrera futbolística... y también del mate.
Un día Griezmann llegó a su casa deseando contarles a sus padres lo que le acababa de suceder. Venía de jugar un partido de prueba con el Montpellier y al finalizar un ojeador, Eric Olhats, le dio una tarjeta para que se la llevara a sus progenitores, en la cual hizo saber su interés en que su hijo fuera a pasar una prueba a Zubieta, la cantera de Real Sociedad. Era el año 2004 y Griezmann estaba por cumplir 14 años.
Sólo 12 años después de aquel primer paso en su carrera, el delantero del Atlético ya vive a la final de la Champions. Y también aparece como como la principal apuesta ofensiva del anfitrión Francia para la Eurocopa 2016 ante la ausencia de Benzema, apartado por el escándalo con su compañero Mathieu Valbuena.
En este ascenso meteórico hacia la élite, para Griezmann resultó clave que su destino se cruzara con el de varios uruguayos. Esto no sólo lo llevó a empaparse de las costumbres charrúas, sino que además marcó su estilo futbolístico.
Su futuro cambió el día que el entrenador uruguayo Martín Lasarte lo llamó para completar el plantel del primer equipo de la Real Sociedad en la pretemporada de 2009. El DT no esconde que fue el azar lo que le hizo elegirlo: necesitaba un reemplazo del extremo izquierdo y el del filial estaba lesionado, por lo que llamó al sustituto de éste, que era el francés y del que sólo conocía el nombre.
Sin embargo, Lasarte sintió algo al verlo en su primer amistoso. "Impresionó su capacidad para tomar decisiones. Me pareció muy serio, concentrado y técnicamente talentoso", cuenta el ex entrenador realista, quien no tardó en solicitar a la dirección deportiva del club vasco que se quedara en el plantel principal como refuerzo.
Hubo dudas. Veían aquella apuesta, por un jugador que ni siquiera había logrado ser titular en el filial, como una temeridad ante las necesidades de Real Sociedad, que apuntaba al ascenso a primera división. Pero Lasarte insistió para que confiasen en su instinto, que ya unos años antes le había dado la razón en una situación similar que le ocurrió en el Nacional uruguayo. Entonces confió en un joven llamado... Luis Suárez.
"No lo puedo explicar, porque no se pueden medir estas cosas. Pero nunca tuve dudas con lo que nos podía dar", recuerda Lasarte sobre Griezmann. "La sensación que tuve con él fue muy parecida a la de Suárez. Los dos tienen algo similar en ese sentido y es tener muy clara la cuestión del apetito deportivo: saben hacia dónde van, que es a donde querían. Luis quería llegar a jugar con Barcelona y Antoine triunfar con la selección francesa", relata Lasarte, que puede presumir de haber hecho debutar a dos de los mejores delanteros del presente gracias a su olfato.
El joven Griezmann no tardó en convertirse en el "niño mimado" del vestuario de la Real Sociedad, al que todos cuidaban y también corregían cuando veían que se desviaba del camino. Lasarte recuerda que en aquella época era una esponja que absorbía fútbol a todas horas: incluso, se lo llevó a su casa para mostrarle partidos del fútbol uruguayo y que descubriera cómo se puede ganar en canchas inimaginables para la Europa moderna o sufriendo dificultades económicas. Y no fue el único: lo mismo hacían otros compañeros, como el chileno Claudio Bravo o el también charrúa Carlos Bueno.
De este último se llevó conceptos futbolísticos como el cabezazo. Cada vez que Griezmann anota de un testarazo, Lasarte ve calcados los movimientos de anticipación de Bueno, que como el francés es un gran cabeceador sin estar sobrado de porte físico.
De Bueno y de Pablo Balbi, preparador físico de aquella Real Sociedad, también aprendió la costumbre de tomar mate, la tradicional infusión rioplatense. Y le gustó tanto que fue la esposa del DT la que aprovechó unas vacaciones para comprarle sus propios implementos para degustarlo. Diego Godín, uruguayo y jefe de la defensa del Atlético, confesó recientemente que Griezmann toma más mate que él. Ya resulta habitual ver al delantero con el termo y el mate bajo el brazo en las expediciones del club y también en las de la selección.
Los uruguayos de Real Sociedad se encargaron de ponerlo en contacto con los charrúas del Atlético en cuanto se consumó su traspaso. Allí le esperaba el Faraón Godín para cobijarlo bajo su ala, así como Cristian Cebolla Rodríguez y, más tarde, José María Giménez.
Lasarte cree que esa conexión con los uruguayos terminó por moldear su estilo de juego. A la clase y la técnica que porta en su ADN francés ha incorporado la picardía, el sacrificio y el espíritu combativo y ganador de los jugadores uruguayos.
Aquel sueño internacional que tenía Griezmann es hoy una realidad. Lasarte no dudó de él al verlo por primera vez, y menos ahora, rumbo a la Eurocopa. Claro que antes tendrá nada menos que la finalísima de la Champions League, frente al Real Madrid de Cristiano Ronaldo.
"Está llegando a la parte más estrecha de la pirámide, la más angosta, donde todo es más difícil", reflexiona Lasarte, antes de lanzar su apuesta: "Pero Griezmann siempre ha dado un paso más".
tb
